Opinión
Las comisiones de investigación parlamentarias ¿sirven para algo?

Por Ramón Soriano
Catedrático emérito de Filosofía del Derecho y Política de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Las comisiones de investigación parlamentarias constituyen un tema recurrente en la política y la opinión pública. Ahora disfrutamos del espectáculo de dos comisiones de investigación: una en el Congreso de los Diputados para investigar las actuaciones de la “policía patriótica” a las órdenes del Ministerio de Interior contra miembros de Podemos y de partidos independentistas catalanes, y otra en la Asamblea de la Comunidad Autónoma de Madrid sobre la hipotética corrupción de la esposa del presidente del Gobierno. Dos comisiones de muy diferente calado. En la primera está en juego la acusación de crimen de Estado perpetrado por el Gobierno Rajoy. En la segunda, la conducta de una persona interpuesta para desacreditar a su esposo, que “casualmente” es el presidente del Gobierno.
Publiqué en este diario un artículo, en el que trataba las carencias y obstáculos de estas comisiones y proponía reformas en la legislación y reglamentos parlamentarios. No voy a referir todas las deficiencias ahora, pero sí destacar las dos grandes causas de la ineficacia de las comisiones de investigación: a) son un remedo del Parlamento a la hora de la toma de decisiones, porque el voto ponderado de un miembro vale según el número de escaños de su partido en el Parlamento, lo que la hace depender de las mayorías parlamentarias, y b) las minorías, únicas que pueden ejecutar un control político, razón de ser de estas comisiones, carecen de derechos para poder llevar a cabo ese control con eficacia. Cuando un partido político gobierna con mayoría absoluta, las comisiones de investigación alcanzan la cota más alta de ineficacia y además se convierten en un instrumento al arbitrio de la mayoría parlamentaria-gubernamental contra la oposición política. En estas circunstancias, sufren su total degeneración. Unas comisiones de control, cuyo objetivo es el interés público, se transforman en una herramienta indecente al servicio de los intereses del Gobierno y su mayoría parlamentaria.
Como consecuencia de lo dicho, late en la opinión pública y la sociedad la percepción de que las comisiones de investigación no sirven para nada. No diría tanto. También ofrecen la posibilidad de algunos beneficios. Expongo una relación de los efectos positivos de las comisiones de investigación parlamentarias:
La revitalización del Parlamento
Las comisiones de investigación son una pieza de extraordinario valor para devolver al Parlamento el significado y la virtualidad perdidos. La crisis del Parlamento es una idea consolidada, porque se visualiza como el lugar en el que simplemente las élites de los partidos políticos a través de sus portavoces parlamentarios depositan sus decisiones para que simplemente les pongan el sello.
Las comisiones de investigación pueden ser un acicate contra la decadencia parlamentaria, en la que insisten todos los estudiosos, porque estas comisiones representan el punto de unión de Parlamento y sociedad, de representantes y representados. Sobre cualquier tema de interés público, objeto de estas comisiones, acuden al Parlamento protagonistas, implicados, afectados, testigos, expertos, etc. Las comisiones de investigación, a diferencia de otras comisiones, son un puente tendido a la sociedad, cuyos miembros acuden a declarar ante los representantes y a responder a sus preguntas.
El debate público con la participación de políticos y ciudadanos
La lubrificación del debate público en el Parlamento, que hoy deja mucho que desear tanto en el pleno como en las comisiones. Los debates en los plenos son escasos, y además las decisiones ya van amarradas por los partidos, antes del debate en el pleno. Los ciudadanos advierten que los debates auténticos son sustituidos por una oratoria parlamentaria de salón. En ellos intervienen frecuentemente los mismos: el grupo reducido de los portavoces de los grupos parlamentarios. Las sesiones semanales de las preguntas dirigidas al Gobierno se han convertido en el espectáculo de una serie de reconvenciones e insultos, que nada tienen que ver con los asuntos que interesan a las personas. Por ello las comisiones de investigación son el lugar natural para que exista, siquiera mínimamente, debate, porque en ellas hay un mayor dinamismo que en los plenos y en otras comisiones, se tratan temas de interés social y, sobre todo, los actores no son solamente los políticos, sino también los ciudadanos/as, que son llamados a participar en las sesiones de las comisiones.
El protagonismo de la ciudadanía
La recuperación del protagonismo ciudadano, porque éste puede participar en las sesiones de las comisiones, si su comparecencia es solicitada por él mismo o a instancia de la comisión o de terceros. Las comisiones de investigación son el medio constitucional para la entrada y participación de los simples ciudadanos/as en las actividades del Parlamento con el norte de la protección de los intereses públicos. Una gran diferencia con otro medio de conexión de la ciudadanía y el Parlamento: la atención dispensada por los representantes a los grupos de interés o lobbies, que atienden a exclusivos intereses particulares. La tercera conexión de ciudadanía y Parlamento -la más relevante- se produce en el ámbito de la legislación. Cuando los reglamentos de los órganos de representación política -Congreso, Senado, Asambleas legislativas de las Comunidades Autónomas- permiten que la ciudadanía acceda a la conformación de leyes y proposiciones de leyes aportando enmiendas. Posibilidad que es más abierta y generosa en algunas Comunidades Autónomas que en el Estado y que normalmente exige la asunción de las enmiendas por un representante o grupo parlamentario para ser tramitadas.
La garantía de la legalidad y ética de los comportamientos
El refuerzo de la moral pública de representantes, autoridades y particulares, porque todos estarán más circunspectos en el comportamiento debido, al verse como potenciales objetos de investigación en las comisiones de los representantes del pueblo, normalmente de carácter público y de difusión mediática. Quienes se saben impunes de antemano, si no existieran las comisiones de investigación, tienen más motivos, ante la falta de control, para no cuidar la legalidad y sentido ético de sus actuaciones.
La consecución de un voto fundado en las elecciones periódicas
A través de las comisiones de investigación la ciudadanía puede conocer muchos temas controvertidos y de interés público, en los que sectores de la sociedad y no únicamente políticos exponen sus argumentos y se someten al escrutinio de los representantes de la ciudadanía. Los ciudadanos/as asisten a un debate en el que las preguntas de los representantes y las respuestas de los convocados/as a declarar pueden llegar a aflorar hechos y circunstancias desconocidos. Y en todo caso observarán los argumentos de todos los participantes, que servirán para obtener sus propias conclusiones. Un ciudadano bien informado es siempre un toque de atención para los políticos y una condición para la emisión de un voto fundado en las elecciones periódicas.
La eficacia del principio constitucional del pluralismo político (art. 1.1. CE)
Las comisiones de investigación están formadas por miembros pertenecientes a todos los grupos parlamentarios y todos pueden intervenir. Un debate, por lo tanto, plural. Lo vemos constantemente en la televisión con la ventaja de que no intervienen únicamente los pocos portavoces de los grupos, como suele suceder en los plenos. Una diferencia radical con los medios de comunicación, que siguen una línea editorial determinada, y las tertulias ideológicamente amañadas.
La rendición de cuenta de los políticos
Por las sesiones de las comisiones de investigación desfilan con frecuencia quienes nos representan y nos gobiernan. Lo hemos visto recientemente con la presencia de un expresidente del Gobierno (Rajoy) y un exministro de Interior (Fernández Díaz). Estamos muy ayunos en España de instrumentos de rendición de cuenta de los políticos. Los dos clásicos métodos de rendición horizontal – Las Autoridades Independientes de control y supervisión- y vertical -las elecciones periódicas- no deparan resultados positivos. Carecemos, por otra parte, de la revocación de mandato de cargos públicos, institución presente en numerosos Estados de América y Europa, consistente en la destitución de representantes y gobernantes antes de la conclusión de su mandato en un proceso revocatorio popular. En estas circunstancias las comisiones de investigación pueden llenar en parte el vacío de la ausencia de rendición de cuentas.
Las comisiones de investigación parlamentarias están necesitadas de una profunda reforma, que los grandes partidos, beneficiarios de la actual regulación jurídica, no quieren emprender. Pero no podemos decir que no sirven para nada.
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