Opinión
Un nuevo fantasma recorre Europa

Ayer me levanté observando la infinita crudeza de un cuerpo infantil desnutrido, marcado por el hambre, recorrido por enormes costillas. La fotografía periodística ha tenido, y sigue teniendo, una gran capacidad de apelar a la justicia social y de poner ante el espejo a los que la niegan.
Aunque no queramos abrirle la puerta, un nuevo fantasma recorre Europa y abrasa su conciencia. No es el fantasma del comunismo, sino el del genocidio. El fantasma del odio. Las imágenes de decenas de infantes gazatíes cercanos a la muerte por hambruna sitúan a Europa ante el espejo de la culpa. Es infinito el dolor de ver el viejo continente de la Ilustración y la cultura avalando por omisión un holocausto —el que ejerce Israel sobre Gaza— solo por el imperativo ético de la culpa ante otro holocausto, provocado hace un siglo por Alemania sobre los judíos. Entonces era una comunidad sin otra cosa que una tierra prometida, Israel, convertida hoy en un diabólico país.
Como hace casi ya dos siglos, cuando en 1848 Marx y Engels iniciaban su Manifiesto Comunista anunciando cínicamente que un fantasma —el comunismo, entendido como epidemia— recorría el continente, hoy Europa confronta el peso de la historia. Se reconoce ante la barbarie civilizatoria por la que tanto pagó en el siglo pasado y, finalmente, aunque tarde, reacciona a la actitud inculpatoria de apoyar a Israel.
Un documento firmado y publicado el pasado lunes 21 por más de 20 países del "bloque aliado" provoca un importante terremoto político y diplomático. Liderado por Reino Unido y Francia, e incluyendo a países desde Italia y España a Canadá y Suiza, pasando por Países Bajos, Australia, Suecia, Noruega y Polonia, condenaba "la distribución de ayuda a cuentagotas y el asesinato inhumano de civiles, incluidos niños, que intentan satisfacer sus necesidades más básicas de agua y alimentos". No es un documento que responda al sentir unánime, pero desata el despertar de Europa.
El viernes 25, Francia salta el muro del silencio histórico y, tras denunciar el trato inhumano de Israel en Gaza, apoya por primera vez la creación de un Estado palestino independiente y soberano. Alemania, la gran alma arrepentida, descarta reconocer Palestina como Estado independiente a corto plazo, pero la presión continental empieza a provocar discrepancias internas en torno a la acción injustificable del Gobierno de Netanyahu, quien ejerce un crimen colectivo solo en nombre de la permanencia en el poder. Al no haber una razón de Estado, ni ética ni política, el ciudadano alemán no puede apoyar el chantaje moral que Israel viene ejerciendo durante décadas ante el pecado nazi.
El fantasma que recorre de nuevo Europa es la vergüenza de nuestro tiempo. La primera gran vergüenza civilizatoria del siglo XXI, después del último lamento colectivo del siglo de las guerras: los Balcanes, que, aunque fueron vividos de espaldas a nuestra conciencia, todos sentíamos cercanos, a la esquina. Hoy todo se hace mucho más insoportable, por dos motivos: una clara identificación identitaria —el genocidio ocurre al otro lado de "nuestro" Mediterráneo— y la inmediatez informativa que proporcionan los medios digitales.
No es solo un fantasma europeo, sino occidental. El Estado de Israel se fundó, en 1948, como resultado de la Resolución 181 de las Naciones Unidas de 1947, por la que se partía la entonces británica Palestina en dos Estados: el árabe y el judío. Meses después, Israel proclamaba su independencia de la mano de Ben-Gurión, líder del movimiento sionista. No tardaría ni un año en ser aceptado como miembro de las Naciones Unidas, en 1949. Por contra, a día de hoy, el Estado palestino sigue sin ser aceptado por la misma organización.
Después de 75 años de conflicto negacionista por parte de un Estado diminuto pero con un poder casi infinito, Israel, Europa despierta…
Contra la inacción de la política, debemos aplaudir el empeño antifascista y movilizador del arte de las imágenes y de las palabras. El periodista y escritor Omar El Akkad ha convertido en un libro aquello que empezó siendo solo un sentimiento y acabó deviniendo en el tuit más dolorosamente viral. Era octubre de 2023, pocos días después de los primeros bombardeos de Israel sobre Gaza. "Algún día (cuando no entrañe riesgo alguno, cuando podamos llamar a las cosas por su nombre, cuando sea demasiado tarde para exigir responsabilidades), todo el mundo habrá querido estar siempre en contra". Hoy, leer el libro Algún día todo el mundo habrá querido estar siempre en contra (Libros del Kultrum, 2025) transforma nuestra conciencia pasiva bienestante en un dolor insoportable lleno de culpa, pero a la vez activa nuestro deber moral: hacernos cargo del aquí y del ahora, colectiva e individualmente.
El libro es un mural. Le recuerda al primer mundo, ya desde la portada, que la historia condena las injusticias no combatidas a tiempo. La elocuencia ante la bondad y el mal no la deben escribir historiadores ni filósofos a toro pasado, sino la sociedad civil en un presente abandonado por la clase política. Todos sabemos hoy que dentro de 10 años estos infames años en Gaza serán la gran vergüenza vivida por varias generaciones de ciudadanos cómodamente viviendo en el ocaso de una civilización. Y para ello está el arte, para retumbarnos los oídos con la crudeza de la verdad ante el olvido de nuestra conciencia.
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