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Revista Luzes Mulleres colleiteiras: el círculo de la economía social

Hicieron realidad eso que terminó por llamarse economía social y circular. Sonia, Montserrat, Emilia, Soraya y Violeta son las cinco socias de pleno derecho de Mulleres Colleiteiras, una cooperativa sin ánimo de lucro fundada en 2015.

Mulleres colleteiras
En el año 2017, Mulleres Colleiteiras recogió 43.994 kilos de aceite vegetal usado. Este año llegarán a los 130.000.

LUZES-PÚBLICO | juana vera 

Veinticuatro meses antes entre veinte y treinta mujeres gitanas, colectivo mayoritario en esta Cooperativa, iniciaban la recogida de aceite vegetal usado en el barrio coruñés de Monte Alto, con el apoyo de la ONG Arquitectura sin Fronteras, de las entidades del barrio, de su Asociación de Vecinos y de muchas personas que se implicaron directa o indirectamente en aquel proyecto piloto. Hoy, Mulleres Colleiteiras está reconocida. Recibió el accésit del Premio Nacional Juntas por el Clima (2019) y la Palma de Oro de la Plataforma LaTeuaTerra (2018). Su crecimiento es prueba del funcionamiento ejemplar de las economías social y circular que rigen esta empresa, que comenzó con 20 puntos de recolección y que hoy cuenta con 65, que se ampliarán este año a 85, distribuidos por toda A Coruña, Oleiros, Arteixo y Ferrolterra. En el año 2017, Mulleres Colleiteiras recogió 43.994 kilos de aceite vegetal usado. Este año llegarán a los 130.000. Esta es su historia.

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"Vivo la experiencia de saber lo que es trabajar, es una oportunidad", cuenta Montserrat, gitana de apenas veinte años, cuando se le pregunta por este trabajo. Sonia, su compañera, de la misma edad y también gitana, responde así: "Es una experiencia nueva. Nunca había trabajado. Nos estamos independizando. Para nosotras es más difícil". Sonia y Montserrat acaban de llegar, junto con Emilia Allegue, al primer punto de recogida de esta jornada. Llegaron en la furgoneta verde de Mulleres Colleiteiras desde su Centro de Operaciones, situado en el Polígono Industrial de Oleiros. La ruta de recogida de aceite vegetal usado acaba de comenzar. Sonia y Montserrat sacan del contenedor naranja las botellas de plástico llenas de este espeso líquido, las colocan en unas cestas de caucho de color negro y las llevan a la furgoneta. Cada cesta tiene una etiqueta, que contiene la dirección del punto de cosecha con el fin de poder saber, al final de la jornada, cuántos kilos de aceite había en él. Cada uno de ellos tiene sus cestas de caucho con su identificación.

"Gano 315 euros al mes. Solo trabajo veinte horas a la semana. Estoy de prueba. Ahora comenzaré a jornada completa", explica Montserrat en la furgoneta, mientras nos dirigimos al segundo punto de recolección, el Mercado de Conchiñas. "Solo tenemos esta furgoneta. Necesitamos otra, una en la que se puedan poner directamente los contenedores y reubicarlos luego automáticamente. No damos abasto pero no disponemos de presupuesto para comprar una furgoneta más. Somos autónomas. Trabajamos de 9 a 15 horas los lunes, miércoles y viernes. Y los martes y jueves de 9 a 16 horas", explica mientras conduce la furgoneta Emilia Allegue, que lleva dos años en esta cooperativa.

"Somos una cooperativa sin ánimo de lucro porque pensamos que es la forma ideal de hacer realidad la economía social y circular. Lo que se pretendió y se pretende con esta cooperativa es que las mujeres de la misma, la mayoría en exclusión social, participen en todos los ámbitos de la empresa. Ellas son socias trabajadoras. La empresa es suya. Hicieron una aportación mínima de capital. En un principio hacen una práctica, se les paga la dieta, el transporte, se les enseña algo tan básico como abrir una cuenta corriente en el banco y se les da unas pautas para hacer su trabajo. Pondré un ejemplo que hará más clara la situación que vivimos. Si a nuestras trabajadoras les llega una carta que no comprenden, o si tienen que realizar una gestión compleja porque nunca la hicieron, se les ayuda. Lo hacemos para que aprendan y puedan un día ser dueñas de sus vidas. Hay empresas de inserción social y centros especiales de empleo, que hacen un itinerario formativo de tres años y luego sus trabajadores vuelven a la marginación. En este tipo de empresas hubo casos de explotación. En aquellas, las personas no tienen un horizonte, la posibilidad de quedar, de seguir formándose. Esto no sucede en Mulleres Colleiteiras. Tras realizar las prácticas y el período de prueba, si ellas se sienten seguras, sin obligarlas, se les pregunta si desean ser socias de pleno derecho. La dignidad y el respeto son esenciales en este proceso. Hay que pensar en la situación de cada una, normalmente delicada. Por otro lado, en este proceso también se tiene en cuenta la conciliación familiar y laboral. Si una trabajadora llega media hora tarde por motivos familiares, puede recuperar esa media hora por la tarde el mismo día, u otro. Esto se habla siempre. Tuvimos algún caso, en el que una trabajadora tuvo que dejar su puesto porque en su casa nadie hacía la comida, ni cuidaba de la familia. Nosotros conciliamos organizándonos. La conciliación es lo primero. La llevamos a cabo individualmente, adaptándonos a la situación de cada trabajadora, a su problemática. Sonia y Montserrat viven en el poblado gitano y desean independizarse", explica Susana Pena Liaño, gerente de la Cooperativa.

Dos de las chicas que trabajan con Mulleres Colleteiras.

Susana gana 1.200 euros al mes. No es socia de la Cooperativa, es personal contratado y su sueldo se cubre con los 25.000 euros aportados, desde el año 2018, por la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de A Coruña. Otras instituciones que colaboran con Mulleres Colleiteiras son la Estación Depuradora de Augas Residuais EDAR, el Ayuntamiento de Arteixo, la Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento de A Coruña, a Diputación de A Coruña y la Xunta de Galicia. El Club de Leóns de Oleiros también colaboró con la cooperativa para la compra de maquinaria especial para el depurado del aceite vegetal usado. Destaca la colaboración de la EDAR, que fue y es fundamental para el desarrollo de Mulleres Colleiteiras y también para la Estación Depuradora de Augas Residuais, para su mantenimiento eficaz y sostenible. "Un litro de aceite vegetal usado equivale a 1.000 litros de agua limpia de mar. En las alcantarillas y en la depuradora tienen problemas gravísimos con el aceite que llega allí por las canalizaciones, desagües, inodoros... El aceite, unido a otros residuos, forma bloques más duros que el hormigón en la EDAR. Estos bloques hay que destruirlos con un taladro. Por otro lado, se gasta muchísima agua en limpiar este aceite en la depuradora", explica Emilia Allegue.

Llegamos al segundo punto de recogida de hoy, situado en el Mercado de Conchiñas. Sonia y Montserrat descienden de la furgoneta, van hacia el punto naranja, colocan las botellas de plástico llenas de aceite vegetal usado en las cestas negras de caucho bien etiquetadas, y las llevan a la furgoneta. Mientras lo hacen pasan casualmente dos ciclistas de la asociación de reparto Van en Bikke, con la que Mulleres Colleiteiras colabora desde 2017. "Nos distribuyen folletos informativos, en los que se explica cómo se debe reciclar el aceite vegetal usado, y reparten embudos, que facilitan a las personas el reciclado", explica Emilia Allegue. ¿Cómo se recicla el aceite vegetal usado? De forma sencilla. Para iniciar el ciclo de reciclado se necesita una botella de plástico y un embudo. Se vierte el aceite vegetal usado que tengamos en casa y que deseemos reciclar en la botella de plástico. Se cierra bien la botella y se lleva, lo más limpia posible, a un punto naranja de recogida. ¿Qué pasa luego con el aceite que las Mulleres Colleiteiras recogen? Algo maravilloso, que guardia muchos sueños. En primer lugar, finalizada la ruta del día, se lleva el aceite recogido al centro de operaciones de Mulleres Colleiteiras, en el Polígono de Oleiros, en A Coruña. En el Centro, en una nave alquilada a ese ayuntamiento desde 2016, se pesa el aceite de cada punto de recolección. Posteriormente, se vierte a través de un sistema de verja, con el que se hace el primer filtrado. En esta operación se vacía una a una cada botella de aceite. Una vez realizada esta operación se vierte el aceite en un tanque de 400 kilos. Aquí será valorizado, es decir, depurado por una empresa a la que Mulleres Colleiteiras se lo vende a 40 céntimos el kilo.  

“Vivo la experiencia de saber lo que es trabajar, es una oportunidad”, cuenta Montserrat, gitana de apenas veinte años tras empezar a trabajar en Mulleres Colleteiras.

Esta empresa se lo venderá a su vez, tras depurarlo o valorizarlo, a una multinacional que lo transformará en biodiesel. En un futuro próximo, gracias a la inversión de alrededor de 40.000 euros, que realizaron Mulleres Colleiteiras, de ese tanque de 400 kilos el aceite pasará a uno de 1500 en el cual, a través de un proceso de temperatura (por calor), se separará el aceite del agua y del residuo orgánico. Luego, el aceite pasará a una centrifugadora, donde se depurará de nuevo y finalmente a un tanque de 14.000 kilos, donde se almacenará. "Haremos nosotras todo el proceso de depuración convirtiéndonos en valorizadoras de este residuo. Para lograr esto, para el cual ya contamos con todas las infraestructuras, necesitamos 10.000 euros, que tendremos que depositar en la Xunta de Galicia para conseguir la autorización que nos lo permita. Este es uno de nuestros objetivos y también uno de nuestros sueños. Pero hay más: llevar este aceite, ya depurado en nuestro centro de operaciones, a las calderas de la calefacción de los colegios, a las de los centros cívicos, a las de las entidades financieras, de instituciones etcétera. Si lo logramos, cerraríamos el círculo, conseguiríamos aquello por lo que luchamos cada día: que la nuestra sea una empresa donde la economía circular y social estén completas", detalla Susana Pena Liaño y añade: "Trabajamos en un proyecto de I+D+ I de la Universidade da Coruña, en concreto con la Unidad de Combustible del Campus de Ferrol, con empresas de economía social y con la cooperativa Nosa Enerxía para lograr que el aceite que recogemos vaya, una vez depurado, a las calefacciones. Hoy este aceite se vende a empresas multinacionales pero se puede usar directamente en las calderas de calefacción, es decir, sin ser convertido en biodiesel". 

Después del Mercado de Conchiñas llegamos al punto de cosecha IBS Pai Rubinos, luego vamos al del Bar Atlántico 57, al del Orzán, al del Mercado de San Agustín, al de Cidade Vella, al de Praza Parque, al del Mercado Monte Alto, donde empezaron las Mulleres Colleiteiras, al del Parque de Marte, al del Campo de la Leña, al de Zalaeta, al de restaurante Overa y al del comedor de la empresa Showa Denko, desde donde nos dirigiremos al centro de operaciones para acompañar a las Mulleres Colleiteiras en la labor de pesado y vaciamiento del aceite.

"Además de estos proyectos, estamos realizando las diligencias necesarias para conseguir los certificados ISO 9001 y ISCC para la trazabilidad de biocarburantes. Son necesarios para que podamos participar en el concurso para la recogida de aceite vegetal usado del Consorcio das Mariñas. Por otro lado, nos presentamos al convenio para la limpieza de contenedores de aceite vegetal usado del Ayuntamiento de A Coruña, pero no nos admitieron porque somos una cooperativa sin ánimo de lucro. En sus bases solo se permite la participación de Empresas de Inserción Social y de Centros Especiales de Empleo. Recurrimos estas bases. Al fin, la empresa que ganó había cometido irregularidades graves en su gestión y le retiraron el convenio. Esperamos poder presentarnos cuando salga la oferta de nuevo", explica Susana Pena Liaño.

Acaba el día. El aceite está en el tanque. Todo en el Centro de Operaciones de Oleiros está ya limpio. Queda analizar cómo fue el día y la ruta de mañana. "Preparo las rutas una semana antes. Hay puntos a los que vamos a recoger el aceite cada quince días, otros, menos, una vez al mes, y otros una vez por semana. En base a esta planificación", aclara Susana Pena Liaño, quien como Sonia, Montserrat, Emilia, Soraya y Violeta, siente que está haciendo las cosas bien y que por eso Mulleres Colleiteiras tiene futuro a pesar del mercado negro de aceite vegetal usado, a pesar de las competencias desleales, a pesar de la perversión de las ayudas públicas. A pesar de todas las dificultades, ellas duplican su actividad cada año. Están ahí y ya son un referente del buen hacer.

Este artículo se publicó originalmente en gallego en la revista Luzes. Ahora Público lo reproduce como parte de un acuerdo de colaboración con la revista. Aquí puedes encontrar más artículos de Luzes en Público