Opinión
La cruda realidad para las izquierdas

Por Antonio Antón
Sociólogo, politólogo y escritor
Para transformar la realidad es imprescindible partir de un diagnóstico realista de la misma. Se trata del análisis concreto de la realidad concreta, de cierta tradición de izquierdas o de la mejor experiencia empírica de las ciencias sociales. Se enfrenta a otra actitud, idealista, consistente en el embellecimiento de la realidad, el mirar hacia otro lado o, directamente, la instrumentalización ultra de los hechos. Por parte de las derechas como estrategia manipuladora para consolidar su hegemonía y promover la desmovilización progresista y su resignación. Por parte de las izquierdas, para reequilibrar la tergiversación derechista y en la creencia de que le permita generar ánimos transformadores de progreso. Es un enfoque contraproducente del que ya nos advertía Gramsci, que combinaba realismo analítico y voluntad transformadora.
Este párrafo preliminar viene a colación de la persistencia de una tendencia socioelectoral desfavorable para las izquierdas, que vaticina un cambio de ciclo derechista para las próximas elecciones generales, y que la impaciencia de sus fuertes poderes fácticos y mediáticos quiere acelerar e imponer por 'todos' los medios.
Todavía la suerte no está echada, incluso las derechas no se fían de su pronosticada victoria y han puesto en marcha todos sus resortes de poder, incluido el golpismo blando político-judicial, para garantizarse la derrota de las izquierdas y la alternancia gubernamental reaccionaria. Y uno de los campos de confrontación es la propia interpretación, más o menos manipulada, de la opinión ciudadana sobre sus disponibilidades electorales.
Los estudios demoscópicos, aun dando por supuesto cierto rigor técnico, suelen estar condicionados por esta presión instrumentalizadora de sus respectivas formaciones preferenciales para que sus resultados las hagan aparecer en posiciones más ventajosas. Creen que esa fotografía ganadora sirve como motivo decisivo para acumular más adhesiones y superar las amplias indecisiones, abstenciones o escasas lealtades a un campo electoral u otro.
Aquí, me parece de interés hacer alusión al Estudio de Key Data (para el diario Público, 19/07/2026). Tiene la ventaja de partir de la media de los últimos análisis demoscópicos, publicados o no. Cabe, en todo caso, hacer una advertencia sobre los sesgos existentes: en la mayoría de las encuestas, promovidas por consultoras y medios de derechas, suele haber una sobrevaloración de voto hacia las derechas; respecto del CIS de Tezanos, que es el estudio más amplio, en la muestra hay una sobrevaloración del electorado socialista; el estudio de 40dB, promovido por El País y la SER, me parece el más objetivo y es el que se acerca más a las medias de este estudio, a las que acompaño con algunos datos complementarios.
Según este Estudio de Key Data, el Partido Popular lidera los sondeos con 140 escaños y un 32,5% de voto (25,1% según el CIS, y 32% según 40dB), mientras que la extrema derecha de Vox obtendría 62 escaños y un 17,8% (15,3% para el CIS, y 17,2% según 40dB). Entre ambos alcanzan la mitad del electorado. El PSOE bajaría de nuevo hasta los 106 diputados y un 26,3% (33% para el CIS, y 28% para 40dB). Sumar se queda en el 6,6% (6,1% según el CIS, y 5,8% para 40dB), y Podemos en el 3,6% (2,5% según el CIS, y 3,1% para 40dB), y obtienen 10 y 3 escaños, respectivamente; pierden entre ambos un 2% pero la izquierda alternativa lograría menos de la mitad de diputados que los 31 escaños conseguidos de forma conjunta en 2023.
Sumar conseguiría 1,64 millones de votos y Podemos 0,88 millones, es decir, medio millón menos que en 2023, en que fueron juntos; ahora, además de indecisos, se van una parte a la izquierda nacionalista (EH-Bildu, ERC y BNG) y otra parte al PSOE, que no detiene su reducción electoral de casi 1,3 millones, de 7,8 a 6,5 millones.
Pero la reducción de escaños de la izquierda transformadora federal/confederal es de más de la mitad, con una distribución que determina la representatividad territorial y, por tanto, el peso de cada grupo político en el conjunto.
Por la actual coalición Sumar, con sus nuevos nombre y liderazgo pendientes, quedaría como sigue: Madrid, 3 (Más Madrid y acaso el líder de la nueva Sumar); Barcelona, 3 (Comunes); Valencia, 2 (Compromís); Sevilla y Málaga, 1+1 (IU). Pero Podemos, con casi la mitad de voto, o sea, con una relación con Sumar, prácticamente, de 2 a 1, solo llegaría (con un pequeño ascenso, pero penalizado) a tres escaños: Madrid, 2, y Barcelona 1. Todo ello sin que aparezcan Adelante Andalucía y la CUP con posibilidades de acceso parlamentario.
Además de una gran bolsa de indecisos y el mantenimiento del bloque nacionalista, refleja una tendencia preocupante de derechización política. No obstante, como avanzaba, no hay que descartar la derrota de las derechas. Aquí entran las variables de la prolongada precampaña electoral, con los distintos hechos sociales, geopolíticos y de gestión política, así como la credibilidad transformadora efectiva, junto con los proyectos y los liderazgos de las distintas fuerzas políticas de izquierdas.
En todo caso, hay que advertir que estas tendencias socioelectorales se están consolidando en estos años (con el precedente de las cuatro recientes elecciones autonómicas), y para el refuerzo de las izquierdas se necesitarían unos cambios estratégicos y orgánicos profundos o unos revulsivos relevantes para ganar confianza social.
De momento, el Partido Socialista, afectado por distintos casos de corrupción y el acoso mediático y político-judicial, es incapaz de mantener su electorado. Sus nuevos intentos de iniciativa y recomposición política, a través de su gestión económica y con los emplazamientos de los presupuestos generales, la financiación autonómica o la gestión de la amnistía y las relaciones internacionales, no ofrecen suficientes estímulos para su remontada.
La persistencia de graves problemas para las mayorías sociales, como el acceso a la vivienda y el deterioro de los servicios públicos (sanidad, enseñanza…), sin operatividad reformadora o, en otro sentido, la falta de regeneración democrática, lastran su credibilidad representativa.
Por otro lado, el declive electoral de la izquierda alternativa es significativo, sobre todo para el acceso a los escaños parlamentarios. Su impacto negativo está acentuado por su división y su dinámica competitiva. La tendencia de estos últimos años muestra que para su ampliación socioelectoral no son suficientes, por un lado, los escasos avances derivados de la gestión gubernamental, en una posición subordinada, y por otro lado, la simple confrontación discursiva antigubernamental.
Aunque existe un relevante clima unitario entre las bases de ese campo de izquierda social, conscientes de la gravedad de la perspectiva, parece difícil la unidad entre las direcciones de las tres patas de ese bloque alternativo. La iniciativa cooperativa que ha representado, entre otros, el republicano Rufián, parece que no fructifica… al menos hasta que no se vea cerca el precipicio y funcione el instinto de supervivencia.
No obstante, también hay que contemplar la posibilidad de la modificación sustancial de los equilibrios demoscópicos actuales, promovidos por dos tipos de trayectorias políticas, de las derechas y las izquierdas.
Por un lado, las debilidades legitimadoras de las derechas, derivadas de sus prepotencias institucionales y errores estratégicos. El Partido Popular, necesariamente atado a la alianza con Vox para acceder a la gobernabilidad, está apostando públicamente por una estrategia autoritaria, alejada del talante democrático mayoritario en la sociedad española, y regresiva, confrontada con el apoyo masivo de la ciudadanía a los derechos sociales y el bienestar público. El riesgo que corre es que se genere la suficiente activación cívica en contra de esas amenazas, con una reafirmación democrática y social, incluida la sensibilidad feminista, territorial y solidaria.
Por otro lado, los posibles aciertos de las izquierdas… aunque hoy no se vislumbren mucho. Más allá de siglas, liderazgos personales y discursos adecuados, supondría una profunda renovación estratégica y orgánica del conjunto de la izquierda alternativa, que refuercen su credibilidad transformadora y su legitimidad ciudadana y, en particular, que incrementen la capacidad articuladora y representativa de sus élites partidistas.
La cuestión de fondo es que con la actual inercia sociopolítica, institucional y de liderazgos en las izquierdas no se garantiza la renovación de una nueva etapa de progreso y se perfila un cambio de ciclo derechista, de fuerte impacto para la ciudadanía durante una legislatura o una década. En el actual panorama político, social y mediático no se atisba una salida clara del túnel de la incertidumbre para el campo progresista. Solo apunto una hipótesis sobre la victoria de las izquierdas, considerando además el impacto defensivo y movilizador entre los electorados progresistas que puede generar la injusta escalada reaccionaria.
Una posibilidad, aunque sea relativa, es la firmeza transformadora y regeneradora del Partido Socialista. Para ello debería superar los simples emplazamientos discursivos o las referencias programáticas más o menos ambiguas, y retomar un fuerte compromiso público por un nuevo contrato social y democratizador para la próxima legislatura. Y no va a ser suficiente los gestos simbólicos de buenas intenciones. No solo es resistencia; es profundización reformadora.
Otra condición es demostrar por la izquierda alternativa su capacidad unitaria y altura de miras estratégicas y orgánicas ante lo que se avecina, en particular entre la nueva Sumar y Podemos (la izquierda nacionalista está estabilizada), con un nuevo liderazgo y un proyecto plural y compartido, que estimule la credibilidad transformadora de las fuerzas del cambio. Se trata de un reajuste serio y articulado para superar la dinámica actual concentrada en reforzar el particular proyecto diferenciado de cada cual.
Los liderazgos políticos (y sociales) de las izquierdas (y el bloque nacionalista) tienen una gran responsabilidad. Queda poco tiempo. El movimiento se demuestra andando.

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