Gregorio Delgado, 91 años
"Con Franco no se vivía mejor, como hoy no se ha vivido nunca"
Gregorio Delgado es uno de los niños de la guerra. Vivió el golpe de Estado, la dura posguerra, la dictadura durante cuatro décadas y, al fin, la Transición y la democracia. Con una mente privilegiada y un excelente estado físico, este superviviente defiende los valores del Estado de derecho.

Gregorio Delgado, a sus 91 años, recuerda con claridad momentos que marcaron a toda una generación. Nacido en 1934, su infancia estuvo marcada por la Guerra Civil española. Con solo dos años fue evacuado de Madrid. Su padre, lejos del hogar, luchó en el Frente Republicano, tras la guerra sobrevivió a días de retención en la Plaza de Toros de Vista Alegre y les recordó siempre a sus hijos que hablar de aquellos años podía ser peligroso.
Viudo desde hace ocho años, mantiene su independencia y su rutina diaria con serenidad y dignidad. Conduce, se ocupa de su casa y pasa largas horas en el que fue el trabajo de su vida, un espacio que le permite seguir conectado con la vida y con la gente. Hoy, Gregorio cuenta a Público su historia sin miedo. A pesar de las dificultades, no guarda rencor y asegura que no se arrepiente de nada. Sus recuerdos están llenos de gratitud, su historia es la de una vida marcada por la resiliencia, el trabajo y la memoria. Un testimonio vivo de cómo España ha cambiado y de cómo la experiencia individual se entrelaza con la historia del país.
¿Cuándo fue la primera vez que se sintió viejo?
Tengo 91 años, pero la verdad es que ha sido este año cuando he empezado a sentirme viejo. Por lo demás funciono bien: conduzco y muchos días me quedo en casa sin mi hija Ester y me valgo solo. También tengo un taller que ahora lleva mi hijo. No voy todos los días, pero casi. Desde que me quedé viudo, hace ocho años, se me cae la casa encima, así que voy al taller, hablo con los clientes, con mi hijo y con los oficiales. Allí lo paso mucho mejor.
¿Cuál es el momento histórico que ha vivido que más le ha impactado?
Justo después de la guerra todo fue malo. Pero uno que recuerdo especialmente fue el 23‑F. Me enteré cuando venía del trabajo hacia Madrid con un amigo, que además era de una familia muy socialista. Íbamos comentando que aquello se podía liar mucho. Cuando llegué a casa, mi mujer ya estaba escuchando la radio y nos quedamos pendientes de las noticias hasta que habló el rey Juan Carlos. Después de su discurso pareció que la situación se tranquilizaba un poco, pero pasamos mucho miedo.
¿Qué le diría a la gente que piensa que con Franco se vivía mejor?
Que ni mucho menos. Mejor que se vive hoy no se ha vivido en la vida. Con Franco, al principio, justo después de la guerra, se vivía muy mal. Luego la situación mejoró un poco, pero aquello se alargó mucho. Ahora hay mejores coches, mejores casas... Además, la mujer trabaja porque quiere, y la que no tiene marido tiene una independencia total. Recién acabada la guerra, y durante años después, las mujeres no conducían; quizá cuatro contadas. Hoy conducen tantas mujeres como hombres.
¿Cómo vivieron usted y su familia el estallido de la Guerra Civil?
Puedo contar poco porque cuando empezó la Guerra Civil española yo tenía solo dos años. Vivíamos en el barrio de Usera, en una casa muy pequeña que había construido mi padre, sin agua ni luz, como muchas de la época. Nací en 1934: mi madre fue a dar a luz a la Maternidad y cuando volvió ya se instaló en esa casa que estaba al final del barrio; detrás ya era campo. Cuando el frente se acercó por la zona de Plaza Elíptica empezaron a evacuar a la gente. A mis dos hermanos mayores los llevaron a un pueblo de València llamado Meliana. Allí los reunían en la plaza y las familias del pueblo podían acogerlos. Por suerte los trataron muy bien y mis dos hermanos fueron a la misma casa. A mi madre, que estaba embarazada de mi hermana, la evacuaron conmigo y con otro de mis hermanos a Amposta, en Tarragona. Allí nació mi hermana. Nos repartieron en distintas casas, luego ella venía a vernos y nos paseaba por el pueblo. A mí me tocó una familia muy buena, tuve suerte.
"Cuando estalló la guerra, nos evacuaron y separaron a la familia"
¿Hay algo de lo que te arrepientas de no haber hecho?
Nada. Tuve buenos hermanos, buenos padres, buenos amigos. En el taller no he sido mal jefe, porque conmigo empezaron cinco con 14 años y se han jubilado conmigo.
Porque usted empezó a trabajar muy pronto. ¿A qué edad?
Empecé a trabajar con 14 años, recién cumplidos. Había hecho los años el 16 de junio y el 5 de julio de 1948 ya estaba trabajando en un taller. Estuve allí hasta 1958. Ese año me establecí con un compañero y fuimos socios durante 25 años, hasta que él falleció. Si no, seguramente habríamos seguido trabajando juntos.
Por lo que me ha contado, con el estallido de la Guerra Civil, su padre no estuvo con ustedes. ¿Qué fue de él?
Mi padre estuvo en el frente, aunque no pegando tiros. Lo destinaron por la zona de Sigüenza, era además de un pueblo de esa zona. Según nos contaba, su trabajo consistía en llevar cables de teléfono de un punto a otro para mantener las comunicaciones. Cuando terminó la guerra volvió andando hasta Usera con otro compañero. Caminaban sobre todo por la noche por miedo a que los detuvieran. Decía que, a algunos, si no habían tenido cargos importantes, los soltaban, pero a otros, si habían sido sargentos o tenían más responsabilidad, los mandaban a la cárcel, y muchos ya no salieron.
¿Su padre llegó a estar retenido en algún momento?
Sí, estuvo unos 15 o 20 días retenido en la plaza de toros de Vistalegre. Allí interrogaban a la gente para saber qué había hecho durante la guerra. Como mi padre no había tenido un cargo importante y solo había trabajado llevando cables de teléfono en el frente, lo dejaron libre relativamente pronto. De Carabanchel a Usera no hay mucha distancia, así que enseguida pudo volver a casa con nosotros. Después siempre nos decía a mis hermanos y a mí que no habláramos de la guerra. Tenía miedo de que pudieran volver a detenerlo y de dejar sola a mi madre con todos los hijos.
"Mi padre estuvo retenido en la plaza de toros de Vistalegre"
¿A qué se dedicaba su padre antes de que estallara la guerra?
Mi padre era de un pueblo de Guadalajara y era el mayor de nueve hermanos. Cuando tenía unos 25 años se fue a Barcelona, donde conoció a mi madre, se casaron y allí nació mi hermano mayor en 1926. Tras un tiempo de trabajo en Barcelona, regresó al pueblo para ayudar a su familia y luego decidió venir a Madrid a buscar trabajo. Llegó a la fábrica del gas en 1927, haciendo zanjas y posteriormente como farolero, encargándose de encender y apagar los faroles. Estuvo allí hasta 1936, cuando estalló la Guerra Civil. Después de la guerra a todos los que habían luchado en contra del régimen los echaron. Para subsistir compró un carro con un burro y se dedicó a hacer mudanzas y portes. Tiempo después lo readmitieron y volvió al gas. En el barrio era sabido que había luchado en el frente y por eso tuve dificultades para acceder al colegio.
¿Recuerda la muerte de Franco y cómo comenzó el proceso de transición?
Sí, recuerdo que Franco, pocos días antes de morir, incluso firmó algunas penas de muerte, algo que no había dejado de hacer en toda su trayectoria. Algunos franquistas no estaban de acuerdo con los cambios y llegaron a decir que Adolfo Suárez era un traidor; a mí, en cambio, me parecía un hombre bastante sensato y comedido. Durante el 23-F todavía hubo momentos de miedo, porque algunas personas armadas no estaban de acuerdo con la transición. Sentí mucho temor, ya que la situación política podía volver a complicarse. Yo me quejo más y critico más la posguerra. Muchas personas fueron encarceladas y nunca salieron.
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