Opinión
El PSOE le pone un escenario al Tenorio de Ayuso

Periodista y escritora
Esta semana he oído a varios analistas explicar que las ausencias de la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso la invalidan como potencial aspirante a presidir el Gobierno de España. Dicen que ha ofendido los electorados catalán y vasco, que "Madrid no es España" y sentencias similares sin demasiado fondo. O ningún fondo. Es preocupante cómo la frase hecha y repetida cien veces está sustituyendo al análisis político. La insufrible dictadura del argumentario que aplican todos los partidos políticos ha contagiado a los medios de comunicación, y nada parece indicar que eso vaya a cambiar, más bien al contrario. "Madrid no es España" es lo mismo que "Quien entra papa sale cardenal". Una idiotez con la que llenar minutos de radio y televisión.
Lo cierto es que Ayuso ha vuelto a conseguir ser la protagonista única de la pasada cumbre de presidentes —y presidentas, cabría añadir—, y para ello sólo le han hecho falta un par de desaires. Hasta tal punto era una reunión inútil, hasta tal punto el PSOE anda cazando moscas. Porque a cualquiera que no tenga ni idea de la política española le podría parecer que la convocatoria del Gobierno de Pedro Sánchez consistía únicamente en montar un escenario para que la presidenta de la Comunidad de Madrid vuelva a representar su eterna obra.
La obra de Ayuso, su representación, es como el Tenorio: no cambia y, sin necesidad de esfuerzo creativo, sigue encandilando a propios y extraños pase el tiempo que pase. No comprendo la fascinación por ninguna de las dos, ni por Don Juan ni por Isabel Díaz Ayuso. Para ello, para comprender el embeleso que despiertan, debería admitir por fin que el abuso de poder, el engaño, la construcción profundamente machista de sus actos y la chulería sin más triunfan entre una abrumadora idiocia general. Decido no hacerlo, no admitirlo.
Lo que sí admito, y aquí reside gran parte de la responsabilidad, es la fatal atracción que Ayuso despierta en los medios de comunicación. Sólo así se explica el clamoroso éxito de su puesta en escena esta semana. ¿Qué ha sucedido exactamente? Pues algo tan nimio como que una presidenta ultraconservadora se ha ausentado en dos ocasiones de una reunión porque no admite que España es un país plural y además castiga los rasgos distintivos de Catalunya y Euskadi porque le da muy buenos resultados electorales. Para más inri, ese gesto verdaderamente inane venía ya anunciado por ella misma. O sea, que ha sucedido nada, o casi nada. Sin embargo, ese casi-nada protagonizado por Ayuso ha llenado horas de tertulias de radio y televisión, ha echado a pensar a las mejores cabezas de los medios, ha llenado páginas de periódicos, cabeceras, columnas…
Perdí hace tiempo la cuenta de los periodistas varones de izquierdas y alrededores que han confesado, en voz alta o baja, la irremediable atracción que sienten por Ayuso. Quizás se trate de eso, de algo visceral, o quizás no. Esto también decido olvidarlo. Soy una mujer, periodista y feminista. Me resultan cargantes e infantiles ese tipo de apreciaciones.
Lo que no comprendo de ninguna manera es que el PSOE le ponga el escenario a la madrileña para que se luzca a gusto. Es como si las feministas montáramos una representación del Tenorio para el Día de Todos los Santos.
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