Opinión
No es (sólo) Grok, son los hombres

Periodista y escritora
Lo que mata no es la pistola, tampoco la bala. Mata quien dispara. Este detalle, por mucho que lo repitamos, se nos vuelve a olvidar cada vez que la cuestión —en la forma que sea— reaparece. Por supuesto, las pistolas ayudan a hacerlo rápida y eficazmente. Es más difícil matar a alguien a golpe de olla de cocina, aunque, por desgracia, la realidad nos ha demostrado esta semana que también se es posible. Regular el uso de las armas parece una medida cabal, pero no porque las pistolas organicen fiestas en las que pierden el control o los fusiles tengan tendencia a la violencia machista o racista. El uso de las armas se regula por el uso que hacen de ellas los hombres.
Lo mismo sucede con las herramientas tecnológicas. Parece ser que estas navidades ha habido una "avalancha" de hombres utilizando la herramienta Grok, de Elon Musk, para generar pornografía o someter a prácticas violentas y feminicidio a imágenes de mujeres y niñas. Hasta tal punto, que el multimillonario, que no suele plegarse a las respuestas contra lo suyo, ha decidido tomar medidas. En fin, pocas medidas: ha limitado dichas funciones a los usuarios de pago.
A la "avalancha" de bestialidades publicadas en la red de Musk se ha respondido con una "avalancha" de quejas por parte de gobiernos y gentes escandalizadas por lo que la red permite hacer. Efectivamente, la red no debería, de ninguna manera y en ningún caso, facilitar la posibilidad de crear imágenes de violencia contra mujeres y niñas. Sin embargo, lo verdaderamente atroz es la "avalancha" de hombres que, en cuanto han tenido la posibilidad, se han lanzado a desnudar a mujeres o descuartizarlas. La red habría que regularla muy mucho, pero lo que debería preocuparnos no es la herramienta en sí, sino esos hombres que se lanzan a usarla en cuanto la descubren.
Tengo la impresión de que hay una parte de nuestros vecinos a los que no queremos mirar. Porque, no nos engañemos, se trata de nuestros vecinos. Quienes cogen la foto de una niña y la desnudan y la comparten, quienes cogen la foto de una mujer y la convierten en imágenes de tortura y asesinato, no son seres del inframundo o lobos solitarios que viven en colonias aisladas. Son hombres que habitan entre nosotras, con los que trabajamos, con quienes nos cruzamos y puede que incluso hayamos compartido la mesa estas pasadas fiestas.
Las mujeres y niñas cuyas imágenes convierten en pornografía violenta son reales. No son fruto de la inteligencia artificial, sino mujeres y niñas que existen y publican sus fotografías porque así lo deciden. Destaco este detalle porque, además de la "avalancha" de hombres violentos, debería preocuparnos mucho la actual tendencia a abandonar la ficción para agredir en las redes a mujeres reales. No sólo a través de Grok, sino en los chats donde estos malnacidos comparten desnudos de sus mujeres, hijas y madres, éstos sí reales, no generados por inteligencia artificial.
Estamos construyendo un relato que criminaliza las herramientas para no mirar de frente a quienes las usan. Las que las usan son hombres amparados en el anonimato que les permiten las redes. Pero ni siquiera ese anonimato debería estar en el centro de todo este horror, sino ellos, ese impulso criminal, salvaje, que lleva a centenares de miles o millones de hombres a agredir brutalmente a mujeres y niñas como sea, donde sea, en la medida que puedan. Están entre nosotras, así que más vale que empecemos a mirar hacia esta nueva evidencia sin paños calientes.
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