Opinión
China planifica su futuro con participación popular

Por Pedro Barragán
Economista y asesor de la Fundación Cátedra China
La elaboración del XV Plan Quinquenal de China (2026-2030), que la Asamblea Popular Nacional discute estos días, ofrece algo más que un simple ejercicio de planificación económica. A mi juicio, constituye una muestra significativa de cómo la participación popular puede integrarse en la toma de decisiones estratégicas de un país. Lejos de tratarse únicamente de un documento técnico, el plan se está configurando a partir de un proceso en el que millones de ciudadanos han aportado ideas, sugerencias y propuestas para orientar el desarrollo de los próximos años. En este sentido, la planificación a largo plazo no se limita a una labor de expertos o funcionarios, sino que se abre a un mecanismo amplio de consulta social que refleja la esencia socialista china.
Uno de los ejemplos más visibles de este proceso ha sido la participación masiva de los ciudadanos a través de internet. Entre el 20 de mayo y el 20 de junio de 2025 se ha llevado a cabo una consulta pública en línea que ha recibido más de 3.113 millones de sugerencias enviadas por internautas. La magnitud de esta cifra revela hasta qué punto la población está dispuesta a implicarse en los debates sobre el rumbo del país. Tras un proceso de revisión y clasificación, esas propuestas se agruparon en unos 1.500 conjuntos representativos organizados en 27 áreas clave de desarrollo. Más allá del dato numérico de miles de millones, lo relevante es que se trata de un canal mediante el cual la ciudadanía puede intervenir de forma directa en la construcción de los objetivos nacionales.
Las sugerencias ciudadanas han abordado cuestiones muy concretas de la vida cotidiana y muchas de ellas han terminado reflejándose en el borrador del plan. Este hecho resulta especialmente significativo porque muestra que la participación popular no es un gesto simbólico, sino un elemento que puede influir en la formulación de políticas públicas. En la práctica, la experiencia social acumulada por millones de personas se convierte en una fuente de información para orientar las decisiones del Estado.
En China, los planes de desarrollo a medio y largo plazo establecen objetivos económicos y sociales pero también funcionan como un proceso de consulta destinado a reunir lo que a menudo se denomina la sabiduría colectiva de la sociedad. El XV Plan Quinquenal continúa esa tradición, integrando mecanismos modernos de participación ciudadana con procedimientos institucionales de deliberación. Desde una perspectiva política, este método refleja la idea central del socialismo de que el desarrollo del país debe construirse con la implicación activa de la población.
Otro ejemplo de este enfoque participativo es la campaña para recopilar sugerencias a través de la plataforma digital "Sugerencias del pueblo", gestionada por el Diario del Pueblo en Línea. En el marco de la iniciativa "Ofrezco sugerencias para el plan especial de trabajo social durante el XV Plan Quinquenal", el departamento de trabajo social del Comité Central del PCCh ha invitado a la ciudadanía a enviar opiniones sobre temas de interés público. Las propuestas se han podido presentar hasta el 5 de marzo y serán examinadas cuidadosamente para servir como referencias en la formulación final del plan.
Este tipo de iniciativas reflejan una característica central del sistema de planificación chino como es la participación pública durante todo el proceso de redacción. El XV Plan Quinquenal abarca prácticamente todos los ámbitos del desarrollo económico y social, desde la innovación tecnológica hasta el bienestar social. Por esa razón, las autoridades consideran importante escuchar las voces de distintos sectores de la sociedad, incluidos trabajadores, científicos, empresarios, agricultores y estudiantes. La diversidad de estos grupos permite que el debate incorpore perspectivas muy diferentes sobre los retos del desarrollo.
En octubre, la Cuarta Sesión Plenaria del XX Comité Central del PCCh revisó y aprobó las propuestas generales para el plan. Sin embargo, la participación pública no terminó en ese punto y entre finales de octubre y mediados de noviembre, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma organizó una nueva consulta en línea sobre el borrador del documento. En esta fase se recogieron opiniones de once grupos sociales distintos, entre ellos investigadores, trabajadores, agricultores y personas con discapacidad.
En total, esta ronda ha reunido más de 66.000 sugerencias consideradas de alta calidad. Cerca del 60% estaban relacionadas con preocupaciones cotidianas de la población. La presencia de estas cuestiones en el debate revela que la planificación nacional también se construye a partir de las necesidades sociales más inmediatas.
A mi juicio, los objetivos que se están perfilando en el XV Plan Quinquenal reflejan con bastante claridad hacia dónde quiere avanzar el país en los próximos años. Entre las metas más destacadas se encuentran mantener un crecimiento estable del PIB, crear más de 12 millones de nuevos empleos urbanos cada año y mantener la tasa de desempleo urbano en torno al 5,5 %. No se trata solo de indicadores macroeconómicos y muchas de estas prioridades coinciden con preocupaciones que han aparecido repetidamente en las propuestas enviadas por la ciudadanía, especialmente en lo relacionado con el empleo y las condiciones de vida.
También me parece significativo el peso que se da a la innovación. El plan plantea aumentar el gasto en investigación y desarrollo en al menos un 7% anual y reforzar sectores emergentes como la tecnología cuántica, la biofabricación, la energía de hidrógeno o la inteligencia artificial. Estas áreas no solo apuntan al crecimiento económico futuro, sino también a fortalecer la autonomía tecnológica del país. En buena medida, responden a la percepción compartida por muchos investigadores, trabajadores del sector tecnológico y estudiantes que han participado en los procesos de consulta.
Por otro lado, el plan incorpora objetivos sociales y ambientales que reflejan preocupaciones muy presentes en las propuestas populares. Entre ellos destaca la reducción del 17% de las emisiones de dióxido de carbono por unidad de PIB durante el período 2026-2030 y el aumento de la esperanza de vida media hasta los 80 años. A esto se suma la ampliación de la cobertura de la seguridad social y la mejora de los servicios sanitarios y educativos. En mi opinión, estas metas muestran que la planificación no se limita a impulsar el crecimiento económico, sino que intenta responder a demandas concretas de la población sobre bienestar, salud y calidad de vida.
En definitiva, el XV Plan Quinquenal no solo marcará el rumbo del desarrollo económico y social del país entre 2026 y 2030. También pone de relieve una cuestión más amplia como es que la planificación estatal se nutra de la participación popular. Desde esta perspectiva, el proceso que se está desarrollando en China es la expresión de uno de los principios fundamentales del socialismo de que las grandes decisiones sobre el futuro colectivo se construyan con la implicación activa de la sociedad.
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