Opinión
El honor de los hombres que atenta contra la verdad

Periodista y escritora
-Actualizado a
Ahora que se les ha unido el rey Juan Carlos I de España y V de Abu Dabi, los de Club del Derecho al Honor ya tienen presidente. De honor, qué duda cabe, presidente de honor. Quién nos iba a decir que, a estas alturas, a los hombres lo único que les iba a quedar para defenderse cuando se les pilla en falta es precisamente eso, la rancia y triste idea del honor por encima de la verdad. Y ciertamente es un arma en sus manos. He perdido la cuenta de los tipos que me han escrito para acusarme de que lo que yo hago, y a través de mí miles de mujeres, era un “atentado contra su honor”. Ahora el rey emérito hace lo mismo con el ex presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla.
Me escribe el representante de un actor diciendo que me va a demandar porque su representado se ha sentido “identificado” en un relato que hay en mi cuenta de instagram. El relato es confidencial, así que, como no consiguen otra presa mejor, se dirigen a mí. Pienso y no digo que su representado tiene un problema grave, muy grave, y no precisamente por la parte del honor, sino un poco más abajo, ya que el testimonio al que alude relata una violación en toda regla. Podría ser que al actor y a su representante les resultara mucho más grave un delito contra la honra que una agresión sexual, pero no van por ahí los tiros. Tampoco los del músico, ni los del médico, ni los del profesor universitario cuyos representantes también dicen que me van a empapelar por un delito contra su honor.
Lo que pasa es que saben que esa es la última arma que les queda… y que puede que cuele, eso es lo peor, que sabemos —ellos y yo— que ante un juez puede que cuele. Como con el emérito. El honor tiene la indudable ventaja de que lo mismo le sirve al que roba que al que viola, al que miente que al que defrauda al fisco. Los hombres están volviendo a poner de moda el honor porque es como una capa que les crece cuando se quedan en pelotas ante la justicia y corren el riesgo de que alguien lo diga en voz alta.
De tal forma que el honor de los machos se ha convertido en una herramienta de coacción contra la expresión de la verdad. Ya conté aquí cómo las denunciantes de distintos agresores sexuales con perfil público iban recibiendo burofaxes donde se les instaba a callarse con la amenaza de que, si hablaban, el Fulanito de turno les mandaría una demanda contra su honor de pongamos 25.000 euros. Esto puede amedrentarte o no. Desde luego, si eres una chavala con pocos recursos o ninguno, por si acaso te callas. Así que esa verdad queda sin decirse y el agresor se va de rositas.
Todo ello —lo de Revilla con el emérito y lo de las jóvenes agredidas— tiene un brutal componente de clase y de abuso de poder. Quienes amenazan con una demanda por atentado contra su honor (o quienes directamente la ponen) suelen considerar que están muy por encima de sus víctimas, y de eso se aprovechan. El honor es una palabra propia de tramposos que saben que quien decide si tienen o no razón podría ser de su misma calaña. Se llama pacto patriarcal, si no me equivoco. Pues bien, ese pacto patriarcal en torno al supuesto honor de los hombres supone un ataque imperdonable contra la libertad de expresión de las mujeres. Y también contra nuestra verdad. Pero debemos admitir que, por ahora, el honor de los hombres, en esta sociedad, está más valorado que la verdad. Y se ha convertido en el último escondite del cobarde que se sabe en falta.
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