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Una vida en Lampedusa

Hay dificultades cotidianas que, a menudo, hacen sentir a los habitantes de Lampedusa lejos de Italia y Europa. El recurso principal es el turismo, un sector en constante aumento, entre otras cosas porque los visitantes saben que los migrantes y los refugiados no son un problema.

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Un migrante tapa su rostro mientras aguarda en el Centro de Recepción de Inmigrantes de Lampedusa.- AFP

No hay vuelos directos a Lampedusa desde Roma. Al menos en esta época del año. En esta isla siciliana en medio del Mediterráneo se puede llegar sin escalas sólo en verano, durante el auge del turismo nacional. Por lo demás, aquí se puede llegar cualquier día del año, mediante vuelos directos, sólo a través de las ciudades sicilianas de Palermo y Catania. Lampedusa es, literalmente, el último trozo de tierra italiano. Para que el lector se haga una idea, esta isla siciliana, que ya pertenece a África, está a medio camino entre Sicilia y las costas de Libia.

Desde lo alto, empiezan a verse las decenas de calas de Lampedusa y dado que el descenso del avión tendrá lugar por el sur, los pasajeros están viendo por las ventanillas la conocida Isla de los Conejos, nombrada regularmente como una de las playas más bonitas de Europa. Merece la pena, al menos, buscarla en internet. La pista de aterrizaje del aeropuerto, larga algo más de un kilómetro, supera ya las dimensiones del pueblo de Lampedusa. El centro histórico de la localidad se puede alcanzar en menos de cinco minutos en coche. No hay semáforos.

"Durante la época estival, el pueblo siciliano se triplica debido a la presencia de turistas italianos"

Lampedusa es conocida, a nivel mundial, por el fenómeno migratorio. No es casual. Estando entre Sicilia, Libia, Túnez y Malta; esta isla siciliana se encuentra exactamente en medio del Mediterráneo Central. Esto provoca que Lampedusa, regularmente, sea noticia en los medios de comunicación italianos e internacionales por todo lo relativo a los flujos migratorios del Sur al Norte del mundo.

Alojarse en Lampedusa no es fácil. Es decir, no es fácil en verano. Ahora en otoño hay sitio de sobra. Durante la época estival, el pueblo siciliano se triplica debido a la presencia de turistas italianos que desean disfrutar de un verano mediterráneo: gente de Milán, Parma, Génova, Roma, Bolonia, Florencia, etc. Hay muchas familias, pero también parejas jóvenes de unos 20 años. Aquí pueden tomar sol en la playa, comer pescado, navegar y bucear. Y disfrutar de la rica flora y fauna, protegidas por diferentes entes medioambientales nacionales.

Es difícil, por esta razón, alojarse entre junio y agosto. Los hoteles están completos y muchas familias alquilan aquí sus segundas o incluso primeras viviendas, de forma ilegal, para tratar de ganar algo más de dinero para el resto del año, que a menudo se hace cuesta arriba. Porque Lampedusa vive, esencialmente, del turismo. Y tiene que agradecer también la presencia del medio millar de militares italianos destinados permanentemente a la isla, que siempre pueden garantizar un determinado volumen de ingresos para la supervivencia comercial de la localidad. Volviendo a la cuestión de la legalidad, en algunos casos, es complicado pedir un recibo por un gasto de pernoctación.

El problema, para muchos habitantes, es que demasiadas personas realizan actividades económicas, vinculadas al turismo, al margen del fisco. Hay lampedusanos que consideran que esto empeora los servicios de la isla, ya que su ayuntamiento tiene menos recursos para el sistema educativo o sanitario. Y lo hace aún más dependiente de Sicilia e Italia. Sin embargo, hay una opinión generalizada entre muchos habitantes que la exposición mediática de Lampedusa debido a la cuestión migratoria es la que pone realmente en riesgo la economía de la isla. Algo que, sin embargo, no es cierto. Los datos, las imágenes de la isla en verano y la dificultad de alojamiento en época turística; confirman, de hecho, que el turismo está creciendo.

"Muchos creen que la exposición mediática de Lampedusa pone en riesgo la economía de la isla"

La mayoría de los turistas que pasan las vacaciones en Lampedusa ya han venido en otras ocasiones y saben bien que los migrantes, aquí, no son un problema. Aunque algunos medios de comunicación, sobre todo italianos, quieran dar entender lo contrario. Los migrantes aquí no son un problema, por varias razones. La primera, es que son alojados en el centro de acogida, ubicado a las fueras del pueblo, hacia el interior de la isla. En segundo lugar, porque simplemente están de paso, y está en su interés llevarse bien con la comunidad local. En tercer lugar, porque el despliegue de efectivos de militares y policiales es sorprendente: Carabinieri, Policía de Estado, Ejército de Tierra, Marina Militar, Ejército del Aire, Guardia Costera, Capitanía Marítima, Guardia de Finanzas.

No se puede entender Lampedusa sin el puerto. Mas bien, sus puertos, en plural. En la misma pequeña bahía de la isla, hay tres muelles: el puerto viejo, donde todavía hay pequeños barcos pesqueros; el puerto comercial, donde llegan los ferrys y los buques de gran tamaño; y el conocido muelle Favaloro, el más conocido en la prensa. Este último es el más nombrado porque es donde atracan los barcos de la Guardia Costera italiana y otros cuerpos armados transalpinos para desembarcar a los migrates y refugiados que rescatan en las operaciones de salvamento en el Mediterráneo Central, bajo las órdenes de la Central Operativa de Roma.

Dos migrantes asisten a un donación de ropa organizada por una comunidad católica de Lampedusa.- AFP

Históricamente, siempre ha habido un flujo más o menos constante de migrantes tunecinos que, con pequeños barcos de madera, trataban de llegar directamente a la isla de Lampedusa. Estas llegadas nunca han cesado, y vulgarmente se conocen en la prensa italiana como "desembarques fantasma", porque dicho botes no pueden ser rastreados electrónicamente. Semanalmente, en Lampedusa, tienen lugar este tipo de desembarque, muchos de ellos justo debajo de la sede de la Guardia Costera.

"La mayoría de los turistas saben bien que los migrantes, aquí, no son un problema"

El otro flujo destacado aquí es el que protagonizan los migrantes y refugiados que tratan de atravesar el Mediterráneo Central, el camino que hay entre Libia e Italia, con el objetivo de poner en riesgo la vida en el mar, para salvarla. De una u otra forma, todos los migrantes y refugiados que llegan a Lampedusa son acompañados en el centro de acogida. Normalmente, tienen el permiso para salir porque, como es lógico, al ser Lampedusa una isla no hay riesgo de fuga. Aun así ha habido casos de migrantes, sobre todo tunecinos, que han pagado a pescadores lampedusanos para fugarse a Sicilia. En la cotidianidad, los migrantes suelen pasear por las calles de la isla pasando el rato sentados cerca de la Iglesia de San Gerlando, en el centro de la localidad, chateando o hablando por Facebook. Sus familiares desean tener noticias de ellos en sus países de origen. A menudo, jóvenes de la isla y entes religiosos, en colaboración con el párroco de Lampedusa, Don Carmelo, suelen organizar por la noche pequeñas manifestaciones en favor de la tolerancia hacia los migrantes y refugiados.

La vida en Lampedusa, para la gente del lugar, no es fácil. Hasta hace bien poco aquí no había agua potable, y tenía que llegar a través de un barco cisterna. La luz eléctrica, sin embargo, sigue siendo un problema, dado que es alimentada mediante combustible, lo cual encarece las facturas alrededor del 300%. El carro de la compra también es más caro que en el resto de Italia, porque los productos hay que traerlos en barco. Muchas cosas, de hecho, dependen de los barcos comerciales. Hay vuelos diarios, eso sí, pero a Sicilia. La ciudad de Agrigento, en el Sur de Sicilia, es alcanzable por ferry. Las cartas enviadas desde el resto de Italia a Lampedusa tardan un día más en llegar aquí. Los jóvenes lampedusanos tienen que vivir forzosamente en otros lugares de Sicilia o de Italia si quieren tener una preparación universitaria. Al no haber un hospital en la isla, todas las madres lampedusanas dan a luz en Palermo. Todos éstos, son elementos que, a menudo, hacen sentir a los lampedusanos lejos de Italia y Europa. Sin sentirse tan diferentes a los propios migrantes.

"Los jóvenes lampedusanos tienen que vivir forzosamente en otros lugares de Italia si quieren ir a la universidad"

La Vía Roma es la única avenida comercial de Lampedusa. Es el corazón gastronómico, económico y turístico de la localidad siciliana. Es llamativo que hay muchos hosteleros romanos, que decidieron hace algunos años dejar atrás el caos de la Ciudad Eterna para disfrutar del aire y el silencio lampedusanos. En Vía Roma se pueden disfrutar de los grandes clásicos de la cocina siciliana: panelle, arancini, cannoli. Imperdible la tienda de esponjas naturales de Calogero y el Archivo Histórico de Lampedusa, obra de Tonino Taranto, ya entrevistado por Público.

Ahora Lampedusa, disfruta del buen tiempo y de la tranquilidad del otoño. Aquí es posible bañarse en la playa o en las calas, a menudo, incluso en noviembre. Esta tierra, en 20 kilómetros cuadrados, pone a todos a prueba. Habitantes, migrantes, alcaldes, padres, militares, médicos, estudiantes, turistas, madres, religiosos, fotógrafos, políticos, ancianos, ecologistas, jóvenes, pescadores, viajeros, historiadores, periodistas. Cada uno, aquí, tiene su propia batalla.