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La UE mira a otro lado tras la tragedia de Calabria, un nuevo fracaso de su política migratoria

Diez años después de la tragedia en Lampedusa, la muerte reciente de más de 60 migrantes frente a las costas italianas evidencia las consecuencias de una fallida política migratoria europea que deja miles de muertos en el Mediterráneo. 

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Una vista de los restos del naufragio en el sur de Italia que ha dejado decenas de migrantes muertos después de que el bote en el que viajaban se estrellara contra las rocas. — Remo Casilli / Reuters

bruselas, Actualizado:

Al menos 64 personas han fallecido este fin de semana en las costas italianas de Calabria después de que su embarcación naufragase. Ha sido la peor tragedia en el Mediterráneo Central desde la tragedia de la isla de Lampedusa en 2013, cuando el mar se tragó a más de 366 personas. Por aquel entonces, los líderes europeos entonaron el "nunca más". Pero una década después, el discurso y las políticas europeas de migración y de asilo no solo no han mejorado, sino que se han endurecido hacia una Europa a la que le brotan los muros y las barreras.

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La pequeña localidad transalpina de Crotone amanecía el pasado domingo por la mañana con una estampa desgarradora. Los cuerpos sin vida de más de decenas personas, muchas de ellas menores, se agolpaban en la arena. La mayoría huían de Irán, Afganistán y Pakistán. Habían partido cinco días antes de la ciudad turca de Izmir en una lancha de madera, abarrotada con unas 200 personas. La noche del pasado sábado, un avión patrullado por la Guardia de Control y Fronteras Europea (Frontex) habría visto la embarcación, pero nadie acudió a su rescate debido a las malas condiciones meteorológicas. Pocas horas después, el desenlace fue el peor posible.

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"Me encantaría estar orgulloso de lo que hacemos los europeos, pero solo puedo estar avergonzado cuando pienso que podríamos haber salvado a miles de personas en el Mediterráneo. Nuestros valores europeos también se ahogan en el mar cuando salvar vidas está más perseguido y castigado que dejar a las personas morir", afirmaba en 2019 el eurodiputado alemán Erik Marquardt, de Los Verdes.

Desde la izquierda denuncian que cuatro años después, la omisión y el silencio europeo en el Mediterráneo poco o nada ha cambiado, ya que han abandonado a su suerte a miles de personas desesperadas. El Mediterráneo Central –que conecta principalmente Libia con Italia- es la vía migratoria más peligrosa del mundo. Desde 2014 ha engullido a más de 17.000 personas, según la Organización Internacional para los Migrantes Desaparecidos.

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La tragedia se ha producido escasos días después de que entrase en vigor el decreto impulsado por la ultraderechista Giorgia Meloni, primera ministra italiana, para perseguir y castigar a las ONG de búsqueda y rescate. Una legislación que se ha puesto en marcha sin ninguna crítica ni ruido en la capital comunitaria. Su ministro de Interior, Matteo Pianedosi, ha ido más allá responsabilizando a los propios migrantes de esta tragedia. "La desesperación no puede nunca justificar embarcarse en viajes que ponen en peligro a sus niños", ha firmado en declaraciones que han levantado mucho polvo en el país.

El aterrizaje en el poder de la líder ultra en la tercera economía de la zona euro se acogió con cautela en la capital comunitaria. Pero Bruselas no tardó en bendecirlo después de que la líder de Hermanos de Italia prometiese lealtad en cuestiones prioritarias como la guerra en Ucrania y la respuesta dura con Rusia. Entretanto, su agenda ultraconservadora va dejando huella a nivel nacional sin reparo en Bruselas.

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La nueva normativa italiana impone multas de hasta 50.000 euros a las ONG que ayuden a refugiados y migrantes poniendo una presión insostenible para muchos buques de rescate, que son cada vez menos y asumen la ausencia de activos y recursos nacionales. El pasado viernes, Geo Barents, un barco operado por Médicos Sin Fronteras, recibió una multa de 10.000 euros y fue paralizado por 20 días en el marco del nuevo decreto.

"El Gobierno de Italia, la Unión Europea y sus estados miembro deben dejar de criminalizar a la migración y a la ayuda humanitaria. En su lugar, deben centrarse en proporcionar vías seguras y legales adecuadas para migrar y mecanismos mejorados para asistir y proteger a los migrantes y refugiados", denuncia Sergio Di Dato, coordinador de proyectos de la organización.

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Consolidación de la Europa fortaleza

Los líderes europeos no han tardado en expresar su tristeza por lo ocurrido el pasado fin de semana. "Estoy profundamente conmocionada por el terrible naufragio en la costa de Calabria. La pérdida de vidas de migrantes inocentes es una tragedia. Entre todos tenemos que redoblar nuestros esfuerzos sobre el Pacto de Migración y Asilo y el Plan de Acción en torno al Mediterráneo Central", afirmó Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

La UE carece de una política de asilo desde 2015, cuando la guerra en Siria derivó en Europa en la llamada crisis de refugiados. Desde entonces, las diferencias en las 27 capitales han sido insalvables. El resultado ha sido un endurecimiento del discurso antiinmigratorio impulsado por la extrema derecha y absorbido como propio por el Partido Popular Europeo. La extrema derecha de Identidad y Democracia reprochó recientemente a los populares en el Parlamento Europeo que le "robase" su agenda sobre inmigración.

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La cuestión migratoria es la mayor asignatura pendiente de la UE en la última década. Pero las sucesivas crisis del euro, la sanitaria y la guerra han sacado este tema de las prioridades de la agenda comunitaria. La ambición es cerrar el paquete esta legislatura. Es decir, antes de las elecciones europeas de mayo de 2024. La Presidencia española, que arranca el 1 de julio, anhela desbloquear y avanzar en este dossier, pero no son muy optimistas.

De momento, los Veintisiete dan patadas hacia adelante con debates puntuales y encendidos, pero sin ningún resultado concreto. Liman asperezas sobre la propuesta que Bruselas presentó en 2021 y que marca cuáles son las prioridades: llegar a acuerdos con países terceros de origen y tránsito, y acelerar los retornos. Algunos como Dinamarca quieren externalizar el proceso de asilo con centros de detención en países africanos y la UE ya abre la puerta a financiar la construcción de vallas fronterizas.

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Entretanto, escasean las alternativas para establecer vías de llegada seguras y regulares, se criminaliza a las ONG de rescate y se pone más atención en los traficantes que en las víctimas. "Este trágico acontecimiento subraya que la lucha contra el tráfico de personas y el trabajo con los países socios es una responsabilidad europea compartida y necesaria para evitar la pérdida de vidas", ha apuntado Ylva Johansson, comisaria de Interior.

Una década desde Lampedusa

Hace diez años, tras la peor tragedia migratoria en las costas europeas de la historia reciente, los líderes europeos fueron recibidos por los vecinos de Lampedusa con gritos de "asesinos" y abucheos. "Europa no puede mirar para otro lado cuando se están perdiendo vidas", aseguró el presidente de entonces de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. "Las restricciones en torno a la inmigración han mostrado sus límites, debemos avanzar hacia más apertura", afirmó Cecilia Malmstrom, responsable de Interior.

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Pero la imagen que devuelve la radiografía europea en la actualidad es la antítesis de la apertura. Y el drama migratorio se enmarca como uno de los grandes desafíos para la Europa del futuro en un momento de aumento de las desigualdades, de crisis climáticas, de conflictos en marcha y latentes y de situaciones insostenibles sobre el terreno desde Ucrania hasta Siria pasando por el Sahel. "La UE prioriza la muerte y el sufrimiento al salvamento de vidas bajo una creencia errónea de que una actuación dura hará que las personas dejen de querer ir a su territorio. Pero la realidad es que fuerza a gente desesperada a tomar decisiones más peligrosas", advierten desde Human Rights Watch.

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