Opinión
Periodismo escuadrista y privacidad

Por Guillermo Zapata
Escritor y guionista
Cuando se fundó Wikileaks, uno de sus planteamientos venía directamente de las contracumbres del movimiento antiglobalización. Las multitudes europeas seguían a los líderes del FMI, Banco Mundial y G8 y rodeaban los palacios dónde se reunían. El G8 Genovés fue un punto de inflexión con la movilización de cientos de miles de persona de toda Europa, una ciudad tomada por la policía y el asesinato de un joven, Carlo Guliani, a manos de un carabinieri. Después de eso, las reuniones se empezaron a hacer en lugares más remotos e inaccesibles y la táctica del asedio a través de la desobediencia civil fue perdiendo su impacto. En ese contexto, Wikileaks se planteó que si habíamos asesinado los nodos centrales del poder, ahora tocaba asediar las comunicaciones entre esos nodos. De esta forma, desvelando aquello que el poder no quería que se conociera, esos mismos centros de poder perderían la confianza, se volverían paranoicos, asustadizos y tendrían que dedicar muchos recursos a seguridad. Se encerrarían aún más.
Las revelaciones de Wikileaks han sido claves en, por ejemplo, la Guerra de Afganistán o Iraq, la denuncia de la política de presión de los EEUU a través de sus embajadas en muchos países del mundo, las torturas en Abu Ghraib y otros hitos del periodismo.
Esta semana hemos vivido nuestra lamentable y particular versión Pepe Gotera y Otilio de los cables de Wikileaks a través de la filtración de conversaciones privadas entre el presidente del Gobierno y el exministro Ábalos (tolerada por el propio Ábalos). Días después de la filtración, el director del diario El Mundo, dónde se producían las revelaciones, indicaba lo siguiente en una entrevista: “Yo si fuera Sánchez estaría preocupado”.
Los mensajes que se han ido revelando son, al menos de momento, absolutamente inocuos. Cuesta imaginarse la relevancia informativa de lo que se va conociendo, toda vez que ya sabíamos que el presidente del Gobierno y sus ministros tienen relación y el secretario general del PSOE y otros cargos orgánicos tienen relación. Pero el objetivo de este Wikileaks pocho no es ese. El objetivo no es revelar algo nuevo y relevante, sino demostrar que se tiene la información y, sobre todo, convertirla en un entretenimiento similar al de los programas del corazón. ¿Que dijo qué?¿Sobre quién? ¿Con quién se llevaba bien? ¿Y mal? La carga de la prueba, la sospecha, la pone el receptor. Así, por la izquierda se reciben con alegría, broma y cierta sorna y por la derecha como pruebas irrefutables de algo oscuro.
Es una fase más de ese “quién pueda hacer qué haga” en el que el aparato judicial instruye causas, esas causas recogen pruebas, esas pruebas aparecen en medios de comunicación y el juicio se hace fuera. Cuando hace falta llevarlo más lejos… Bueno, ahí tenemos el caso de Mónica Oltra.
Esta misma semana, los periodistas del Congreso se volvían a plantar ante un nuevo caso de escuadrismo en una rueda de prensa, en este caso de Sumar, porque había un individuo saboteando la rueda y su trabajo. Este escuadrismo periodístico no tiene nada que ver con la profesión periodística, ni ejerce el periodismo, sino una forma posmoderna del matonismo digital. Su negocio es el odio y no les importa la verdad. La mayor parte de sus “noticias” consisten en acosar a alguien y que su silencio o su justa respuesta ante el acoso les hagan parecer sospechosos ante otros.
En la concentración que tuvo lugar hace dos jueves en el Congreso para defender el cierre de Altri, otro de estos escuadrista se plantó allí y cuando fue expulsado de la movilización gritó “seguridad, seguridad”. No estaba llamando a la Policía, sino a unos matones acompañantes privados que le hicieron de guardaespaldas. Así que ya hemos normalizado cuatro cuestiones.
1. Que las conversaciones privadas del presidente se filtren.
2. Que los autos de una causa judicial aparezcan día sí y día no en los medios de comunicación.
3. Que unos tipos que se dedican a acosar a políticos por sus posiciones ideológicas tengan autorización del Congreso de los Diputados.
4. Que esos mismos tipos en la calle vayan con seguridad privada amenazando a ciudadanos.
Esta legislatura nació con una mayoría de investidura diversa, con fuerzas a izquierdas y a derechas. Lo que más tienen en común el conjunto de esas fuerzas en términos políticos es una voluntad de democratización de las estructuras del Estado. Creo que es cada vez más urgente tomarnos en serio este tipo de amenazas, porque no se van a ir. Y cuanta más fuerza tengan hoy, más fuerza tendrán mañana. Lo hemos visto en EEUU, estos “friquis” se convertían en “líderes de opinión” y de pronto un día ocupaban cargos de Gobierno. La amenaza es real, lo mínimo es que la respuesta vaya un poco más allá de declaraciones.
Hay mayoría para ello. Hay mayoría para democratizar nuestras instituciones, para garantizar derechos básicos como la privacidad de las comunicaciones y la intimidad, y hay mayoría para sacar del Congreso a los matones de la información.
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