Opinión
Alatriste en el Gran Bazar de Teherán

Periodista
-Actualizado a
El otro día, por causas ajenas a mi voluntad, tropecé con un tuit en el que Arturo Pérez-Reverte se atribuía ciertos méritos visionarios. El académico compartía un articulito de firma propia fechado en 1979, “recién caído el sha, cuando la izquierda española (poco viajada) aplaudía el islamismo y a Jomeini como adalid de libertad, igualdad y fraternidad”. En la época en que el dictador Mohammad Reza Pahleví salió pitando de Teherán, Pérez-Reverte tenía veintisiete años y curraba para el diario Pueblo. Desde aquellas páginas escribió: “ahora es cuando los iraníes se van a enterar de lo que vale un peine”.
Me mueve un genuino sentimiento de curiosidad. ¿Cuál es esa izquierda española de poco mundo que se echó en los brazos amantísimos del ayatolá? A Michel Foucault, por ejemplo, se le reprocha haber subestimado la vocación autoritaria de los dirigentes islámicos. Sin embargo, al tiempo que Pérez-Reverte reportaba para Pueblo, el filósofo francés advertía en el Corriere della sera que los marxistas iraníes tenían una agenda incompatible con las pretensiones de los clérigos: “El islam corre el riesgo de constituir un gigantesco polvorín”. En todo caso, Foucault ni siquiera encaja en la caricatura de una izquierda española poco viajada.
Continúo con mis pesquisas y aterrizo en las páginas de El País. En septiembre de 1979, Jaime Pastor denuncia en nombre de la LCR que Jomeini no solo está desmantelando las conquistas del movimiento de masas que derrocó al Sah sino que además está desatando una cacería furiosa contra sus adversarios, entre ellos los comunistas del Partido Tudeh y el Partido Socialista de los Trabajadores. Mucho antes de la ola represiva, la LCR pronosticaba en su órgano Combate que Jomeini abortaría cualquier solución democrática y pondría en peligro los derechos de las mujeres y las minorías nacionales.
¿A qué se refiere Pérez-Reverte con “izquierda española (poco viajada)”? ¿Al PCE? ¿Al PSOE? En agosto de 1979, Mundo Obrero clama contra la ola coercitiva del ayatolá: “Comunistas y kurdos, víctimas principales”. El clamor se reproduce en diversas portadas con imágenes sangrientas: “Jomeini, la dialéctica de la muerte”; “Los paredones de Jomeini”. Las páginas de El Socialista tampoco parecen mostrar ninguna simpatía por el nuevo orden. En febrero de 1979, el órgano del PSOE deduce de las palabras del ayatolá que su proyecto podría traducirse “en una dictadura personal”. Meses después, el viñetista Rioja dibuja a un clérigo barbudo que pisotea la prensa con una sonrisa malvada.
Esa izquierda española de la que habla Pérez-Reverte desprende el aroma inconfundible de las falacias de hombre de paja. Es verdad que las izquierdas occidentales celebraron el finiquito del Sah. Para entonces, Amnistía Internacional le atribuía un longevo currículum de detenciones arbitrarias, torturas y ejecuciones. De hecho, en plena revolución, sus hombres habían tirado a matar contra las multitudes. Puestos a jugar sobre premisas trucadas, cabe preguntarse si Pérez-Reverte siente añoranzas imperiales y si desea el regreso triunfal de Reza Pahlavi como legítimo heredero.
No sabemos qué izquierda española puso ojitos a Jomeini, pero sí se sabe quiénes tontearan con el Sah. En 1977, desde su guarida palaciega, Juan Carlos I se permitió el atrevimiento de pedirle unas perras a su “querido hermano”, el emperador de Persia. Asadollah Alam incorporó la carta manuscrita a su libro El Sah y yo. Dice el emérito que necesita diez millones de dólares para que su apuesta por Adolfo Suárez prospere y los marxistas no terminen ganándole las elecciones. Según José García Abad, la guita que pedía el rey a los sátrapas orientales llegaba con más diligencia a la Zarzuela que a la Moncloa.
Visto el desliz argumental de Pérez-Reverte, habrá que plantear una hipótesis más plausible: la derecha española (viajadísima) utiliza los avatares de la política internacional como un mero pretexto para demonizar a sus enemigos domésticos. Para muestra, el botón de Isabel Díaz-Ayuso, que el otro día quiso defender el honor de Julio Iglesias arremetiendo contra “el silencio cómplice de la ultraizquierda” en Irán. En honor a la verdad, la presidentérrima lleva varios años dando pábulo a la fantasía de la financiación iraní de Podemos. El falso Informe Pisa, aireado por Eduardo Inda y repetido por medios aparentemente profesionales, puso la primera semilla del bulo. Y hasta ahora.
La estrategia es sencilla. Se trata de crear villanos de película y buscarles lazos imposibles con el adversario. Así, se supone que Putin es amigo de la izquierda aunque en realidad fue el PP quien le entregó la Llave de Oro de la Villa de Madrid y era el rey Juan Carlos I quien se iba con él de caza. La misma jugada se repite en Irán. Después de tanta patraña peliculera, resultó que no era Podemos sino Vox quien recibía pasta iraní en contra de lo que permite la Ley Electoral. Para más inri, los padrinos persas de Abascal tenían su brazo armado en la lista estadounidense de organizaciones terroristas.
Los salvapatrias de las barras y las estrellas, por cierto, sí que dieron aliento a la República Islámica. Jimmy Carter mantuvo un contacto fluido con Jomeini antes de la revolución. Después, durante la guerra entre Irán e Irak, la administración Reagan suministró armamento a los ayatolás para financiar a la Contra nicaragüense. Hoy las sucursales trumpistas, desde Ayuso hasta Abascal, parecen pedir a gritos una nueva injerencia estadounidense. La izquierda no es inmune a los desaciertos geopolíticos, pero esta derecha de palo está más perdida que Alatriste en el Gran Bazar de Teherán.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.