Opinión
Ayuso, de Madrid a la Trump Tower

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
Este 10 de marzo se cumplieron cinco años desde que la presidenta de la Comunidad de Madrid adelantó las elecciones autonómicas que le darían una contundente mayoría absoluta en plena pandemia. Isabel Díaz Ayuso (mal)sospechaba de su socio de Gobierno, Ciudadanos, y de su vicepresidente Ignacio Aguado, después del intento fracasado de moción de censura entonces por la que PSOE y Cs pretendían tumbar el Ejecutivo de la Región de Murcia (PP y Cs) y, según Ayuso, todos los demás de las comunidades donde gobernara la coalición; entre ellos, el de la Comunidad de Madrid.
Ayuso adelantó elecciones hace cinco años y desde entonces, su carrera hacia el extremismo populista de derechas no conoce límites. En Madrid, de hecho, Vox es anecdótico en comparación con el ascenso electoral que se avecina en el resto de España si el espacio progresista no lo remedia. La presidenta madrileña, por ejemplo, ha pasado de apoyar el derecho al aborto de menores de 16 y 17 años sin consentimiento paterno en 2022 a mandar a las mujeres a abortar fuera de Madrid en 2025 porque el Ministerio de Sanidad le pide un registro de los médicos objetores que se niegan a practicarlos. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) ha rechazado el bloqueo de Ayuso a Sanidad y le ordena que cree el registro de objetores, pero la presidenta ya ha anunciado que recurrirá. A ver si ahora va a ser ella menos que Trump: "La vida gana a la muerte: el gigante del aborto de EE.UU. cierra 70 clínicas gracias a las políticas de Trump", titulaba el entregado ayusista, El Debate, en noviembre de 2025 celebrando lo que sus no-lectores deberían celebrar.
La mejor discípula de Esperanza Aguirre en el PP ha encontrado la horma de su zapato en el presidente de EE.UU., o más bien, la bota a la que abrillantar a diario. Dudo mucho de que Donald Trump sepa dónde esta Madrid o, para ser más justa, de que la capital de España está dentro de una comunidad autónoma, una región, un territorio con competencias de gobierno propias que no llegan a lo federal, pero que para Isabel Díaz Ayuso es como si fuera independiente del resto de España. Pero no "independiente" como pretenden Junts, la CUP o ERC con Catalunya, no: para la presidenta madrileña, Madrid debe ser colonia de EE.UU. en pleno centro de la Península Ibérica. Solo así, en una concepción distorsionada de la admiración, puede explicarse la cantidad de boutades que debemos escuchar y ver a diario sobre el entreguismo bochornoso a Trump de una presunta patriota.
Repasemos: EE.UU., definido como el "principal faro del mundo libre" por Ayuso desde que está Trump; Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid para EE.UU. por su labor "en favor de la hispanidad", mientras Trump deporta a miles de inmigrantes hispanos, y ahora, celebración del Independence Day, el 4 de julio, en Madrid, el mismo día del desfile del Orgullo Gay en la capital; todo ello, sin contar con que la presidenta madrileña ha viajado más a EE.UU. que a Valdemorillo, incluso, para reunirse en Nueva York con el alcalde de Sevilla, ya que la capital andaluza no le parece que esté lo suficientemente lejos para escapar de las decisiones de los tribunales sobre Quirón, sobre su pareja y Quirón, valga la redundancia, o sobre las citadas obligaciones de su Gobierno con respecto al derecho al aborto de las mujeres madrileñas. Y el presidente de EE.UU., entretenido en un bombardeo global de todo aquel país discordante, ni las gracias le da a una Ayuso desgañitada con nuestros impuestos en loas a los crímenes libertarios del trumpismo. Pobre.
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