Opinión
Sin Podemos no hay partido

Por Juan Tortosa
Periodista
-Actualizado a
"Hay que hacer algo, hay que hacer algo ya, que vienen los fachas. Unámonos, o si no esto será el apocalipsis. Unidad, unidad, unidad", braman por las esquinas rufianes, yolandas, maíllos y compañía. Pero les preguntas unidad para qué y empiezan a silbar. Quieren la unidad, pero no saben cómo demonios sustanciarla ni tampoco explican en qué va a consistir. Y claro, andan tan nerviosos que a quienes no están por la labor los demonizan, los amenazan y les advierten de que serán los responsables de la catástrofe que se avecina. Tenemos que estar todos unidos, proclaman sin descanso. Vascos, catalanes, gallegos, compañeros todos, venid con nosotros, inquieren Rufián y Delgado, el miércoles 18 vamos a hablar de cosas. Y vascos, catalanes y gallegos les dan calabazas a las primeras de cambio. Os queremos mucho, amigos, pero ese no es nuestro campo de juego, les precisan para que se dejen de monsergas.
Voy a ser muy clara, esto va de la gente, repite cansina una Yolanda Díaz que no sabe salir de ahí y que se propone este fin de semana contraprogramar junto a Izquierda Unida y algún que otro desesperado, todos más perdidos que un pulpo en un garaje. Por supuesto que en todo este baile de palos de ciego, nadie cuenta con Podemos. Para qué, dicen, si son Galapagar y cuatro gatos más. ¡Qué error, qué inmenso error! Marginan justo a quienes fueron el motor del terremoto que hace once años consiguió poner de los nervios a la institucionalidad de este país. Al motor de la verdadera izquierda posible, sí, porque fueron ellas y ellos quienes aportaron las ideas, quienes acertaron, quienes pusieron el dedo en la llaga hasta el punto de que el sistema se conjuró para laminarlos. No lo han conseguido, a pesar de que muchos de los que hicieron carrera bajo su cobijo los traicionaron después, y ahora se empeñan en continuar ninguneándolos.
Enric Juliana, colega nada sospechoso de ser de izquierdas, lo advirtió entonces y lo vuelve a hacer ahora. Dejar fuera a Podemos es la peor de las ocurrencias. Pues bien, continúan empeñados en ello. Las izquierdas rufianescas, las mismas que lo intentaron con Yolanda y antes con Errejón vuelven erre que erre envueltos en la misma equivocación. Hablan de "alianza común, compartida y abierta, de momento de apertura, generosidad, pluralidad…". Parole, parole, parole.
El sistema no quiere una izquierda que tenga razón. Pretende una izquierda asustada, acongojada, que apuntale a los socialistas y deje al margen a quienes ponen en cuestión la dinámica en la que todos se encuentran cómodos. No quieren a nadie que les marque el terreno con personalidad propia, con determinación y contundencia, señas de identidad de un partido como Podemos, propietario del poso intelectual y político que les falta a los componentes de una izquierda malmenorista cuya prioridad es mantener su chiringuito, sus exiguos sillones y la posibilidad de ir pagando las muchas deudas que mantienen con los mismos bancos que los machacan.
Cuando les dices estas cosas, te vienen enseguida con la petulancia, cuando no con las amenaza o el miedo a los ultras: "Quien no vea que hay que hacer algo, o no ve bien o ya le va bien que no lo haya, ¿de qué sirve que te vaya mejor si te van a ilegalizar?", ha escrito Rufián en X. Pero vamos a ver, ¿queréis dejaros de amenazas, de chantajes, de apelar al miedo de siempre y empezar a poner propuestas sobre la mesa? ¿dónde están las ideas, qué sistema vais a adoptar para ofrecer a la ciudadanía un proyecto común concreto y claro, cómo vais a organizaros a la hora de repartiros los puestos? Porque eso sí que os interesa, ¿verdad?
El malmenorismo es un chantaje. El espíritu de Magariños es historia, intentar resucitar un muerto como aquel es la peor de las ideas. Como se puede leer en un reciente editorial de Diario Red, "cada minuto que la izquierda dedica a hablar de sí misma, de sus coaliciones, de sus marcas, de sus confluencias, de sus frentes amplios, de sus procesos de escucha, es un minuto que la izquierda no dedica a hablar de la vivienda, de la inflación, de la precariedad laboral, del deterioro de los servicios públicos o de la injusta distribución de la riqueza. El bloque de poder sabe perfectamente que no hay nada que desconecte más a la izquierda de sus potenciales votantes que estar todo el rato hablando de los políticos en vez de hablar de la política y, por eso, lo fomenta, lo celebra, lo propulsa y lo amplifica".
Yo creo que en el PSOE saben que la única solución es tener a alguien a su izquierda con las ideas claras, no alguien sumiso dispuesto a olvidarse de cuestionar la OTAN, la monarquía o el gasto armamentístico, por poner solo tres ejemplos. Los socialistas desprecian a los manejables y saben que el apoyo de una izquierda light es pan para hoy y hambre para mañana. Les fue bien con unos socios como Unidas Podemos, que aunque les tocaban las narices, sabían lo que tenían enfrente, discutían y se peleaban, pero los respetaban.
Hasta que pensaron que no les eran necesarios. Los socialistas se equivocaron y ahora lo saben. Por eso me extraña que les interesen las aventuras que un Rufián cada vez más pagado de sí mismo y los restos de un Sumar descolocado y desesperado pretenden llevar a cabo estos días. Ellos saben que tarde o temprano necesitarán a Podemos. Y saben también que más les vale que eso se sustancie cuanto antes si de verdad se quiere evitar la irrupción del cataclismo fascista.
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