Opinión
Cisjordania: el genocidio silencioso

Por Josu Estarrona Elizondo
Euskal Herria Bildu
Hace unos meses una representación de EH Bildu conseguimos acceder a Palestina, donde tuvimos la oportunidad de recorrer las calles de Ramallah y conocer la realidad de Cisjordania. En un lugar donde la muerte está tan presente, lo primero que te llama la atención son sus calles llenas de vida. Pudimos recorrer las tiendas y teterías, escuchar a estudiantes universitarios y conversar con trabajadores de diferentes ONGs. Escuchas conversaciones que discurren con cautela, y observas miradas que combinan resistencia, cansancio y una sorprendente capacidad de seguir adelante. Parece una obviedad, pero las palestinas y los palestinos quieren vivir, desarrollar sus proyectos de vida a pesar de ser tristes protagonistas del genocidio.
Porque en un contexto global de conflictos y violencia, Israel sigue cometiendo un genocidio en Palestina. En la Franja de Gaza, continúa a un ritmo de 820 asesinatos y 2.296 palestinas heridas desde el ultimátum de Trump vestido de plan de paz. En total, 72.593 personas asesinadas y alrededor de 172.399 heridas, según datos oficiales. Y, mientras en Gaza el genocidio conlleva el ruido de disparos y bombas, en Cisjordania Israel lo ejecuta con sordina, a través de su plan de anexión.
En el año 2025 se alcanzaron cifras récord en la construcción de nuevos asentamientos colonos, tal y como recoge la ONU en sus informes. El pasado 1 de abril, el gobierno israelí aprobó 34 nuevos emplazamientos coloniales, que ya suman 230, a los que hay que sumar el reconocimiento y la legalización en los últimos meses de decenas de puestos avanzados, outpost, considerados hasta el momento ilegales incluso por sus propias leyes, y que ya ascienden a 210. Esto se traduce en más de 778.000 judíos colonos en los Territorios Palestinos Ocupados.
E1: Fin a la solución de los dos Estados.
Entre los nuevos asentamientos proyectados por el gobierno israelí, el denominado E1 adquiere, si cabe, mayor relevancia. Por un lado, por sus dimensiones: suma 3.400 viviendas; pero, sobre todo, por su ubicación entre Jerusalén, Ramallah y Belén, algo que de facto impediría la solución de los dos Estados. Un proyecto que no es nuevo, y que ningún país en el mundo se ha atrevido a avalar, ni siquiera EEUU hasta que Trump ha aparecido en escena. El gobierno de Netanyahu ha sacado a licitación la construcción del E1, con el que Israel pretende impedir la propia existencia de Palestina y su población.
"El caos ya no es el arma de los insurgentes, es el sello del poder". Así sintetiza los tiempos que vivimos Giuliano da Empoli, en su ensayo La Hora de los depredadores. En este contexto de erosión del orden internacional, de fragmentación geopolítica, de caos y de incertidumbre, el gobierno de extrema derecha y ultraortodoxo israelí está dando pasos definitivos para borrar a Palestina del mapa. Y lo hace ante la inacción, o en el mejor de los casos, las medidas limitadas de gobiernos, organismos y líderes frente a los planes expansionistas de Israel en Cisjordania, y en concreto ante el proyecto de construcción E1.
Palestina ya no abre informativos ni ocupa tantas portadas como antes. Una sentencia a muerte dictada por un juez sionista no impacta como ver a un soldado israelí disparando a un palestino. La construcción de 712 kilómetros de muros y vallas no impacta como ver caer edificios por los ataques aéreos del ejército israelí. El genocidio ha adquirido otras formas, intensificando la segregación racial y el apartheid; en Cisjordania, esta sensación está presente en cada desplazamiento, donde se asfixian de manera sistemática los derechos más básicos de la población palestina, como el acceso al agua, a los centros educativos y a los hospitales, las visitas a familiares y amigos, o el cultivo de sus olivos.
La construcción del E1 no es un paso más: es el paso definitivo, una sentencia a muerte para el derecho de las palestinas y los palestinos a existir. Es enterrar la posibilidad de un Estado palestino. Es el genocidio silencioso.
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