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Vacaciones extra, lotería o albóndigas: así combate Europa la resistencia a las vacunas

Los Gobiernos de todo el mundo están tomando medidas de lo más ingeniosas para persuadir a los anti-vacunas. Coches, apartamentos o viajes gratis en Uber son algunos de los incentivos ofrecidos para superar la resistencia a la inyección contra la Covid-19. Solo en cuatro países es obligatoria.

Un indicador de las vacunas contra la vocid-19 en el centro de vacunación 'La Vela', de Roma. REUTERS/Guglielmo Mangiapane
Un indicador de las vacunas contra la vocid-19 en el centro de vacunación 'La Vela', de Roma. Guglielmo Mangiapane / REUTERS

¿Qué medidas están tomando los gobiernos para seducir a los anti-vacunas? Muchas y muy diferentes. Pero el instrumento estrella es el pase sanitario para acceder a espacios públicos. Francia e Italia lideran esta iniciativa dentro de la UE.

A pesar de las resistencias y de las multitudinarias protestas, el país galo exige un certificado de vacunación o de test negativo para asistir a bares, residencias, cines o viajes de larga distancia. Estar inmunizado es también obligatorio para el personal sanitario. En el país transalpino la medida se extiende a museos y a los profesores de colegios y universidades. Los dos países marcan el camino de lo que parece que será una nueva normalidad cada vez más extendida en suelo europeo. España, de momento, no se plantea esta iniciativa a nivel nacional.

El doble objetivo es reducir el riesgo de contagios en eventos multitudinarios, especialmente tras la ferocidad de variantes como la delta, pero también seducir y dar más incentivos a aquellos reacios a vacunarse. El debate está servido. Los que se oponen alegan que se están restringiendo sus derechos y libertades fundamentales al hacer la inyección prácticamente obligatoria. El ayuntamiento de Tous, en Valencia, ha ofertado dos plazas de oposición para una guardería con la exigencia de que los candidatos cuenten con el certificado Covid, lo que ha desatado críticas entre los detractores.

Carteles en un restaurante en Niza que avisan de las últimas restricciones impuestas por Francia, como el pase covid para acceder a locales públicos cerrados. REUTERS / Eric Gaillard
Carteles en un restaurante en Niza que avisan de las últimas restricciones impuestas por Francia, como el pase covid para acceder a locales públicos cerrados. Eric Gaillard / REUTERS

Dentro del bloque comunitario son muchas las fórmulas adoptadas para incentivar la vacunación. La mayoría de Estados miembros exigen un pase sanitario para gimnasios, hoteles o terrazas. Cada uno lo hace con una forma y condiciones diferentes, pero además los Gobiernos nacionales han tomado otras medidas de lo más creativas para vencer la resistencia de los anti-vacunas. En los centros de Praga, por ejemplo, las personas inoculadas pueden ganar un iPhone.

Países Bajos ha ofrecido lotes de Hollande nieuwe, los tradicionales arenques en escabeche, como reclamo para atraer a la gente. Otros países como Chequia han ido más allá proponiendo dar a los trabajadores que se inmunicen días extras de vacaciones.

La campaña de vacunación europea va por el buen camino. Más de la mitad de los ciudadanos comunitarios cuentan con la pauta completa y se espera alcanzar en breve la inmunidad de rebaño. Pero la vacunación corre el riesgo de chocarse con el techo de cristal ante aquellos que se niegan a ponerse la inyección. Para alentar a los más jóvenes, Grecia ha puesto en marcha el Freedom Pass, una tarjeta cargada con 150 euros para que los jóvenes menores de 25 años la inviertan en viajes o actividades nacionales.

Un DJ actúa  durante una noche de vacunaciones con música en el centro de vacunación Arena Treptow, en Berlín. REUTERS/John Macdougall /Pool
Un DJ actúa durante una noche de vacunaciones con música en el centro de vacunación Arena Treptow, en Berlín. John Macdougall /Pool / REUTERS

También muy dispar es la situación inmunológica entre los 27 Estados miembros. Mientras algunos como España ya cuentan con el 60% de su población con la doble dosis, en otros países como Bulgaria y Rumanía el número se desinfla hasta el 15% y el 25% respectivamente. Hace unos meses, el alcalde de Bucarest lanzó una campaña ofreciendo la comida típica nacional mici (una especia de albóndigas) a los vacunados en el emblemático mercado de Obor. En el país, los médicos van casa por casa a los lugares más remotos, pero todo ello no ha evitado convencer a una sociedad históricamente conservadora y recelosa.

Varias personas sentadas en la sala de observación después de recibir una dosis de la vacuna Moderna contra la covid-19, en el Auditorio de Música de Roma. REUTERS / Guglielmo Mangiapane
Varias personas sentadas en la sala de observación después de recibir una dosis de la vacuna Moderna contra la covid-19, en el Auditorio de Música de Roma. Guglielmo Mangiapane / REUTERS

Rumanía, por su parte, es uno de los pocos países que deja a sus ciudadanos elegir entre las cuatro vacunas aprobadas por la Agencia Europea del Medicamento (AstraZeneca, Pfizer, Moderna o Johnsson&Johnsson). También ha habilitado el castillo de Drácula como centro de vacunación para hacer el trámite más atractivo.

Con todo, los dos países se han visto obligados a donar, vender o tirar muchas de sus dosis ante el riesgo inminente de que expirasen antes de ser administradas. Eslovaquia, que con el 37% de la población vacunada también se encuentra por debajo de la media europea, introdujo hace un mes una suerte de "lotería de vacunas" con un premio semanal de dos millones de euros.

De porros a coches: estrategias fuera de la UE

Los incentivos para promover la vacunación no son ni mucho menos exclusivos del bloque comunitario. Fuera de sus fronteras, las medidas son, si cabe, más llamativas. El estado de Washington autorizó a las tiendas con licencia el reparto de un porro gratuito a las personas que accediesen a recibir el suero contra el virus.

Recientemente, el presidente de Estados Unidos ha urgido a los Gobiernos locales a ofrecer una recompensa de 100 dólares a los nuevos vacunados.

Una persona muestra cupones de incentivo por 25 dólares de la empresa de reparto de comida a domicilio Door Dash entregados en un centro de vacunación contra la covid-19 en Los Ángeles (California, EEUU). REUTERS / Lucy Nicholson
Una persona muestra cupones de incentivo por 25 dólares de la empresa de reparto de comida a domicilio Door Dash entregados en un centro de vacunación contra la covid-19 en Los Ángeles (California, EEUU). Lucy Nicholson / REUTERS

El alcalde de Moscú, por su parte, ofrece a los habitantes de la ciudad concursos en los que pueden ganar un coche tras vacunarse. Y en los preludios de la final de la Eurocopa, Sadik Khan, alcalde de Londres, ofertó entradas para el espectáculo de fútbol en Wembley. A nivel nacional, el Reino Unido persuade a los más jóvenes con jugosos descuentos en Uber o Deliveroo. Colombia ha abierto la puerta a ofrecer descuentos en los supermercados. En Hong Kong, el sector privado sortea un apartamento valorado en más de un millón de euros entre los vacunados. Pakistán ha ido más allá y ha amenazado a los escépticos con cortar sus líneas de conexión a internet o prohibirles asistir al puesto de trabajo.

Con todo, solo cuatro países del mundo obligan a día de hoy a sus ciudadanos a vacunarse: Indonesia, Tayikistán, Turkmenistán y Ciudad del Vaticano. Las teorías de la conspiración y la propagación de los bulos a través de las redes sociales han incrementado la resistencia de las vacunas.

Aunque una inmensa mayoría de los ciudadanos del planeta están dispuestos y satisfechos con ellas, el choque en las redes sociales se está trasladando a las calles, como ha visto Francia con cuatro semanas consecutivas de protestas. La ciencia ha demostrado que las vacunas reducen el riesgo de contagio y los efectos del virus una vez contraído. Pero todavía son muchos los que se resisten a estas estas evidencias. Y la próxima etapa de la pandemia pasa, sin duda, por ellos.

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