Opinión
China ante la "hegemonía depredadora" de Estados Unidos

Por Pedro Barragán
Economista y asesor de la Fundación Cátedra China
En un contexto internacional cada vez más convulso, marcado por conflictos constantes y agresiones supuestamente estratégicas, el concepto de "hegemonía depredadora" ha cobrado relevancia para interpretar la conducta exterior de Estados Unidos. Este término, popularizado por el académico Stephen Walt de la Universidad de Harvard, describe una lógica de poder basada en la extracción de beneficios unilaterales, incluso a costa de los aliados. Desde la perspectiva china, expresada en la columna "Zhong Sheng" del Diario del Pueblo, esta tendencia no solo debilita el orden internacional, sino que acelera la transición hacia un mundo multipolar.
El punto de partida de este análisis es la creciente inestabilidad global, ejemplificada por los genocidios en Oriente Medio y los recientes ataques contra Irán. Más allá de los eventos concretos, lo que preocupa a Pekín es la lógica que subyace, la utilización de la fuerza, la presión económica y la manipulación de las normas internacionales como instrumentos habituales de política exterior. Según comenta el Diario del Pueblo, Estados Unidos ha dejado de actuar como un garante del orden internacional para convertirse en el ejecutor que lo instrumentaliza en su propio beneficio.
La "hegemonía depredadora", en este sentido, no se limita a la confrontación con adversarios. Afecta también a los aliados tradicionales. La idea de que toda relación internacional es un juego de suma cero implica que cada interacción se convierte en una oportunidad para maximizar ganancias unilaterales. Este enfoque erosiona la confianza y debilita las alianzas, ya que incluso los socios más cercanos comienzan a percibir a Washington como un país impredecible.
China interpreta esta evolución como una "degeneración" en dos niveles. El primero es institucional. Tras el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos mantuvo una imagen de liderazgo responsable, promoviendo normas internacionales y ofreciendo ciertos bienes públicos globales. Sin embargo, en los últimos años, esa imagen se ha deteriorado. La retirada de acuerdos internacionales, el uso selectivo del derecho internacional y la imposición de sanciones unilaterales son vistos como señales de un cambio profundo. Estados Unidos ha pasado de ser un "constructor" de reglas a un "saboteador" del sistema.
El segundo nivel es psicológico o estratégico. El declive relativo del poder estadounidense ha generado una ansiedad que influye en su comportamiento. La reducción de su peso en la economía mundial, junto con el ascenso de nuevas potencias y el fortalecimiento del Sur Global, ha alterado el equilibrio tradicional. Para China, esta ansiedad explica el giro hacia políticas más agresivas y unilaterales, encapsuladas en el lema de "Estados Unidos primero".
Este diagnóstico conecta directamente con una de las principales advertencias de Stephen Walt: la hegemonía depredadora contiene las semillas de su propia decadencia. Desde la perspectiva china, esta afirmación se confirma en varios frentes. En primer lugar, la confusión entre poder e influencia. Mientras el poder puede imponerse mediante la coerción, la influencia duradera depende de la credibilidad y la capacidad de generar consensos. Cuando un país recurre sistemáticamente a la presión y al chantaje, su legitimidad se erosiona.
En segundo lugar, el enfoque de suma cero genera inseguridad entre los aliados. Países que tradicionalmente han dependido de Estados Unidos para su seguridad y estabilidad comienzan a replantearse esa relación. La búsqueda de autonomía estratégica se convierte en una respuesta lógica ante la percepción de que la alianza puede ser utilizada como herramienta de presión. La pérdida de confianza, reflejada en numerosas encuestas internacionales, es un síntoma claro del desgaste de la hegemonía estadounidense.
Otro elemento clave es la subestimación de la dinámica multipolar. Según la narrativa del Diario del Pueblo, el mundo actual ya no responde a la lógica de dominación unipolar. La interdependencia económica, la diversidad de países y el fortalecimiento de las economías emergentes han creado un sistema más complejo y resiliente. Intentar imponer un modelo basado en la coerción resulta ineficaz y acelera la fragmentación del orden internacional.
En este contexto, China se presenta como una alternativa basada en el multilateralismo y la cooperación. La crítica a la hegemonía depredadora no es solo una denuncia, sino también una propuesta implícita. Pekín defiende un modelo de relaciones internacionales centrado en el beneficio mutuo, el respeto a la soberanía y la resolución pacífica de conflictos. Se articula como una respuesta a los excesos del unilateralismo estadounidense.
La idea de que Estados Unidos está "entrando en el futuro de manera regresiva" resume bien esta visión. En lugar de adaptarse a un mundo cambiante, estaría recurriendo a estrategias propias de otra época, basadas en la dominación y la extracción de recursos. Este desfase entre mentalidad y realidad sería una de las principales causas de la actual inestabilidad global.
A largo plazo, las consecuencias de esta estrategia van a ser profundas. La pérdida de influencia, el debilitamiento de las alianzas y el aumento de la desconfianza internacional son factores que reducen la capacidad de Estados Unidos para liderar. Desde la perspectiva de Walt, esto no implica necesariamente el fin de su poder, pero sí una transformación significativa de su papel.
En este escenario, China representa el contrapunto pragmático. Mientras Washington presiona incluso a sus socios históricos -como Canadá, Dinamarca o Alemania-, Pekín propone un modelo basado en el respeto a la soberanía, la no intervención y la cooperación económica mutuamente beneficiosa. Esta estrategia le ha permitido a China evitar los costosos atolladeros geopolíticos en los que Estados Unidos se ha enredado repetidamente.
Walt advierte que la hegemonía depredadora "contiene las semillas de su propia destrucción". Es, según argumenta, una estrategia inadecuada para un mundo multipolar donde otras potencias, especialmente China, pueden ofrecer alternativas que reduzcan la dependencia de Washington. De hecho, a medida que Estados Unidos se retira de organismos internacionales y recurre a la presión unilateral, China ocupa esos espacios, contribuyendo a forjar las reglas formales e informales que otros países seguirán.
El análisis de Walt sugiere que, en un orden internacional cada vez más fragmentado, el enfoque no confrontativo de China resultará más atractivo para los países del Sur Global que las tácticas depredadoras de una superpotencia centrada exclusivamente en extraer beneficios asimétricos

Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.