Entrevista a Joanna Pardos"La fuerza del 'Se Acabó' es que señala discriminaciones sistémicas que están absolutamente normalizadas"
Hablamos con la directora catalana, que ha sido premiada en los International Emmy Awards por el documental '#Seacabó: Diario de las campeonas'.

Barcelona-
El documental #Seacabó: Diario de las campeonas, producido por You First Originals y emitido en Netflix, empezó a gestarse mucho antes de la agresión de Luis Rubiales, entonces presidente de la Federación Española de Fútbol, a la jugadora Jennifer Hermoso durante la celebración del Mundial ganado por la selección española femenina. Su directora, la catalana Joanna Pardos, lo empezó a maquinar mientras grababa —en plena "revolución de las 15"— la docuserie sobre la futbolista del Barça Alexia Putellas, Labor Omnia Vincit. Pero las jugadoras eran reticentes a hacer público su malestar por las consecuencias que podía tener para sus carreras deportivas después de años de lucha.
Hasta el 20 de agosto de 2023, cuando el beso no consentido de Rubiales a Hermoso acabó con la paciencia y el "silencio" de las jugadoras. Fue el detonante que sacó a la luz una Federación profundamente atravesada por comportamientos machistas y de desprecio hacia las jugadoras. Por eso, la película no se limita a reconstruir aquel episodio en concreto, va mucho más allá y señala un sistema que no considera a las futbolistas como profesionales con derechos.
En una entrevista con Público, Pardos —premiada en los International Emmy Awards por el documental— lo vincula a una impunidad machista arraigada. "Si un presidente se atreve a dar un beso en la boca de forma no consentida a una mujer ante los ojos de todo el mundo, es que hace mucho tiempo que siente una impunidad brutal para tratarla como le da la gana". El relato también pone en el centro la valentía de las jugadoras que han dicho basta, asumiendo un coste personal y deportivo enorme.
El documental conecta la revolución del fútbol femenino con otras olas feministas globales, pero Pardos subraya que en esta no solo se denuncia una agresión, sino toda una trama de desigualdad estructural. A la vez, el film abre una rendija de esperanza. "Las generaciones que vienen, las nuevas Aitanas, heredan un camino un poco menos hostil gracias a esta lucha colectiva, y con un horizonte claro: que algún día las futbolistas solo tengan que preocuparse de jugar al fútbol", sentencia Pardos.
¿Cuál fue el momento en el que dijo: "Hay que hacer un documental sobre esto"?
Todo el mundo imagina que nace a partir del beso de Rubiales. Pero es un tema que yo ya tenía en la cabeza desde hacía mucho tiempo, porque había hecho previamente el documental sobre la historia de Alèxia Putellas y ya iba viendo todas las manipulaciones de la Federación, el chantaje, las presiones, cómo los medios también le estaban haciendo el juego a la Federación… Poco a poco fui siendo consciente de la problemática con mis propios ojos, y siempre le decía a Alexia que algún día tendríamos que explicar el Watergate de la selección española y todo lo que vivís.
Al final, ellas —las jugadoras— estaban secuestradas por el silencio forzado al que las tenía obligadas Luis Rubiales, que veía cualquier crítica o petición —que no tenía por qué ser más que pedir recursos para trabajar— como un enfrentamiento personal. Y respondía a estas críticas o demandas amenazándolas con sus puestos en la Federación. Ellas sabían lo que significaba confrontar con la Federación y los pocos lugares disponibles que hay para jugar: ¿quién está dispuesto a poner en riesgo su carrera?
Con Alèxia decíamos: cuando os jubiléis, cuando ya no vayáis a la selección, deberíamos explicarlo. Lo que no imaginaba es que casi un año después Rubiales haría una salvajada de estas características en la final del Mundial, y que eso nos pondría en bandeja poder hablar de este tema. También que las plataformas se interesaran por el tema, porque sin este escándalo seguramente nadie habría apostado por esta historia, y que ellas se sintieran con la valentía, con el apoyo de toda la sociedad que había salido a la calle diciendo "esto no puede ser", y que de alguna manera se liberaran de la mochila que les generaba la presidencia de Rubiales.
Antes de ver el documental supuse que se centraría mucho en el escándalo del beso, pero la sensación al acabarlo es que el beso es un elemento más de todas estas presiones o dinámicas machistas que sufrían las jugadoras desde dentro por parte de la Federación.
Por sí sola, Se acabó ya es una historia de película de ficción. Estás todo el tiempo en guerra contra un enemigo que no te deja alcanzar tu objetivo, no puedes confrontarlo, y cuando piensas que ya has logrado lo que querías —ganar el Mundial—, él —Rubiales— vuelve a contraatacar. Y cuando digo contraatacar no es solo ese beso, es cuando él se agarra los genitales y mira al palco, y todas las declaraciones que hace cuando las jugadoras ganan la semifinal y la final, buscando ese reconocimiento de "tenía razón". Toda esta guerra hace que el beso sea la gota que colma el vaso de una confrontación, un maltrato y un desprecio que venía de mucho tiempo atrás.
Para mí, en esta historia era muy importante entender, y tiene mucho que ver con el machismo, que estos comportamientos no vienen de la nada. En el momento en que te atreves a dar un beso en la boca de forma no consentida a una mujer ante los ojos de todo el mundo, es que hace mucho tiempo que sientes una impunidad brutal para tratarla como te da la gana. No es algo que surge de repente. Por lo tanto, ese beso lo único que hacía era mostrarnos a los demás algo que estaba oculto. No solo explica este desprecio durante décadas hacia estas trabajadoras —porque al final son trabajadoras de la selección española—, sino que demuestra esta impunidad del machismo. Cuando normalizamos determinadas conductas, es cuando nos decimos "solo es un beso". Hasta que un juez ha dicho que es una agresión sexual.
A mí me gusta pensar que ante una situación así nadie volverá a reaccionar de la misma manera. El Se acabó ha marcado un antes y un después. Gracias a lo que han hecho ellas, a lo firme que fue Jenny, los Rubiales que aún quedan, o ya no se atreverán a hacerlo, o si asoman un poco la pata les diremos: fuera, se acabó.
Ya sabemos que en lugares de poder como es la Federación hay actitudes machistas. Pero cuando se sumergió en su universo, ¿le sorprendió que este tipo de comportamientos estuvieran tan normalizados?
No, porque creo que la manera de gobernar la Federación de Luis Rubiales era un secreto a voces. Ya había creado un clientelismo, una forma de generar un gobierno de vasallos que nadie se atrevía a cuestionar. Ese gobierno era la historia del rey desnudo.
Lo que pasa en el mundo del fútbol, o en el deporte en general, es que, no sé por qué motivo, es como si las normativas laborales no existieran. E Irene lo dice muy bien en el documental: "Nosotras lo único que pedíamos eran cosas básicas, no pedíamos ni coches caros ni vuelos en jet privado". Cuando ellas decían "necesitamos un gimnasio en condiciones", es porque no podían ni utilizar el gimnasio de los chicos cuando no lo usaban, cuando estaba vacío. No nos imaginamos ningún trabajo en el que las mujeres tuviéramos que escribir a máquina y los hombres en ordenador, porque eso sería una discriminación laboral institucionalizada. Pues durante mucho tiempo, en el mundo del deporte hemos normalizado que se trate de manera diferente a un género y al otro, y eso es discriminación institucionalizada.
No me sorprendió porque nos hemos acostumbrado, pero gracias no solo al Se acabó, sino a otros gestos de deportistas mujeres en otros deportes —no solo en el fútbol—, empezamos a entender que estas actitudes ya no pueden existir, que debemos tener igualdad de oportunidades. Y ellas lo están demostrando. Cuando se han puesto más recursos y más visibilidad, estas mujeres lo han petado. La gente no se sube a un autobús del Barça para irse a la otra punta de Europa para hacer una obra de caridad. Se van porque verán fútbol y pasarán una noche con un espectáculo fantástico. Si no, no te gastas 100 euros para ir a ver una final donde sea. En el momento en que se las trata en igualdad, los resultados llegan.
En un mundo de polémicas y redes sociales, a veces da respeto posicionarse o dar una opinión. En el caso del fútbol femenino, ¿las jugadoras tenían ganas de hacerlo?
Y no solo eso. Las jugadoras se mueven en el deporte femenino, pero su entorno está absolutamente masculinizado y muchas veces es muy machista. Me refiero a representantes, marcas, clubes… Todo el entorno profesional con el que trabajan son hombres que continuamente les recomiendan que seguir el camino marcado es lo que les será más positivo y óptimo. Es la actitud que han tenido normalmente los jugadores hombres: huir de posicionarse en nada que sea social, político o polémico, porque al final las marcas huyen de las polémicas. Pero creo que ellas han demostrado que los deportistas que acaban siendo referentes sociales y, de alguna manera, héroes para nuestros niños y niñas, tienen una responsabilidad que va más allá de chutar la pelota. Los imitamos, los admiramos, y eso acaba teniendo un impacto en el mundo que generamos.
En este sentido, creo que han mostrado un punto de inflexión, volviendo a demostrar cómo el deporte es un gran vehiculador de cambio social y que, cuando no es así, es un perpetuador de dinámicas machistas o capitalistas, o del estilo que sean.
En el documental las jugadoras sugieren que hay un cambio de generación y de mentalidad que ha permitido esta explosión de reivindicación. ¿Por qué cree que ha tardado tanto en llegar?
Las cosas no pasan solo por un motivo. Se han juntado varios factores. Primero de todo, la apuesta de algunos clubes y el hecho de que se hayan creado estrellas dentro del fútbol femenino, como Alexia, Aitana, Irene [Paredes], Jenny. También un trabajo hecho en los clubes, como el Barça, que llevan muchos años haciendo una apuesta silenciosa, al principio sin demasiados resultados, por el equipo femenino.
A medida que estas mujeres se han ido profesionalizando en su club, cuando han llegado a la selección han sido más demandantes de recursos para poder hacer bien su trabajo. Si en tu club tienes nutricionista, preparación física y recursos para ir y ganar una Champions, y cuando vas a la selección te dicen que no tienes gimnasio, ni dieta, ni preparador, como eres profesional te preguntas: ¿por qué? Por lo tanto, hay un apoyo previo de los clubes, de la sociedad y de haber creado la visibilidad y el espacio para que sus partidos se puedan ver. Hay que crear la demanda de tener ganas de seguirlas. Al final, pedían cosas muy básicas, y ahora que se las han empezado a dar, lo están haciendo muy bien.
Y, mirándolo solo desde el punto de vista comercial, no debemos olvidar que la Federación debería haber sido la punta de lanza. Aunque funcione de manera privada, cumple funciones públicas delegadas. Lo que la Federación de fútbol gestiona es algo que es de todos: unos colores, una pasión, unas futbolistas que representan al Estado español.
Por lo tanto, ¿la Federación ha obviado esta nueva realidad de jugadoras profesionalizadas? ¿Se encontró con un choque de realidad cuando pasó todo lo que pasó?
Yo creo que Rubiales no midió bien el nivel de madurez de la sociedad, en cuanto a feminismo y justicia social, cuando hace esa barbaridad en medio del campo. Tuvo muchas oportunidades de pedir disculpas para que la cosa no se desmadrara tanto, pero creo que no calculó lo que le venía encima, que ya no lo dejarían pasar. Estamos en un momento, desgraciadamente, de transición, donde para los equipos femeninos o para las mujeres en determinados puestos laborales la igualdad sigue siendo todavía una medida muy estética y muy obligada.
Muchas veces soy consciente de que me están ofreciendo dirigir algo porque la subvención del ICEC o del ICA tendrá más puntos si lo dirige una mujer. Entiendo que este tipo de medidas, de manera transitoria hasta que esto pase de manera natural, son necesarias, pero a la vez devalúan nuestro trabajo, porque el trabajo que hacen estas mujeres como deportistas, o el que hago yo como directora, ya ha demostrado unos resultados que requerirían que se nos tratara de manera igualitaria en cuanto a oportunidades laborales.
Sin una mirada como la suya como directora quizá este documental no habría salido como ha salido.
No sé si estoy totalmente de acuerdo con eso, porque trabajo —por suerte, y eso me hace tener esperanza— con un equipo donde hay compañeros con una mirada feminista como la mía y hemos estado muy alineados en el enfoque del documental. La riqueza de los guiones, las películas y toda la cultura que consumimos aumenta cuanto más diversa es la autoría, y no solo de género, sino de estatus social, de origen… Cuanta más rica es la diversidad, más enriquecedores son los relatos, porque representan más miradas sobre la sociedad.
Lo que me gustaría es pensar que una película que tenga unos valores feministas no dependa de que la dirija un hombre o una mujer. Tengo claro que si la dirijo yo, los tendrá; he comprobado que muchos compañeros míos también los tienen. Y me gustaría pensar que, en el futuro, que una película represente la voz de estas jugadoras de una manera feminista no dependa del género.
Cuando renuncian a la Federación, todo lo que pasó en el Mundial, el comunicado que firmaron todas las jugadoras después… esta explosión reivindicativa nacida dentro del fútbol femenino, ¿se ha erigido como una de las máximas expresiones contra esta ola reaccionaria que nos viene de la extrema derecha?
En aquel momento, el Se Acabó se comparó mucho con el Me Too. El Me Too era muy visible porque las agresiones que denunciaba eran muy visibles, son las peores. Pero el Se Acabó señalaba discriminaciones sistémicas a menudo subterráneas y ocultas porque las hemos normalizado y están absolutamente integradas en nuestra vida. Precisamente por invisibles tienen un poder enorme a la hora de perpetuar este dominio de género que nos impide desarrollarnos en igualdad de condiciones, hombres y mujeres.
Para mí, el Se Acabó es esencial porque detectamos cosas de nuestra vida de las que no somos conscientes y que nos impiden vivir en una sociedad justa. En este sentido, en un momento del documental, Jenny le dice a Alexia: "Yo estaba llorando y tú estabas a mi lado y no hiciste nada", y Alexia se da cuenta y dice: "Ostras, no fui consciente de nada en ese momento". Creo que están representando algo que nos ha pasado a todas. A veces no hemos prestado suficiente atención a esos pequeños gestos, hemos mirado hacia otro lado. Pero gracias a que ellas lo explican de esta manera tan honesta, con tanta verdad y pureza, seguro que en nuestro día a día no giraremos la mirada hacia otra parte si nos vuelve a pasar.
¿La sentencia a Rubiales le decepcionó?
El hecho de que un juez diga que esto es una agresión sexual es una victoria brutal para el feminismo y para una sociedad más segura. Ahora bien, la sentencia absuelve a Rubiales del delito de coacciones. Yo no soy jurista ni experta, pero me parece muy grave que un señor, estando en la presidencia de una institución, manipule comunicados, haga declaraciones a la prensa con palabras que una jugadora no ha dicho, jugando con su honor y su verdad; que la llamen, que le escriban mensajes y la fuercen a hablar en múltiples ocasiones. Esto, de alguna manera, creo que debería ser punible o evitable. No me imagino que en mi trabajo mi jefe, si yo no quiero hacer algo, me llame repetidamente. Legalmente no sé qué delito sería, pero como ciudadana pienso que debemos estar protegidos para que un jefe no pueda hacernos esto.
Ya para acabar, en el documental, una de las últimas reflexiones es que "la próxima Aitana está ahí fuera". ¿Qué fútbol femenino se encontrará la futura Aitana?
La Aitana actual ya no se ha encontrado con las dificultades de las más veteranas, Jenny e Irene. Alexia es un poco más joven, pero seguramente Aitana no lo ha vivido, y Vicky [López] aún lo ha vivido menos. Espero que las que están ahora en la cantera ya no tengan que preocuparse nunca más de hacer este doble trabajo: la jornada dentro del campo y la de fuera, negociando constantemente condiciones, recursos y todo lo que necesitan para poder jugar al fútbol.
Lo que han hecho ellas es muy generoso y muy potente, sobre todo la gran renuncia y sacrificio que hacen las 15 que deciden no ir al Mundial: Mapi [León], Patri [Guijarro], Clàudia [Pina]… Todas estas jugadoras no se beneficiarán de su renuncia. Es fuerte, porque la carrera futbolística es tan corta… Han luchado tanto que no pueden ser más generosas. Son conscientes, en el momento en que no van al Mundial, de que el beneficio de esto nunca será para ellas, sino para las jugadoras del futuro.
Todo lo que han hecho, las renuncias que han asumido y el daño que eso ha causado a sus carreras es tan bestia que no quiero ni imaginar un escenario donde esto no se resuelva en el futuro. Me gustaría mucho que no tengan que preocuparse de hacer nada más que jugar al fútbol, porque eso es la verdadera igualdad. Alexia me dice muchas veces: "Yo no sentiré que me tratan de manera igualitaria hasta que no vea una entrevista donde se hable de jugadas, de fichajes, del partido, de la temporada, y que la mayoría de las preguntas no tengan que ver con las problemáticas del deporte femenino". Y eso, de alguna manera, hace que todavía no exista una igualdad total.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.