Opinión
¿Por qué lo llaman UPyD cuando quieren decir Rosa Díez?
Por David Torres
Escritor
Hay división de opiniones entre los analistas políticos al tomar el pulso a UPyD después del desastre andaluz y de las penúltimas deserciones. Para unos, lo que queda de la formación de Rosa Díez no es más que un cadáver en pie, una carroña viviente a la que se le van cayendo trozos y diputados por el camino, un zombi hambriento en busca de votos sin ningún rastro de vida inteligente en su interior. Otros politólogos, más optimistas, discrepan con esta desoladora opinión y piensan que se trata más bien de un fantasma al estilo de Bruce Willis en El sexto sentido: no sabe que está muerto.
Hace poco más de un mes hubo una concentración de UPyD en la Puerta del Sol que, efectivamente, más concentrada no podía estar. En lugar de autobuses para traer a los manifestantes, la organización los empaquetó en un taxi y aun les sobraba sitio. Mi amigo Javier Gella me contó que, cuando llegaron, tuvieron que discutir con un gitano que les hacía la competencia con una cabra y una trompeta, pero al final lo convencieron ofreciéndole un puesto de ministro en el futuro gobierno. El mejor resumen del acto lo hizo, muchos años antes, Macedonio Fernández cuando glosaba al estilo conceptista la escasa concurrencia que había acudido a una de sus conferencias: "Fueron tantos los que faltaron que, si falta uno más, no cabe".
En una entrevista en Onda Cero, Fernando Maura, eurodiputado de UPyD, declaró al partido oficialmente difunto después del 22 de marzo. "Como proyecto político está acabado" aseguró. "No tiene espacio político". No hay más que entrar en el blog de Rosa Díez, cuya última actualización lleva la fatídica fecha del 20 de noviembre pasado, y cuyo primer párrafo reproduce una tribuna de El País publicada en la misma ominosa fecha: "Hace falta una fuerza política que defienda el Estado, la unidad de la nación y la ley". A partir de ahí lo que no hace falta es seguir leyendo, porque cualquiera con dos dedos de frente, y sin recurrir al aniversario, sabe que se está refierendo al PP: un partido que no sólo ha defendido sino que se ha fundido íntimamente a sí mismo con el Estado, con la nación y con la ley.
Maura lleva razón: el menú ideológico del día que ofrece Rosa Díez no se distingue gran cosa del que puedan ofrecer Albert Rivera o incluso Mariano Rajoy; de hecho, a estas alturas, la única diferencia es el chef. Hubo un tiempo no demasiado lejano en que UPyD y Ciutadans podían haberse juntado en un proyecto culinario común pero, a estas alturas, eso sería restar más que sumar. En su proceso de desintegración, las siglas se les han ido cayendo una a una: primero la U de unión y luego la P de progreso (la D de democracia ya venía jodida de fábrica). Entre los críticos y los defenestrados, Rosa Díez está tirando tanto lastre para mantenerse a flote en el globo que va a acabar desembarcando en la luna. Que es al fin y al cabo lo que lleva pidiendo a voces desde que empezó en esto de la política.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.