Trump quiere que rusos y ucranianos negocien en EEUU y alcancen la paz en junio
La pugna territorial entre Ucrania y Rusia complica las prisas de Trump para firmar la paz antes de los comicios de noviembre en EEUU, con un pacto billonario con Moscú de fondo.

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Después de dedicar un par de meses a provocar a los europeos por Groenlandia, derrocar a Nicolás Maduro en Venezuela, amenazar a mexicanos, cubanos y colombianos, y poner a Oriente Medio al borde de una guerra a gran escala en Irán, ahora el presidente Donald Trump mete prisa para resolver la crisis de Ucrania. Quiere que se negocie la paz en los propios Estados Unidos y se firme un alto el fuego en junio. Su objetivo es acudir a las elecciones parciales de noviembre en este país con al menos un éxito destacado, geopolítico y puede que económico, que maquille el caos internacional desatado en su primer año de mandato.
Lo ha contado el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, citando a fuentes de la propia Casa Blanca tras la nueva ronda de negociaciones celebrada esta semana en Abu Dabi entre rusos, ucranianos y estadounidenses. "Han dicho que quieren hacerlo todo en junio. Y harán todo para asegurar que la guerra termine", en palabras de Zelenski a la agencia ucraniana Ukrinform.
El miércoles y jueves pasados se celebró en Abu Dabi la segunda ronda de reuniones tripartidas entre enviados de Ucrania, Rusia y EEUU. Seguía este encuentro a los celebrados el 23 y 24 de enero en esa misma ciudad árabe. La idea, revelada por Zelenski y apuntada también por medios estadounidenses cercanos a la Casa Blanca, es que la próxima ronda pueda ser en Miami dentro de una semana. Y queda mucho por hacer. En la última reunión solo se alcanzó un acuerdo para intercambiar prisioneros de guerra.
Zelenski reconoció que en el encuentro de esta semana no hubo consenso alguno sobre el tema más espinoso entre los dos contendientes: los territorios ocupados por Rusia y su eventual cesión a Moscú. Tampoco acercaron sus posiciones ni sobre la creación de una zona desmilitarizada que separe a ambos lados del frente el área rusa de la ucraniana, ni sobre la central nuclear de Zaporiyia, controlada actualmente por Rusia y que, en caso de armisticio, sería indispensable para el abastecimiento energético de Ucrania. EEUU propone hacerse cargo de la central y dividir la energía entre rusos y ucranianos. A ninguno de estos le parece decente esa propuesta, que solo pone de manifiesto la avidez de Trump y su visión de la guerra como un negocio.
Las elecciones de EEUU como fecha de no retorno
"Los estadounidenses están proponiendo que las partes pongan fin a la guerra este verano. Y probablemente metan presión a las partes de acuerdo con su agenda. ¿Por qué este verano? Entendemos que sus asuntos internos en Estados Unidos tienen un impacto y serán incluso más relevantes para ellos", admitió este sábado Zelenski con cierta desafección ante lo que se le viene encima a Ucrania si Trump ningunea a Kiev para cumplir ese calendario.
El líder ucraniano subrayó lo "importantes" que para EEUU son las elecciones de medio mandato del próximo 3 de noviembre, cuando se renovarán los 435 asientos de la Cámara de Representantes y 33 de los cien escaños del Senado. Trump teme que sus adversarios demócratas se alcen con el control del Congreso, como apuntan las encuestas. "Tenemos que ganar las [elecciones] de mitad de mandato porque si no ganamos... Encontrarán una excusa para destituirme", dijo en enero pasado Trump.
Ahora, en febrero, las cosas están si cabe peor, tanto en las encuestas, con un apoyo a Trump del 41% del electorado y bajando, como en la voluntad del presidente estadounidense para imponerse en estos comicios a cualquier precio, incluso pisoteando el buen hacer democrático. Por eso le es tan necesario un éxito sonado, geopolítico y económico, a corto plazo que evada los fracasos de su política exterior.
Trump necesita un golpe de timón con Rusia
Una guerra en Irán se tomaría su tiempo, muchos meses o años, para cambiar las cosas en Oriente Medio y permitir a EEUU dominar el trasiego de crudo y gas. Y el riesgo de una hecatombe regional es muy alto. La "paz" en Gaza ha resultado una patraña destinada a beneficiar a sus amigos israelíes y continuar la masacre de palestinos pese al alto el fuego que viola una y otra vez el ejército hebreo. En cuanto a la obsesión de Trump por Groenlandia, se ha desinflado y EEUU ha vuelto a la casilla de salida ante una Europa que finalmente mostró ciertos redaños y amenazó con represalias económicas inasumibles por EEUU.
Por eso queda el tema de Ucrania, quizá el más espinoso de todos, pues el máximo contrincante es el presidente ruso, Vladímir Putin, que no se va a sentar a negociar un armisticio hasta que Moscú haya asegurado su dominio sobre todos los territorios que ha conquistado en estos cuatro años de invasión y guerra.
Y no se trata solo de un alto el fuego en Ucrania. Este teatro geopolítico es solo una de las pantallas de un nuevo sistema de seguridad entre las superpotencias, que incluye el ámbito nuclear, también en negociación entre bambalinas. Pero lo más importante es que Trump cree que se presenta una oportunidad sin igual para impulsar las relaciones económicas entre Moscú y Washington, de momento sin trascender demasiado sus detalles.
El Paquete Dmitriev
Todo parece apuntar en esta dirección. Zelenski reveló, citando a los servicios de inteligencia ucranianos, un plan semisecreto entre rusos y estadounidenses para pactar acuerdos económicos bilaterales por un monto de al menos doce billones de dólares (unos 10,15 billones de euros), es decir cuatro veces el PIB ruso, todo ello recogido en un documento titulado Paquete Dmitriev, en referencia al negociador ruso y enviado del Kremlin Kiril Dmitriev.
Parece que se cumplen los vaticinios del primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, quien recientemente auguró que, tras el fin de la guerra de Ucrania, los países que hoy vetan a Rusia, competirían por volver a hacer negocios con Moscú. No obstante, ya en diciembre Trump había enviado un documento a sus socios europeos en los que subrayaba que una de las líneas de la estrategia exterior de EEUU era "la reintegración de Rusia en la economía global".
La posibilidad de un pacto de cooperación económica a gran escala entre EEUU y Rusia no sería a cambio de nada. Trump tiene la vista puesta en los recursos energéticos rusos y la cooperación en el Ártico y el comercio a través de esas aguas septentrionales. Y estaría dispuesto a muchas concesiones, especialmente si quienes han de garantizarlas son los ucranianos y no los estadounidenses. El temor de Zelenski es que los trapicheos entre la Casa Blanca y el Kremlin hayan sentenciado ya la suerte de los territorios ocupados por Rusia desde el comienzo de la invasión de Ucrania, el 24 de febrero de 2022, que quedarían en poder de Moscú a cambio de esa alianza económica.
Putin siempre ha reclamado, como parte de una negociación de paz, que se asegure para Rusia el Donbás, que en el nordeste de Ucrania incluye las regiones de Lugansk y Donetsk, en su mayor parte conquistadas ya por el ejército ruso. Queda un 20% de Donetsk aún controlado por Kiev, territorio que también exige el Kremlin, al igual que las otras zonas conquistadas por Rusia en las regiones sureñas de Zaporiyia y Jersón, con el reconocimiento añadido de la titularidad rusa de la península de Crimea, anexionada en 2014.
Zelenski advirtió que "Ucrania reaccionará en caso de que se materialice ese riesgo". Y resaltó que "si hay un acuerdo bilateral entre Rusia y EEUU, los puntos que atañen a Ucrania no pueden contradecir la Constitución de Ucrania, las leyes de Ucrania y no deben discutirse sin Ucrania".
Aunque Trump ha aumentado la presión arancelaria sobre los países que adquieren el petróleo ruso, tales sanciones no han dañado sustancialmente la economía de guerra rusa y forman parte de las añagazas de la estrategia de seguridad nacional estadounidense. Según esta doctrina, Moscú aparece como un potencial socio económico frente a China y los propios aliados europeos de Washington, y con Kiev como un actor secundario.
Zelenski propone un referendo y comicios en mayo
Mientras, obcecado en su propia hoja de ruta, Zelenski insiste en reclamar para la paz unas condiciones en las que nadie cree ya, dada la complicada situación bélica de su país. Al tiempo, descarga en la población ucraniana la responsabilidad de elegir si se ceden o no a Rusia los territorios invadidos. Para ello propone la celebración de un referéndum e incluso las elecciones generales pendientes desde 2024. Esta jugada permitiría la ansiada entrada de tropas europeas en Ucrania para garantizar esas consultas.
Kiev ha dado la fecha de mayo próximo para celebrar estos comicios y el referéndum, a fin de facilitar los planes de paz de Trump para junio. Sin embargo, la organización de esas votaciones requeriría mucho más tiempo, al menos medio año, además de cambios en la legislación ucraniana (que prohíbe esas consultas en tiempos de guerra), y mucho, muchísimo dinero, que pagaría, claro, la UE. Pero sobre todo, exigiría la aquiescencia de Moscú para detener los combates. El Kremlin ya ha dicho que no caerá en esa trampa que permitiría a Europa despachar tropas a Ucrania aprovechando esa tregua.
Además, quedaría por ver si los ucranianos aprueban la entrega a Moscú de todo o parte de ese 20% de territorio de Ucrania que controla el ejército ruso. Pero con esto ya cuenta Zelenski, cuyo interés en las consultas es poder abrir las puertas a las fuerzas de interposición europeas.
Como última carta sobre la mesa, el presidente ucraniano vuelve a insistir en que la única forma de garantizar la seguridad de Ucrania es el adelantamiento de su entrada en la Unión Europea, incluso al año próximo. La UE no es la OTAN, pero la mayoría de sus miembros están en la Alianza Atlántica y teóricamente se alinearían de lado ucraniano en caso de reanudarse la guerra.
Pero Bruselas no está por la labor de acelerar el acceso de Ucrania a la UE. En estos momentos hay una guerra, sin planes concretos de reconstrucción. Solo un país plagado de casos de corrupción relacionados con la contienda, con muchas armas entregadas por sus aliados en estos cuatro años en paradero desconocido y con el potencial de convertir a Ucrania en el gran mercado negro de armamento de la próxima década.
La guerra complica cualquier tipo de compromiso
La guerra en sí tampoco se lo pone fácil a Zelenski para defender un alto el fuego que permita movilizar a las fuerzas europeas "de paz" en Ucrania, Y Rusia ya ha advertido de que cualquier soldado de países de la OTAN que pise Ucrania se convertirá en blanco de sus bombas.
La situación actual del conflicto, con un avance ruso pausado, pero inexorable, malogra el discurso grandilocuente de Ucrania, que no hace sino resistir, muy lejos de aquellos días en los que, al principio de la guerra, era capaz de recuperar amplios territorios tomados por Rusia o incluso movilizar tropas dentro de la propia Federación Rusa, como ocurrió en 2024 en la región meridional de Kursk.
Tampoco esta situación favorece a la urgencia de Trump para alcanzar la paz antes de noviembre y menos aún junio, uno de los meses más favorables para la iniciativa bélica. En estos momentos, además, continúa el desmantelamiento a bombazos del sistema energético ucraniano por el ejército ruso. Según Zelenski, Rusia lanzó esta semana 2.000 drones, 1.200 bombas guiadas y 116 misiles, especialmente contra esos objetivos.
Ello explica también el nerviosismo de Zelenski y sobre todo de Trump. Si no cambian las cosas, quizá Ucrania no aguante un quinto año de guerra y no se hablará más de negociación de una paz, sino de capitulación.



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