Opinión
El día de las máquinas
Por David Torres
Escritor
Como siempre, durante el Día de la Mujer Trabajadora el protagonista fue el hombre. Lo resumió mi amigo Juan Aparicio Belmonte en una viñeta magistral en la que se ve a dos siluetas masculinas y a una señora meneando la fregona mientras dice: "Un día para la mujer y 364 para los hombres". Podemos decidió sumarse a esta iniciativa con una serie de carteles donde, para celebrarlo, salían en primer plano Errejón y Pablo Iglesias. Echenique comentó una variante unisex donde, en lugar de Pablo, aparecía Julio Iglesias apuntando con el dedo al otro género, aunque para el caso podían haber puesto también a Bertín Osborne.
En el Campus de Google en Madrid, Mariano acudió a un encuentro con diversas féminas donde no dejó escapar la ocasión de soltar una de sus subordinadas pluscuamperfectas. No se sintió cómodo cuando la charla derivó hacia la tecnología, tal vez porque le intimidaban los dos conceptos principales (el de Mujer y el de Trabajadora), y, para terminar de arreglarlo, el presidente se metió de lleno en el difícil terreno del ajedrez. Podía haber hablado de fútbol, donde es un experto mundial, aunque también es difícil encontrar aplicaciones tecnológicas en el fútbol, deporte decimonónico cuyo último invento certificado fue el silbato.
De manera que, tirando del hilo que había dejado suelto una de las contertulias, Mariano se puso a hablar del ordenador que le ganó un match a Kasparov y le preguntó si le había ganado también a Karpov y a Bobby Fischer. Fue una pregunta retórica porque en seguida pasó del ajedrez al póquer, expresando sus dudas en un cuestionamiento patriarcal donde no quedó ni una sola dama presente: "¿Para que el hombre gane a la máquina o para que la máquina gane al hombre? Porque ésa es la pregunta, ja, ja, ja". Ninguna tuvo la amabilidad de recordarle que se celebraba el Día de la Mujer Trabajadora; tampoco de explicarle que el póquer, como el ajedrez, es un juego combinatorio de múltiples probabilidades.
En España el feminismo siempre ha sido un tema de ciencia-ficción. Mariano zanjó las reivindicaciones igualitarias con un canto futurista a las máquinas, igual que unos días antes, en Valencia, Isabel Lozano, de Compromís, solucionó la guerra de sexos a base de semáforos. En pleno torbellino de perogrullo, lanzado cuesta abajo, Mariano no pudo detenerse y se lanzó a una perorata sobre la fabricación de máquinas que nos permitan fabricar más máquinas porque lo que no va a hacer la máquina es fabricar máquinas a su vez. Igual que en la filípica del alcalde y los vecinos y el alcalde que quiere que sea los vecinos el alcalde, parecía que había entrado en bucle y que alguno de los asesores iba a tener que interrumpirlo a collejas, a ver si cambiaba de disco. Sería sorprendente descubrir un día de estos que en realidad Mariano es una máquina de enlazar subordinadas, un robot algo cascado al que se le atasca una biela en un párpado, aunque no tan sorprendente como el hecho de que sea presidente.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.