El amor no se jubila: la historia de los septuagenarios Luz e Iván
El amor llega sin buscarlo a cualquier edad, incluso es posible encontrarlo en plena transición vital. La relación de estos sénior refleja una forma distinta de entender las relaciones sentimentales en la madurez.

Madrid-
A partir de cierta edad, las relaciones sentimentales, lejos de desaparecer, reaparecen de otra forma: no como una versión tardía del amor, sino como una nueva manera de enamorarse. Es el caso de Iván y Luz (nombres ficticios), de 73 y 64 años, dos personas que se conocieron en un entorno de voluntariado tras sus respectivas separaciones y en plena transición hacia la jubilación. Su historia sirve para ilustrar cómo, en esta etapa de la vida, pueden construirse nuevas conexiones marcadas por la autonomía, la complicidad y una forma diferente de entender el compromiso. Enamorarse a partir de los 60 es una forma de vivir más y mejor.
La capacidad de amar y de sentirse amado es, probablemente, uno de los indicadores más profundos de la calidad de vida a lo largo de los años. Cuando estos aspectos se debilitan, no solo se resiente el bienestar emocional, sino también el sentido de proyecto vital, especialmente en las etapas más avanzadas de la vida. Durante mucho tiempo, el amor en la vejez se ha mirado con condescendencia o directamente se ha invisibilizado. Otra forma de edadismo. Sin embargo, cada vez son más las personas que inician relaciones sentimentales pasados los 60. Lejos de ser historias tardías, son vínculos construidos desde la experiencia, la calma y una profunda conciencia emocional.
Sin embargo, el amor en la madurez se aleja mucho de ser una experiencia igual para todo el mundo. La historia de Luz e Iván tiene sus propias vivencias.
El ejemplo de amor en la madurez de Iván y Luz, quienes explican a Público que no buscaban rehacer su vida sentimental cuando se conocieron. Sin embargo, ambos coinciden en una misma idea: “Nos encontrábamos en un momento en el que necesitábamos encontrar un equilibrio emocional y personal”.
Etapa de cambio
En ese momento atravesaban etapas de cambio: él, recién despedido de su empresa tras más de cuatro décadas de trabajo; ella, a las puertas de la jubilación y después de haber pasado por una separación reciente. En este contexto, coincidieron en un espacio inesperado: un grupo de voluntariado vinculado a un partido político, donde compartían valores e inquietudes.
Ninguno de los dos estaba buscando pareja, explican: en un momento en el que ambos necesitaban recuperar cierto equilibrio emocional, "la conexión apareció de forma natural. Sin expectativas previas ni urgencias, lo que comenzó como afinidad ideológica se transformó en algo más profundo".
Para ellos, el amor en esta etapa poco tiene que ver con el de la juventud. “A medida que las personas cumplimos años, el amor es más maduro y consciente que cuando éramos jóvenes”, dicen. La comunicación, la complicidad y el respeto mutuo ocupan ahora un lugar central. También hay una mayor conciencia de que las relaciones requieren cuidado y compromiso. “Se quiere de otra manera”, añaden. La empatía y la comprensión ganan peso, y los pequeños momentos adquieren un valor especial.
A diferencia de muchas parejas tradicionales, han optado por no convivir, al menos por ahora. Cada uno mantiene su espacio, una decisión que, lejos de debilitar el vínculo, lo fortalece: “Esa independencia aumenta el deseo de estar juntos”, explican. El respeto por el espacio personal es clave, de esta forma cada uno conserva sus rutinas y actividades, lo que, según ellos, enriquece la relación.
Luz e Iván: "La independencia de vivir cada uno en su casa fortalece nuestro vínculo"
Si en el pasado estas relaciones podían generar cierto rechazo, hoy la percepción social parece haber cambiado. “La sociedad observa con agrado que las personas mayores puedan enamorarse”, señalan. Aunque esta su percepción y su historia, esto no siempre pasa y son las propias hijas e hijos los que ponen las primeras barreras al amor de sus mayores.
En su entorno más cercano, la reacción ha sido natural: familia y amistades celebran su felicidad. Incluso sus hijas han expresado el deseo de que la relación perdure. Iván y Luz lo tienen claro: el amor no entiende de edades. “Nunca es tarde. Siempre hay espacio en el corazón para el amor, y nunca es tarde para encontrar a alguien que te haga sentir completo”, afirman. Para quienes creen que el momento ya pasó, su mensaje es sencillo: estar abiertos a nuevas experiencias y confiar en que siempre hay espacio para volver a sentir.
Con su relación demuestran que las relaciones en la madurez no son una versión “tardía” del amor, sino que consisten en una forma nueva y distinta de enamorarse: más elegida, más equilibrada y menos dependiente.

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