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Un seísmo mata a 617 personas en una región pobre y remota de China

La altitud y las tormentas de arena y de nieve en la zona dificultan las tareas de rescate

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De nuevo un terremoto se ha abatido sobre una tierra de miseria: la remota provincia china de Qinghai, fronteriza con Tíbet, donde al menos 617 personas han perecido por un seísmo de 6,9 en la escala de Richter. Otras 10.000 resultaron heridas. El argumento de este terremoto es de sobra conocido: casuchas miserables construidas con troncos y adobe, que sepultan a sus moradores cuando la tierra se sacude.

Algunos pueblos de la zona de Yushu, donde se situó el epicentro del seísmo según el Centro de Sismología chino, se vieron reducidos a escombros: el 90% de sus edificios se han derrumbado. La mayoría de los 350.000 habitantes de este distrito son tibetanos. La capital de la región, Jiegu, no ha corrido mejor suerte y ha quedado absolutamente devastada.

El sismólogo Gu Guohua, en declaraciones a medios chinos, advirtió de que 'las consecuencias del terremoto no deben ser minimizadas': muchas personas pueden estar sepultadas.Karsum Nyima, un empleado de la televisión local, relató cómo 'una pagoda budista se derrumbó', y sólo halló un adjetivo para describir el temblor: 'Terrible'.

'Todo el mundo está en las calles, frente a sus casas. La gente está buscando a sus familiares', explicó a la CCTV, la televisión pública china. Otros testigos han descrito escenas de pánico. Decenas de niños quedaron atrapados en sus escuelas. Al terremoto le han sucedido más de 25 réplicas en la misma zona, algunas de ellas alcanzando los 6,3 grados en la escala de Richter.

La provincia de Qinghai es una de las regiones más pobres de China

La provincia de Qinghai, más grande que España y con 5,3 millones de habitantes, es una de las regiones más pobres de China y se encuentra a unos 2.500 kilómetros de distancia de Pekín y de las provincias costeras más desarrolladas. La falta de recursos e infraestructuras, unido a las dificultades geográficas y a las malas comunicaciones con el resto del país, están dificultando las labores de rescate.

La mayor parte de la provincia se encuentra a más de 3.000 metros de altitud conuna temperatura de ocho grados bajo cero. Las malas condiciones meteorológicas, con tormentas de arena, lluvias e incluso nieve, están haciendo todavía más difícil rescatar a las víctimas que siguen bajo los escombros.

 

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Los primeros equipos de rescate en llegar a la zona fueron soldados del Ejército chino acuartelados en Tíbet, mientras que las provincias fronterizas de Shaanxi y Gansu ya están preparadas para mandar refuerzos. Equipos de médicos y especialistas se encuentran de camino al epicentro del terremoto, sorteando las numerosas dificultades debidas al mal estado de las carreteras. Por el momento se ha rescatado a 940 personas.

El Gobierno está preparando el envío de tiendas de campaña, mantas y ropas de abrigo, aunque anoche el aeropuerto de Batang, a 30 kilómetros del epicentro del seísmo, todavía no estaba operativo. El grueso de la ayuda tendrá que llegar por aire, porque la carretera que une el aeropuerto con la región está bloqueada debido a los derrumbes. El reto en los próximos días será restablecer las comunicaciones y llevar la ayuda hasta las poblaciones devastadas.

Este desastre es el colofón de un invierno terrible en China. Las nevadas en el norte y las tormentas de arena y la sequía en el suroeste han hecho pensar a muchos chinos que tanta desgracia es efecto del calentamiento global y de la contaminación.