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Syriza pierde en casi toda Grecia

La segunda vuelta de los comicios autonómicos y municipales confirma la derrota del partido de Tsipras en doce de las trece regiones griegas y en las principales ciudades. La centroderecha de Nueva Democracia acumula ventaja de cara a las elecciones nacionales, adelantadas para el 7 de julio, mientras la abstención llega a niveles récord.

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El primer ministro griego, Alexis Tsipras, en el colegio electoran en la segunda vuelta de las elecciones locales. REUTERS/Costas Baltas

Por si quedaba alguna duda, este domingo la segunda vuelta de las elecciones autonómicas y municipales en Grecia la ha despejado: el cambio político del país es rotundo. Doce de las trece regiones que componen el mapa heleno estarán bajo el mando de Nueva Democracia (ND), la formación conservadora que encabeza la oposición al actual partido del Gobierno, Syriza. La comunidad autónoma de Ática, la más poblada de Grecia y que alberga su capital, ha protagonizado una de las mayores derrotas de Syriza, donde Giorgos Patoulis, de ND, superó en casi 32 puntos a la actual gobernadora, Rena Dourou, fiel aliada del primer ministro, Alexis Tsipras.

También en las principales ciudades arrasaron los conservadores, con diferencias de casi el doble de puntos en Atenas, donde el representante de ND Costas Bakoyannis obtuvo el 65 % del voto contra el centro izquierda de Syriza, Nasos Iliopoulos, con el 34 %; y en Salónica, municipio en el cual el independiente (pero miembro de ND) Constantinos Zervas ganó con el 66% al candidato oficial de ND, Nikos Tahiaos. Tanto Atenas como Salónica eran históricamente feudos de la centro derecha que, durante los peores años de la crisis, sin embargo, giraron y eligieron alcaldes de centro izquierda. Entonces la rabia era contra los dos grandes partidos tradicionales, ND y los socialistas de Pasok, por considerarlos responsables de la terrible situación económica del país, pero ahora el disgusto se dirige hacia la formación de Tsipras, tras cuatro años de gobierno que muchos califican de ineficientes y continuistas con las políticas de austeridad impuestas por la Unión Europea y el FMI.

El duro revés para Syriza se visibilizó hace una semana, en las elecciones europeas y primera vuelta de municipales y regionales del 26 de mayo, cuando la formación que llegó al poder en 2015 prometiendo soberanía y fin de los recortes, quedó 9 puntos detrás del grupo de centroderecha liderado por Kyriakos Mitsotakis. Nueva democracia capitalizó el descontento generalizado ante una crisis que se extiende por más de diez años, ya que la tasa de desempleo- si bien ha bajado con respecto al 27% que llegó a alcanzar en 2013- sigue siendo del 18 %, la calidad del trabajo es cada vez más precaria y los altos impuestos asfixian a las clases trabajadoras.
“En la vida como en la política es importante saber ganar y perder”, fue lo primero que declaró Alexis Tsipras el domingo por la noche, al conocerse los resultados.

Acompañado de sus dos candidatos vencidos en las urnas, Iliopoulos para alcalde de Atenas y Dourou para gobernadora de Ática, el primer ministro hizo una comparecencia de tres minutos en plaza Syntagma, emplazando a la ciudadanía a movilizarse para “la batalla de todas las batallas”, las elecciones generales del próximo 7 de julio. Previstos para octubre, los comicios nacionales fueron adelantados el domingo pasado, tras la primera derrota de Syriza en las urnas y la exigencia unánime de la oposición.

“Este resultado es consecuencia de que Syriza no respondiera al dilema fundamental con el que ganó las elecciones de 2015: memorándum- antimemorándum”, explica Nikos Panagiotou, profesor de Periodismo y Comunicación de masas de la Universidad Aristóteles de Salónica. “En 2019 ya no existe aquel dilema pero la fisonomía del partido ha cambiado, sin determinarse aún si pertenece a la izquierda o al centro, por lo cual ha perdido votantes tanto por la izquierda, que se han marchado a partidos más pequeños, como por el centro, yéndose a ND”.

Según el profesor de Salónica, en estos comicios se planteó una gran contradicción: por un lado, la mayoría de la gente le dio la espalda a los partidos antimemorándum- en referencia, por ejemplo, al fundado por el ex ministro de Economía Yannis Varoufakis, que no consiguió ni un solo eurodiputado- y, por otro, en el caso del partido de Gobierno, los votantes lo juzgaron por sus promesas incumplidas entorno, precisamente, a la ruptura con el programa de rescate.
“Los diez meses que llevamos desde el final del memorándum no fueron suficientes para construir una nueva narrativa del buen desarrollo del país ”, sostiene Panagiotou.

Otro factor determinante del desplome de Syriza en las urnas es su alejamiento de las bases, tal como lo plantea la periodista política y miembro del Consejo regional de Ática, Corina Vasilopoulou. “Machacaron a las clases populares, se enamoraron del poder y perdieron el contacto con la calle, al tiempo que cualquiera que se los advertía se convertía en enemigo”, relata Vasilopoulou, quien, además, fue miembro activo del partido antes de 2015. También la periodista destaca la importancia del acuerdo por el nombre de Macedonia del norte: “En mi opinión, el tratado de Prespa es una de las cosas positivas que deja este gobierno pero creo que no lo ha manejado bien porque se ha precipitado y se lo ha impuesto a un pueblo que requería una educación previa, dado que lleva mucho tiempo envuelto en leyendas nacionales”.

A menos de un mes de otra cita con las urnas, las reflexiones sobre estos cuatro difíciles años de gestión de Syriza y las preguntas sobre el futuro del país en manos de su completa antítesis se multiplican. “Las predicciones no son fáciles, ya que lo que caracteriza la situación actual es un alto grado de incertidumbre, como se puede ver en las disputas internas del Pasok, el hundimiento de Amanecer Dorado [que en los comicios europeos pasó de ser tercera a quinta fuerza], la decisión del partido Potami de no ir a las elecciones, etc.”, afirma el profesor Panagiotou. “Pero lo cierto es que el bipartidismo vuelve. ND tiene una fuerte ventaja en las próximas elecciones, a la vez que se espera que Syriza también aumente su porcentaje de votos, por lo que la diferencia entre ambos es muy posible que sea mínima”, puntualiza.

Corina Vasilopoulou coincide en que la polarización aumentará de cara a las generales, sobre todo, debido a la gente que en estos comicios no fue a votar y que quizás en las próximas sí que vean la urgencia de hacerlo. “La gente de izquierda perdió toda esperanza después de la capitulación de Syriza ante la Troika por lo que ya piensa que las elecciones no sirven para nada”, asegura la periodista. Sin duda, la abstención, ha sido uno de los datos más relevantes de las votaciones, tanto europeas como municipales y autonómicas, puesto que ha alcanzado un nivel récord con el 56.14% en la primera ronda y el 58,69% en la segunda.

En Atenas, donde se dio el nivel mayor de abstención, el alcalde elegido, Costas Bakoyannis, es miembro de una dinastía política de derechas que comenzó con su abuelo, el ex primer ministro Constantin Mitsotakis (1990-1993) y siguió con su madre, Dora Bakoyannis, la primera mujer elegida alcaldesa de Atenas en 2003. Además de hijo y nieto de altos cargos, Bakoyannis es sobrino de Kyriakos Mitsotakis, el actual líder de ND y principal rival de Alexis Tsipras para las elecciones de dentro cinco semanas. En opinión de la periodista Vasilopoulou, “a la gente ya no le importa si los políticos vienen o no de una dinastía, o si volvemos a una derecha dura como la de Nueva Democracia. Después de la capitulación de Syriza ante la banca internacional y la UE, la sensación general es de resignación y ya la mayoría pasa de todo”.