Opinión
Bienvenidos a la "era del caos" de la mano de Trump y Putin

Por Bruno Estrada
Economista
-Actualizado a
La ilegal intervención de EEUU en Venezuela es la terrible confirmación de que hemos entrado en la "era del Caos".
Ya hace siete años, el Club Valdai, un importante think-thank ruso estrechamente vinculado a Putin, planteó una profunda reflexión sobre los cambios que están ocurriendo en el planeta en el informe Vivir en un mundo que se desmorona. El análisis partía de la base de que el caos representa una etapa natural e inevitable de las actuales relaciones internacionales: "El mundo ha emprendido una nueva dirección, inaugurando la era de las decisiones unilaterales. Se trata de una tendencia objetiva, que es inútil intentar controlar (…) ya no se trata de restaurar una forma de control global, sino de asegurar la propia supervivencia y adaptación (…) Solo aquellos que sean capaces de reaccionar rápidamente podrán salir airosos".
Según el Club Valdai en este entorno crecientemente caótico, el vencedor no será aquel que se empeñe en restablecer su dominio en un marco institucional internacional, que está desapareciendo, sino aquel que sepa adaptar constantemente sus acciones, a la vez que eludir o reescribir las normas internacionales en su beneficio.
Esta doctrina es la que estaría definiendo las relaciones exteriores de Rusia con Putin, en un momento en el que los antiguos "centros de gravedad" se han derrumbado, sin que todavía se haya constituido y estabilizado ningún sistema alternativo de alianzas, instituciones y normas (Anton Barbashin en Le Gran Continent)
Pero lo realmente alarmante de la ilegal invasión de Venezuela es que certifica algo mucho más grave, que esta "doctrina del caos" también está rigiendo las actuaciones de la política exterior estadounidense, no solo en términos declarativos, como recogía su Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) presentada a finales de 2025.
¿Cuáles son los elementos que definen de esa "doctrina del caos" que parecen compartir Trump y Putin?
- Nunca se restaurará el mundo de antaño.
- El caos es fundamentalmente ingobernable.
- Cada país debe buscar cómo resolver los conflictos por su cuenta.
- El universalismo y la justicia global han llegado al final de su ciclo.
- En este escenario la fuerza militar es la última garantía de la supervivencia nacional.
Según el Club Valdai los países que se empeñan en preservar el mundo del pasado, empezando por los estados occidentales, finalmente se verán obligados a reconocer la inutilidad de sus esfuerzos. Ya que una de las características esenciales del mundo que está llegando es que, tanto la práctica política de los Estados como la toma de decisiones de sus dirigentes, no estará basada en una representación ética universalmente válida en materia de justicia.
La reciente intervención militar de EEUU es una clara confirmación de su negativa a restaurar un mundo basado en una red de instituciones internacionales, que considera obsoletas, como reconoce en su propia ESN: "[Las élites estadounidenses] han vinculado la política estadounidense a una red de instituciones internacionales, algunas de las cuales están animadas por un antiamericanismo puro y simple, y muchas por un transnacionalismo que busca explícitamente disolver la soberanía de los Estados individuales. En resumen, nuestras élites (…) han socavado el carácter de nuestra nación, en el que se basaba su poder, su riqueza y su decencia (…) Nos oponemos a las incursiones de las organizaciones transnacionales más intrusivas que socavan la soberanía nacional y apoyamos la reforma de estas instituciones para que favorezcan, en lugar de obstaculizar, la soberanía individual y sirvan a los intereses estadounidenses". Una declaración política, que por otra parte, es absolutamente coherente con el desprecio que Trump ha mostrado a las instituciones internacionales, retirando a su país del Acuerdo de París, la OMS, y con las duras amenazas vertidas sobre la OMC.
Es más, en la propia ESN se anunciaba algo parecido a lo que ha pasado en Venezuela, cuando se afirmaba que EEUU "aplicará un corolario Trump a la doctrina Monroe". Hay que recordar que la doctrina Monroe de 1823 fue usada, durante el siglo XIX y gran parte del XX, para justificar la política del "gran garrote" en Latinoamérica, que combinaba intervenciones militares con presión política y económica para forzar acuerdos que beneficiaban a EEUU: la apropiación del Canal en 1914, las ocupaciones de Cuba, Nicaragua, República Dominicana, la intervención en Chile en 1973 en apoyo de Pinochet en contra del gobierno legítimo de Allende, la invasión de Granada en 1983, y la de Panamá en 1989.
También en la ESN Estados Unidos seguía al pie de la letra las propuestas del Club Valdai cuando decía: "El mundo funciona mejor cuando las naciones dan prioridad a sus intereses. EEUU antepondrá sus propios intereses (…) El objetivo de esta estrategia es (…) reforzar el poder y la preeminencia de Estados Unidos y hacer que nuestro país sea más grande que nunca". También que, para lograr este objetivo, hay que considerar "la posibilidad de cambiar bruscamente de socios", algo que acaba de hacer Trump en Venezuela con la opositora Maria Corina Machado, y que ya hizo antes con Zelenski cuando le presionó, incluso con amenazas como si fuera un enemigo, para someter su voluntad política a las propuestas rusas.
Asimismo, el Club Valdai considera que: "El espectro de la guerra generalizada nos acompañará durante mucho tiempo, y tal vez incluso para siempre. (…) La fase histórica que se abre estará marcada (…) por los enfrentamientos militares que provocará inevitablemente la constitución de un nuevo orden internacional (…) Las instituciones internacionales pasan hoy a un segundo plano, cediendo el paso a modalidades de resolución de conflictos más arcaica". Y llega a la conclusión de que para que un país salga victorioso en ese escenario "la maquinaria militar [del estado soberano] adquiere un papel determinante".
Una reflexión en la que también coincide plenamente con lo que Trump plantea en la ESN: "[EE.UU.] posee el ejército más poderoso y competente del mundo (…) Queremos desplegar el ejército más poderoso, letal y tecnológicamente avanzado del mundo para proteger nuestros intereses, disuadir las guerras y, si es necesario, ganarlas de forma rápida y decisiva (…) Queremos disponer de la fuerza de disuasión nuclear más sólida, creíble y moderna del mundo".
La ilegal invasión de Venezuela ha mostrado la decidida voluntad de Trump de ejercer el liderazgo global tan solo teniendo en cuenta la defensa de sus intereses, según los beneficios económicos que pueda obtener EEUU, huyendo de cualquier forma de liderazgo altruista o ideológico en función de unos valores comunes. Es decir, ha seguido los pasos de Putin en Ucrania, haciendo que entremos de bruces en la "era del caos", si el resto del mundo no lo remedia.

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