Opinión
En cuanto al juego de trileros de la cumbre de Sevilla

Por Norman Martín / Isabel Iparaguirre / Javier Andaluz
OXFAM / ActionAid / Alianza por el Clima
-Actualizado a
Antes de comenzar a leer este artículo, empiece usted por visualizar un clásico juego callejero: vea el tablero, tres vasos opacos vueltos boca abajo y una única canica encima de la mesa. El trilero esconde la canica bajo un vaso y usted trata de seguirle la pista. Excelente, ya sabe usted cómo se siente alguien que trata de hacer el seguimiento de temas de financiación climática.
Con los termómetros rozando los 43°C en Sevilla, la IV Cumbre de Financiación para el Desarrollo se clausuró con un sabor más agrio que dulce. Mientras España anunciaba medidas ambiciosas como el impuesto a superricos, vuelos privados y gran capital, y se comprometía con 1.540 millones de euros en diez años para salud, cambio climático y derechos humanos, todo buenas palabras que tendrán que concretarse en compromisos concretos, el documento final de la cumbre, el Compromiso de Sevilla, dejó un regusto amargo.
"Dinero hay, pero no voluntad política", resume la crítica generalizada a un texto que, pese a crear nuevos mecanismos como la Plataforma de Acción de Sevilla y una alianza para reformar la arquitectura de deuda, ha sido calificado como insuficiente ante la magnitud de la crisis climática y social. El retroceso estadounidense en programas globales de salud —que puede causar millones de muertes— y la insistencia de Pedro Sánchez en reforzar el 0,7% del PIB para 2030 enmarcan un panorama donde las buenas intenciones chocan con la realidad: la financiación climática y para la justicia social sigue siendo un juego de trileros.
La Cumbre de Financiación para el Desarrollo que se celebra en Sevilla afronta una realidad preocupante: la financiación climática internacional funciona como un sofisticado juego de trileros donde los recursos prometidos desaparecen sistemáticamente bajo los cubiletes de marcos normativos complejos y compromisos ambiguos. El texto final de la Cumbre, acordado en Nueva York apenas 13 días antes del inicio de la conferencia, confirma las peores expectativas de las organizaciones que defendemos la justicia climática global.
Los datos son irrefutables: la financiación necesaria para abordar los impactos de la crisis climática en los países del Sur Global supera entre 6 y 10 veces la financiación actualmente aportada por los países del Norte Global. Si consideramos, además, el apoyo requerido para la adaptación de estos países a los efectos del cambio climático, esta cifra se eleva hasta ser entre 10 y 18 veces superior a lo prometido.
Esto no es una cuestión de generosidad, sino de cumplimiento de principios fundamentales ya acordados: las "Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas" y el principio de "Quien contamina paga", grandes hits del derecho ambiental internacional.
Como la canica del trilero, la responsabilidad se mueve constantemente sin materializarse nunca, escondiéndose en diferentes normas a nivel internacional. Como ven, son muchos más de tres los vasos que hay sobre la mesa.
El texto se limita a reafirmar compromisos existentes sin explicitar que la principal fuente de financiación debe tener dos claves: uno, provenir de los países del Norte Global y dos, estar garantizada por recursos públicos. Esta ambigüedad deliberada permite eludir compromisos concretos, y camuflarlos dando un papel cada vez mayor al sector privado mientras se mantiene una apariencia de cooperación. ¿Cuáles son las grandes canicas que han desaparecido en el texto? Las siguientes:
La doble contabilidad: el texto ignora completamente que la financiación climática y para el desarrollo se contabilicen por separado. ¿Puede ser que sean dos vasos los que cubren la misma canica? Esta práctica engañosa permite presentar los mismos recursos como ayuda oficial al desarrollo y contribución climática, inflando artificialmente los compromisos. Además, contabilizar la financiación climática como ayuda oficial al desarrollo (y no por separado) supone competir directamente con la financiación necesaria para otros importantes objetivos de desarrollo como la educación, sanidad o la justicia de género.
El predominio de subvenciones públicas: se obvia la exigencia de que la financiación climática se base en fondos públicos y no incremente la deuda externa del Sur Global. En países donde el servicio de la deuda supera la inversión en educación y sanidad, esta omisión perpetúa un modelo extractivo y neocolonial disfrazado de cooperación.
La eliminación de subsidios fósiles: a última hora se borró del acuerdo la eliminación de subvenciones a combustibles fósiles debido a la presión de varios países, encabezados por Estados Unidos, que finalmente se retiró de las negociaciones. Esta resistencia revela la contradicción fundamental del sistema: mientras se desvía la atención para dotar de recursos financieros suficientes para la acción climática a los países del Sur Global, se mantiene el financiamiento público a las industrias que causan el problema.
La ausencia de estas consideraciones representa una ocasión desperdiciada para transformar la financiación climática y dotarla de un enfoque verdaderamente decolonial, que respete la soberanía y dignidad de los pueblos del Sur Global, algo para lo que es necesario abandonar un modelo que perpetúa ciclos de dependencia.
El texto incluye algunos elementos positivos, como la consideración de criterios medioambientales y climáticos en las políticas fiscales nacionales, reconociendo las capacidades y responsabilidades diferenciadas de los países. También se promueve la adopción de presupuestos e impuestos "verdes" y se menciona la necesidad de métricas que trasciendan el PIB para medir el progreso, incorporando dimensiones sociales y medioambientales.
No obstante, estos avances resultan insuficientes ante la magnitud de la crisis climática, la urgencia de la transformación requerida y la deriva de reducción de los presupuestos de cooperación por parte de varios de los países más ricos. El texto final representa una oportunidad perdida para transformar la arquitectura financiera internacional hacia un sistema genuinamente justo y democrático.
Como buenos trileros, los países del Norte Global han logrado mantener la ilusión de compromiso mientras evaden sus responsabilidades reales y la necesidad global de aumentar dramáticamente los flujos financieros y transformar fundamentalmente los mecanismos de financiación para garantizar que sean adicionales, predecibles, accesibles y basados en principios de justicia climática.
¿Sigue usted viendo la canica? Mientras los negociadores continúan moviendo los cubiletes, desde la sociedad civil global seguimos señalando dónde debe estar realmente la financiación: en manos de las comunidades y países que afrontan las consecuencias más severas de una crisis que no causaron. La construcción de un futuro sostenible, equitativo y justo no puede seguir dependiendo de promesas vacías y contabilidades creativas. Es hora de que la canica aparezca donde realmente debe estar: en manos de la gente.

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