¿'Body count'? ¡Qué coño, misoginia!
La historia ficticia de una infiltración en un campamento de la manosfera contada a través de 'reels'.

[REEL 1 · carpa grande, sillas de plástico en filas, proyector con una pirámide dibujada a mano]
La red Pill de hoy está anunciada como "Verdades incómodas sobre la naturaleza femenina". Subtítulo: "Entendiendo a la mujer moderna". Afú. Siento vibras de las Cosmopolitan de los primeros 2000 de mi madre y de los libros de la Sección Femenina que guardaba mi abuela. ¿Seré yo, Vera, una mujer moderna? Creo que, en realidad, poco les importa lo que nosotras pensemos. Ahora sólo les servimos como NPCs de su videojuego. Estoy empezando a pensar que lo que desearían es amarse entre ellos sin fin pero, ¡oh, no, aparta de mí ese cáliz!, nos necesitan como atrezzo distractor de su homofobia interiorizada. Y me da pena, porque Iván me solía escuchar y hasta tener en cuenta. Ahora parecen saber mucho más de nosotras que nosotras mismas. Tener acceso a nuestras cabezas. A nuestra subjetividad, que dirían Sarah y Marta. Somos su último wearable.
El mini Ragnar que imparte el taller dibuja con su tableta gráfica la pirámide de la "jerarquía sociosexual". Sí, la misma que Marta me dibujó con el dedo en la harina esparcida sobre la mesa hace tres noches. Pero, aham, después viene algún otro concepto nuevo, como hipergamia. Palabra súper fina para una idea, en realidad, bastante vieja: esa de que las mujeres siempre vamos buscando nuestras parejas por arriba de la tabla a ver quién tiene más dinero, más estatus o más músculos. Como si fichar compañero de vida fuera ir subiendo plantas en El Corte Inglés.
Kevin, dos filas por delante, ya no tiene la libreta de tres colores abierta sobre las rodillas como el primer día. La tiene cerrada, sobre el regazo. ¿A ver si es que Marta y yo estamos haciendo mella en su "programa" y de aquí sacamos al menos a uno? Ahora el monitor salta a otro concepto: el body count, una palabra que, por lo que sea, está saliendo muchísimo en este campamento, bro. No, chicos, no va de cuántos cuerpos caben en una habitación ni nada de eso, nada que ver con los Lunnis y Lucrecia enseñándote a contar. Simplemente se refiere al número total de personas con las que has tenido relaciones sexuales en tu vida. ¿Ellos? Sí, pero no. El body count nos penaliza a nosotras. Curioso. Ellos sueñan con acostarse con muchas mujeres pero luego esperan casarse con una que no se haya acostado con nadie. Aunque ya os digo que a mí lo de llevar camisetas con nombres de tíos en la parte de atrás y adorarse entre tanto entre sí me suena más a utopía homoerótica. Y sería taaan guay que dieran rienda suelta a su deseo…, ¡y nos dejaran en paz de una vez! ¿Tú has contado alguna vez con cuantas personas has estado en tu vida? Claro que las has contado alguna vez. Y hasta dos veces. Yo también. Pero no sabía que hoy día eso pudiera ser un dato comprometedor. Un facto, como dicen ellos.
Pues según nuestro mini gurú de hoy dice que este número habla mucho sobre una mujer. Cuanto más alto, peor. Menos valor. Cuanto más bajo, más "alto valor". Quieren reducir nuestra vida sexual a una cifra, vamos, pedir el historial académico de mi coño. Me quedo pensando. Esto nunca lo había hablado antes con Iván. ¿Tendré que mentirle ahora? Lo miro y sigue en su sitio, alineado, enfocado. Mirándome y diría que contando en bajito. No solo quieren controlar nuestro presente, también nuestro pasado. Lo entendí demasiado tarde. Me recorre un escalofrío.
[REEL 2 · misma carpa, un cuarto de hora después, Vera muy quieta]
Y entonces la charla deja de ser sobre "la mujer moderna", en general, y empieza a volverse más concreta: el monitor se centra en los atributos de dicha "mujer de alto valor": la que no humilla a su hombre en público, la que no discute cada decisión, la que entiende el liderazgo dentro de la relación sin que haga falta explicárselo dos veces. Me fijo otra vez en Kevin (se está convirtiendo en mi particular "Liberad a Willy") y recuerdo la puntuación que le dio Chad en el taller de mascar, masticar o ensanchar la barbilla. ¿Eso no es humillar? De nuevo, la revelación de la obviedad: esto no va de nosotras, esto va de ellos. De demostrar poder dentro de la manada, capacidad de dominio. Y Kevin es el saco de todas las hostias, el alumno pobre que siempre está debajo sujetando la pirámide.
Siento que todas las miradas se vuelven hacia mí. Y que, claro, me están escaneando y "valorando", tienen que entrenar esta técnica. ¡Esto va de superarse! Mi plan de pasar desapercibida como la inocente novia de Iván en este campamento tal vez se esté resquebrajando. Al fin y al cabo solo soy una chica. Un sujeto del que desconfiar hasta que no se demuestre lo contrario. Porque, claro, no hay nada que una más a la comunidad que un enemigo común. Y ese enemigo somos nosotras, las tías, las feministas, la dictadura woke, la ideología de género, las Charos-Karen-Girls psoizadas y sumarizadas y todo el lore que les crió. Y las girls, como mucho, a girlear. Lo justo para comentar partidos con perfil bajo y reírles las gracias, pero que no se te olvide bajar el listón de tu inteligencia, tata. Creo que la falta de protección solar me está empezando a afectar al cerebro (no os he contado que en homenaje a Marcos Llorente aquí nadie usa ni gota de protección solar). Un réquiem por el SPF Factor 50.
Iván me mira como si no me conociera. Porque lo que está describiendo el monitor es mi personaje, el que llevo interpretando delante de él desde el primer reel de esta serie: la novia que sonríe, que pregunta poco, que parece no enterarse de nada para poder enterarse de todo, la que aprendió a colocar la voz de bebé para rematar el personaje. Y resulta que ese disfraz tiene nombre aquí dentro, y está en el escalón de arriba de la pirámide. Llevo seis días pensando que mi tapadera era mi ventaja y va a resultar que la grieta y el modelo encajan. Cazadora cazada.
Se me ha debido de notar algo en la cara, porque el chico sentado a mi lado, uno de los del Coliseo, no me acuerdo de su nombre, solo que es un alumno aventajado, me ha preguntado bajito si estaba bien. Y yo, sin pensarlo, sin el filtro puesto, le he dicho: "Es que todo esto me parece una gilipollez, esto, lo de la pirámide, bro." Silencio de dos segundos. El chico se ha reído conmigo en una carcajada histérica. Y es que no hay nada que les ponga más que una chica inofensiva que de vez en cuando es capaz de convertirse en amiga de los chicos. No sé si sentirme orgullosa de lo bien que actúo o asustada de lo bien que encajo. Mis pequitas y mi carita de Stacey ayudan, no nos vamos a engañar.
[REEL 3 · camino entre las tiendas, última luz de la tarde]
Así que nada, chicos, la charla de hoy prometía hablar de números —cuántas parejas, cuántos puntos en la pirámide, cuánto vale cada quien en su famoso mercado— pero la única cuenta que de verdad se lleva aquí, la que a nadie se le olvida nunca, es la del banco de Ragnar, el macho sigma de este cutre resort. La jerarquía sociosexual es un andamiaje para tapar algo mucho más burdo: quién paga, quién cobra, y quién acaba siendo, sin comerlo ni beberlo, el producto estrella del catálogo, y, además, se lleva comisión por venderlo. Esta noche, mientras se apaga la última luz de la carpa, pienso que dentro de poco voy a tener que sentarme con Chat GPT a calcular todo lo que llevamos gastado desde que empezó el campamento. Sospecho que el resultado no me va a gustar nada.
[REEL 4 · dentro de la tienda, ya de noche, solo ilumina el arito de luz de influencer]
Así que sí, llevo seis días disfrazada de la novia perfecta para no levantar sospechas, y hoy un tío con tableta gráfica y tableta abdominal me acaba de dejar en jaque: ya no sé muy bien quién investiga a quién. Si yo a ellos, o ellos a la chica que llevo interpretando desde hace cuatro años sin que nadie, ni siquiera yo, se hubiera parado a preguntarse de qué coño iba el papel y, lo más importante, a quién o para qué sirve. Cada pieza encaja perfecto con la siguiente en su lore, y lo más jodido es que su mundo inventado no es inocuo: es control, control, control. Sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras vidas, sobre nuestra independencia. La hipergamia les sirve para decirnos con quién deberíamos estar. El body count, para juzgarnos por con quién estuvimos. Entre las dos cosas no queda sitio para una sola decisión nuestra. Lo llaman valor de mercado sexual. Yo ya no sé cómo llamarlo. Bueno, sí. Misoginia. Sin pirámides, sin anglicismos y sin presentaciones hechas por IAs.
En fin, un puto retroceso a los tiempos de mi abuela. Como en sus criptoestafas piramidales o sus funnels (embudos de toda la vida) emocional, toda esta partida está amañada desde el principio. Pero, ¿quién sabe? Quizá mañana, en un alarde de sobreadaptación, me levante disociada viva y con ganas de hornear un lemon pie. Y un día, ya no tendré que forzar la voz de pito para seguir cocinando para Iván y echando backlash por esta boquita mientras engroso la lista de patrocinios. Yo también aprenderé a hacer caja a costa de este delirio. ¿Qué os creíais? Good night, mis amores.
#asediodealamanosfera #ragnarcamp #bodycount
Asedio a la manosfera
Lee aquí la serie completa:
Es una serie veraniega de diez capítulos que narra la infiltración de Vera, una chavala disfrazada de novia despistada, en Ragnar Camp, campamento ficticio masculinizante donde se dan cita prácticas de fitness extremo, biohacking absurdo, incels de cercanías, emprendimiento chuchurrío, criptocultura y otras técnicas de captación típicas de las sectas comerciales. Una investigación narrada como comedia de infiltración.



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