Opinión
A Dios rezando y con la fruta dando

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
Decía Chesterton -medio en serio, medio en broma- que se convirtió al catolicismo un día al entrar en una iglesia y ver a un cura dando un sermón tan horrible que pensó que una religión que había sobrevivido dos milenios con ministros como aquel por fuerza tenía que ser verdadera. Es difícil no creer en Dios cuando uno se encuentra ante catedrales como la Misa en si menor de Bach o el Requiem alemán de Brahms, aunque tiene más mérito seguir creyendo después de oír a La Oreja de Van Gogh o el último disco de Rosalía. Llega a vivir Chesterton lo suficiente para pasarse este lunes por la ceremonia del rezo masivo convocada en el Movistar Arena, toma los hábitos y pide que le convaliden primero de arzobispado.
El evento consistió en una sucesión de discursos, testimonios, oraciones y canciones donde más de seis mil asistentes disfrutaron durante tres horas y media, lo cual, visto el percal del espectáculo, más que un éxito, fue un milagro. La cosa se extendió más o menos lo que siete misas de las que me tragaba yo de niño entre bostezos, tirones de oreja y tú has venido a la orilla, sonriendo has dicho mi nombre. Tantos domingos escuchando la matraca que al final se te queda la puta letra grabada en la cabeza. En mi niñez se llevaban adaptaciones piadosas de Elvis Presley o de Simon & Garfunkel y ahora se cantan incluso versiones de reguetón, lo cual demuestra o bien que el catolicismo no le hace ascos a nada o bien que Dios es sordo.
En 1966 John Lennon aseguraba que el cristianismo desaparecería antes que el rocanrol y que los Beatles eran más famosos que Jesucristo, dos exhibiciones de egolatría tan arriesgadas como animar a Yoko Ono a que se dedicara a la música. La noche del lunes, el cineasta Juan Manuel Cotelo, uno de los presentadores del evento, preguntaba al público si conocían a alguien con mayor poder de convocatoria que Jesucristo. Mahoma, Mao Tse-Tung y Donald Trump no estarían muy de acuerdo.
Lo de medir una religión por el número de sus seguidores es un procedimiento falocéntrico bastante grosero que a lo largo de la historia ha producido masacres, cruzadas, persecuciones, pogromos, autos de fe y noches de San Bartolomé, pero hoy día todo se dirime a base de likes, como si la fe fuese trending topic, los Evangelios un bestseller y Jesucristo Brad Pitt, una serie de Netflix o un influencer con barba. De hecho, tradicionalmente lo han pintado y esculpido al estilo de Brad Pitt, rubio y con los ojos claros, aunque seguramente se parecía más a John Turturro.
Todo puede esperarse del nuevo catolicismo, especialmente si se pone a copiar los métodos de los predicadores evangelistas. A falta de curaciones espontáneas, en el Movistar Arena prestaron testimonio un jinete olímpico que dio gracias a Dios por haber salido de una larga estancia en la UCI y una mujer que explicó cómo las oraciones le habían ayudado a superar la bulimia. Tampoco es que fuesen milagros pata negra, como ésos en los que un ciego recobra de pronto la visión mediante imposición de manos o un cojo arroja las muletas y echa a correr dando saltos y cantando góspel, pero por algo se empieza. Yo, la verdad, daría las gracias a la UCI.
Un par de días atrás, el Movistar Arena acogió la gala de los Army Awards donde, entre otras cosas, premiaron a Vito Quiles y Gabriel Rufián como Pareja del Año mientras Santiago Segura abochornó a Lucía Casani con un comentario tan lamentable que la convenció de abandonar el auditorio. En marzo está previsto el estreno de la sexta entrega de la saga, Torrente presidente, en la que el casposo ex comisario acaba liderando un partido llamado Nox, pero será difícil distinguir si se trata de una sátira o de una campaña publicitaria. Por la misma razón tampoco se sabe por qué Segura cada vez se parece más a José Luis Torrente. El caso es que el público ovacionó a Vito Quiles al grito unánime de "Pedro Sánchez hijo de puta" y vete a saber cuánto de ese mismo público estaba también el lunes rezando y dando gracias a Dios en el Movistar Arena. Dios no ha muerto, qué va, sólo estaba echando una siesta.
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