Edadismo en el algoritmo de las redes sociales
La velocidad del lenguaje digital dificulta la comprensión de los mayores, pero también pone en valor su capacidad de adaptación.

La forma en la que los jóvenes se comunican en internet ha generado una nueva brecha comunicativa con las personas mayores, que a menudo encuentran incomprensible esta jerga cambiante y marcada por el ritmo acelerado de las plataformas digitales. Expresiones que surgen y se transforman en cuestión de semanas dejan fuera a quienes no participan activamente en estos entornos. Esto generaría una barrera generacional en la comunicación. Sin embargo, lejos de ser una ruptura definitiva, este proceso también muestra cómo, con el paso del tiempo, muchas personas mayores logran adaptarse de forma progresiva a estos nuevos códigos.
En la era digital, la comunicación entre generaciones enfrenta así un desafío constante: la rápida evolución de la jerga en redes sociales. Palabras como “aura” o “facto” cambian de significado en cuestión de meses, generando confusión entre quienes no navegan en estos espacios con frecuencia. Lo que antes eran términos claros y universales se resignifica y crea nuevas dificultades de comprensión.
Esta brecha se hace evidente en testimonios como el de Ana María, de 64 años. Cuando se le pregunta por el significado de “aura” y “Laura”, responde: “Laura lo tengo claro, es un nombre, y aura… sería algo así como el estado de ánimo de una persona”. Una interpretación correcta desde el punto de vista tradicional, pero alejada del uso que estas palabras han adquirido en redes sociales, donde “aura” se asocia al carisma y “Laura” ha pasado a utilizarse, en determinados contextos digitales, como su contrario.
Algo similar ocurre con Jesús Iruzubieta, de 82 años, al hablar de “facto”: “Es un hecho o algo que existe por el peso de los hechos”, explica con seguridad. De nuevo, una definición que encajaría con el uso normativo del término, pero que no refleja su significado en el entorno digital, donde “facto” se emplea para reforzar afirmaciones como verdades evidentes.
El problema comunicativo surge cuando esta jerga trasciende las pantallas y se incorpora al lenguaje cotidiano. En ese momento, la falta de comprensión puede generar malentendidos entre generaciones. A ello se suma el papel de los algoritmos, que segmentan los contenidos según la edad de los usuarios, reforzando esta separación. Tal y como explica a Público el ingeniero informático Alonso Mata: “La jerga que se usa en redes no solo define cómo hablamos, sino también cómo nos leen los algoritmos”. Diversas investigaciones han demostrado que la edad puede inferirse con bastante precisión a partir del lenguaje digital y ciertos metadatos.
Más allá de la incomprensión, este fenómeno provoca también confusión debido a la resignificación de palabras ya existentes. No se trata únicamente de anglicismos o abreviaturas, sino de cambios semánticos rápidos que alteran significados previamente compartidos.
Margarita Fernández, profesora de Lingüística General de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, señala que esta brecha intergeneracional está directamente relacionada con los grupos que impulsan estos cambios: “Si las palabras se quedan dentro de un grupo marcado por la edad, llegará un momento en el que queden desfasadas”. Un proceso que no es nuevo, como demuestra la evolución de términos popularizados en décadas anteriores, como “tronco”, que también adquirieron significados distintos con el tiempo.
Aun así, el lenguaje no es estático. Las nuevas palabras se consolidan cuando responden a necesidades comunicativas reales. Por ello, más que una ruptura definitiva, este fenómeno refleja un proceso de adaptación. Como concluye Margarita: “Siempre tenemos que adaptar nuestra lengua al contexto comunicativo y tener en cuenta quién es el receptor”. En esa adaptación progresiva reside la clave para reducir las barreras y facilitar la comprensión entre generaciones, en un entorno digital que no deja de transformarse constantemente y exige aprendizaje continuo.
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