Opinión
Un mundo de islas para violadores sin límites

Periodista y escritora
-Actualizado a
“Debe de haber algo más que tenerlo todo”. Así empieza la felicitación que Donald Trump envió a Jeffrey Epstein por su 50 cumpleaños en 2003. Le sigue un texto que simula el guión de un diálogo entre ambos. Este:
Voz en off: Debe haber algo más en la vida que tenerlo todo.
Donald: Sí, lo hay, pero no te diré qué es.
Jeffrey: Yo tampoco, ya que también sé qué es.
Donald: Tenemos ciertas cosas en común, Jeffrey.
Jeffrey: Pensándolo bien; sí, las tenemos.
Donald: Los enigmas nunca envejecen, ¿te has dado cuenta?.
Jeffrey: De hecho, lo tuve claro la última vez que te vi.
Donald: Un amigo es algo maravilloso. Feliz cumpleaños, y que cada día sea otro secreto maravilloso.
Trump lo remata añadiendo su firma donde deberían estar los genitales femeninos, de manera que simula el vello público.
Empecemos por el principio. ¿Qué significa “tenerlo todo” escrito sobre el cuerpo de una mujer desnuda, que se me antoja (llámame loca) no es una mujer adulta? ¿Qué es en el contexto de la relación entre dos hombres blancos ultrarricos, uno de los cuales provee de crías menores a otros hombres, además de violarlas? Para empezar, esa afirmación significa que no hay límite, lo cual parece siniestro dado el contexto. Pese a expresar que tiene “todo”, Trump desea más. Desea algo más. ¿Está hablando de hoteles, empresas, barcos, aviones o cohetes? No. Está hablando de mujeres y niñas.
Cuando Trump habla de que ellos lo tienen "todo” lo hace desde la insatisfacción y la voracidad. O sea, es insaciable. No hay límites. Quieren más, y en ese más las mujeres son el objeto de consumo. No de deseo, sino de avidez. No hay pulsión de vida, sino su contrario: siempre un paso más lejos, siempre un poco más bestia, siempre un poco más violento. Esa voracidad yonqui de cuerpos de mujer o niña me produce un miedo que conozco bien, un miedo hacia el macho que nunca se sacia, que siempre quiere ir un poco más lejos.
Volvamos al cuerpo desnudo trazado por Trump. Lo que “tienen” Epstein y Trump es un secreto. Lo que tienen está escrito: Feliz cumpleaños, y que cada día sea otro secreto maravilloso. A esto se le llama pacto patriarcal, y consiste en un conjunto de acuerdos implícitos, no dichos, que refuerzan y perpetúan la violencia de los hombres contra las mujeres, llamémosle cultura de la violación o como cada cual prefiera.
Existe un acuerdo macho no expresado socialmente que Trump sí se atreve a nombrar, en ese jueguito de espejos que se marca en la carta: Tienen un secreto. Ese secreto escrito sobre el cuerpo de la hembra, junto con la voracidad sin límites de los machos, retrata ni más ni menos que lo mismo que estamos viendo en los chats de hombres que cuelgan las fotos de sus mujeres, hijas o madres: No hay límites en la violencia sexual. Y, de nuevo, “yes, all men”: ricos y pobres, altos y bajos, cultos e ignorantes, guapos y feos… ricos y pobres. Efectivamente, una violencia sexual desaforada y oculta por el pacto patriarcal está rompiendo algunas costuras, diría que hay un desbordarse.
La diferencia de Trump y Epstein con el resto es que ellos creen que su condición es única, exclusiva. Los hombres organizados en chats demuestran que no, que esa realidad se multiplica exponencialmente. En sus repugnantes agujeros de violencia sexual, los chats no hacen sino reproducir la isla donde depredador comparte a sus adolescentes para consumo de machos cuyos límites no existen.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.