ANÁLISIS
Sin líneas rojas: Israel, Irán y la impunidad global

Por Leila Nachawati
Doctora en comunicación y conflicto, profesora en el departamento de Comunicación de la Universidad Carlos III. Autora de 'Cuando la revolución termine'.
-Actualizado a
Hay un antes y un después de la ofensiva israelí contra Gaza. Con más de 50.000 personas asesinadas —buena parte de ellos niños y niñas— los ataques no solo han arrasado la Franja, sino que han contribuido al sufrimiento indecible de la población en la región, a la normalización de los crímenes contra los más vulnerables y a que todas las líneas rojas entre civiles y combatientes se diluyan. Aunque se suele hablar de escalada regional, se trata en realidad de un paso más de una escalada de impunidad global que forma parte de un amplio plan de reconfiguración y dominio.
Gaza no era el objetivo
Que Gaza no era un fin en sí mismo, sino parte de un proyecto de reconfiguración regional, llevan tiempo advirtiéndolo analistas palestinos y lo han manifestado abiertamente las propias autoridades israelíes. En septiembre de 2024, Amichai Chikli, Ministro de diáspora y antisemitismo, afirmaba que su Estado no cree en la soberanía de Estados como Líbano, Siria o Irak. "Las líneas de demarcación de Sykes-Picot, que se basaban en la distribución de áreas de influencia y recursos entre Gran Bretaña y Francia, no sobrevivieron la prueba del tiempo; las líneas de falla sectarias y religiosas, la ruta topográfica y el poder militar son los que ahora modelan las fronteras reales entre las diferentes poblaciones en la zona".
Es decir, los acuerdos derivados del periodo colonial y de independencia han fracasado e Israel se arroga el derecho de rediseñar la región a su antojo. Un plan que ya se ha consolidado en Líbano, con la destrucción de buena parte del país. Un plan que también avanza en Siria, que sufre desde finales de 2024 ataques incesantes y presencia más allá de los altos del Golán, territorio sirio ocupado desde 1974. En el contexto de caída del régimen de Asad y del frágil proceso de transición y reconstrucción del país, Israel declaró de hecho, y sin tapujos, apostar por el caos, afirmando su compromiso con la "desestabilización de Siria".
En junio de 2025, oficiales del Ejército israelí declaraban que "el principal frente de batalla de Israel no está en Gaza, sino en Irán". Las declaraciones coincidían con los ataques del 13 de junio contra instalaciones nucleares y militares iraníes que causaron la muerte de buena parte de la cúpula militar y de la Guardia Revolucionaria iraní, además de varios científicos responsables del programa nuclear del país. También de cientos de civiles en zonas residenciales. El nombre del ayatolá Alí Jamenei, jefe del Estado y de las Fuerzas Armadas, no deja de sonar como próximo objetivo. Todo ello sin declaración de guerra de por medio, en el actual clima de impunidad creciente. Sin líneas rojas.
Irán, acorralado
Irán ha respondido atacando Israel con misiles que han impactado, entre otros objetivos, en un hospital en la región de Beersheba, al sur del país. A los ataques, que han causado al menos 24 víctimas civiles, según fuentes israelíes, se suma la retórica habitual de frases grandilocuentes y anuncios de "grandes sorpresas" en los próximos días. Pero ni los ataques ni la retórica ocultan la descompensación de fuerzas, la ausencia de defensa antiaérea y de refugios para civiles, que huyen estos días en masa de la capital. La debilidad, en definitiva, del régimen liderado por Jamenei, que se ha ido volviendo patente en los últimos años.
En el contexto regional, Irán es desde hace décadas uno de los actores principales, contrapeso tanto de la hegemonía saudí como de la política de ocupación y expansionismo israelí. Es, además, una potencia con capacidad nuclear, con un programa desarrollado de forma intermitente desde los años 80 del siglo pasado. Su presencia en la región, desde su llegada al poder tras el secuestro de la revolución popular contra el Sha de 1979, ha ido de la mano de una apuesta por el sectarismo, ahondando en la división interesada de oriente medio en dos ejes —chiíta y sunita— desde la que seguir avanzando sus intereses.
En los últimos tiempos, el régimen ha sufrido un profundo debilitamiento interno y externo que culmina en la actual ofensiva israelí. En el exterior, perdió a su aliado en Siria con la caída del régimen de Asad, a quien sostuvo durante años con la ayuda de la Rusia de Putin. La muerte en enero de 2020 del general Qasem Suleimani, comandante de la Fuerza Quds y responsable de incontables crímenes contra la población civil de la región, ya había sido un golpe significativo para la estructura de mando iraní, reduciendo su capacidad militar. En abril de 2024, un ataque aéreo atribuido a Israel destruyó el edificio anexo del consulado iraní en Damasco, causando la muerte de al menos siete personas, entre ellas el general Mohammad Reza Zahedi, un alto comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica y otros oficiales de alto rango. En los meses siguientes, Irán fue blanco directo de numerosas operaciones israelíes, sufriendo ataques a centros de investigación militar y fábricas de drones, además de ciberataques que interrumpieron temporalmente las comunicaciones de su aparato de seguridad. A estos ataques se sumó el asesinato de Ismael Haniya, dirigente de Hamás, en una base iraní en julio de 2024, lo que demostró el nivel de penetración del Mossad en las redes de seguridad iraníes. También la práctica destrucción de Hezbollah, el brazo armado de Irán en el levante árabe, tras los ataques israelíes de septiembre y octubre de 2024.
En el interior, el régimen sufre desde hace años una profunda crisis, que estalló tras el asesinato de Mahsa Amini en septiembre de 2022. La joven kurda de 22 años, que fue detenida por la Policía de la Moral en Teherán por no llevar correctamente el velo impuesto por las autoridades religiosas, murió bajo custodia tras ser golpeada brutalmente. Su muerte, como la de Bouazizi en Túnez, como la de Khaled Said en Egipto, encendió la chispa de décadas de corrupción, represión y descontento acumulados: se extendió por el país una revuelta popular liderada por mujeres, jóvenes, estudiantes, trabajadores, minorías étnicas y religiosas, y también sectores tradicionalmente conservadores, bajo el lema Mujer, vida, libertad.
La rabia popular creciente contra un régimen ilegítimo, y el resentimiento de buena parte de la población de Oriente Medio contra los crímenes y el fomento del sectarismo de esta potencia en países como Líbano, Bahréin, Siria, Irak o Yemen, ha sido utilizada por las autoridades israelíes y sus aliados como justificación de los ataques. Sin embargo, defensores de derechos humanos iraníes alertan de esta instrumentalización. Entre ellos voces como la de Sahar Delajani, autora de la premiada novela A la sombra del árbol violeta.
"Nací en una prisión iraní. Mis padres fueron encarcelados en sus celdas. Mis tíos yacen en sus fosas comunes. No hay nada que puedas decirme sobre los crímenes del régimen iraní que yo no haya vivido en carne y hueso. Pero eso no significa que quiera ver a mi pueblo bombardeado, mutilado, asesinado, con sus hogares reducidos a ruinas. Si tu visión de la liberación solo pasa por la destrucción de vidas inocentes, entonces no es libertad lo que buscas".
“Nadie sabe qué voy a hacer”
¿Y los aliados globales de Irán? Pese a la alianza de Putin y el régimen iraní en frentes como el sirio hasta finales de 2024, no cabe esperar que Rusia despliegue en estos momentos el apoyo que Irán necesitaría. Hacerlo desequilibraría la relación que mantiene con el estado israelí, compleja y no exenta de intereses compartidos. No lo hizo en los últimos meses de pérdidas en los que Jamenei reclamó su ayuda y no da señal de estar dispuesto a hacerlo ahora, cuando sus fuerzas se concentran en otros frentes, en particular en la invasión de Ucrania.
Respecto a Estados Unidos, quedan lejos los tiempos de calculadas estrategias geopolíticas. En el momento actual, ocurrencias, impulsos y el último encuentro que haya mantenido el presidente Trump parecen marcar el camino. "Creo que las decisiones de Trump se basan en la última persona con la que haya hablado ese día", leo a un periodista libanés, incapaz, como todos, de seguir el ritmo de los acontecimientos. En ese vaivén encontramos medidas que van desde el esperado levantamiento de las sanciones económicas que desde hace años asfixian a la población siria, un estrechamiento de relaciones con la Turquía de Erdogán y la monarquía saudí, un alejamiento aparente de la política israelí en la región y, a la vez, un recrudecimiento de la retórica contra Irán y un nuevo estrechamiento con Israel. Todo trufado de mensajes contradictorios sobre sus intenciones de implicarse de uno u otro modo.
En este contexto, cabe desconfiar de quienes hagan sesudas predicciones sobre la estrategia de la actual administración estadounidense. Conviene guiarse, más bien, por las declaraciones del propio Trump: "Puede que lo haga, puede que no. Es decir, nadie sabe qué voy a hacer".
“No dejaremos nada que reconocer”
Que Gaza no sea ya "el principal frente" para Israel no significa un respiro para los palestinos. Más bien todo lo contrario. Con la atención desplazada hacia esos otros objetivos, continúa la campaña de exterminio a la que analistas como Jesús Núñez Villaverde se refieren ya como "solución final". A la vez, avanzan los asentamientos, los asesinatos y la destrucción en Cisjordania, un proceso que se ha acelerado en los últimos meses y que avanza unilateralmente. De hecho, ante las tibias presiones de Inglaterra, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Noruega, el ministro de finanzas Bezalel Smotrich respondió lo siguiente: "Si reconocéis el Estado palestino unilateralmente, no dejaremos nada que reconocer".
Gaza no era el objetivo, pero marca un antes y un después en una escalada de impunidad que deja a las poblaciones de la región, y del resto del mundo, cada vez más indefensas frente a guerras y autoritarismos. Citando de nuevo a Sahar Delajani:
"La región permanecerá en llamas mientras continúen la masacre y el hambre en Gaza, mientras persistan la destrucción y el despojo en Cisjordania. Nadie conocerá la paz, la libertad, la dignidad y la prosperidad hasta que los palestinos lo hagan. No nos vamos a ninguna parte. Estamos aquí y lucharemos unos por otros. No solo contra la guerra, sino contra todo último rastro de gobierno autoritario fascista, violento y belicista que ha traído la ruina sobre nosotros y nuestra región".

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