Opinión
¿Puede ser la COP30 la última con participación de la industria fósil?

Por Clàudia Custodio
Observatori del Deute en la Globalització
-Actualizado a
Ya ha pasado la primera semana de las negociaciones para abordar la emergencia climática de las Naciones Unidas (popularmente conocida como COP30), que tienen lugar en Belém, Brasil. Se trata de la 30ª edición de estas cumbres, y la segunda con mayor participación, después de Dubai hace dos años.
Hay representantes de 193 países además de la Unión Europea, pero destaca la ausencia mediatizada de Estados Unidos, el país con una mayor responsabilidad histórica ante la crisis climática. En realidad, no es el único país que decide no mandar delegación, si no que se suma a Afganistán, Mianmar y San Marino. Quienes sí participarán son lobbistas de empresas estadounidenses. Y es que además de las delegaciones de los países, las cumbres del clima reúnen a investigadores, sociedad civil, gobiernos locales, medios de comunicación y empresas.
Son cada vez más quienes señalan que estas cumbres son en realidad un espacio de encuentro para hacer negocio con el clima, y una fábrica de falsas soluciones. Ante ello, colectivos y grupos de la sociedad civil han organizado una Cumbre de los Pueblos, algo que no tenía lugar desde 2021 por la falta de garantías democráticas en los países donde tuvieron lugar las ultimas tres COPs, y que ha reunido a más de 10.000 activistas de todo el mundo. Desde la contracumbre, en defensa de los territorios, se critican las falsas soluciones y la transición verde capitalista.
En la cumbre oficial, en cambio, los intereses corporativos están presentes sin tapujos. Es algo que se ha normalizado a la vez que se erosiona el multilateralismo. Los sponsors saltan a la vista: Neoenergía, que es la sucursal brasilera de la empresa española Iberdrola; la minera Vale, responsable de los incidentes de Mariana (2015) y Brumadinho (2019) que causó centenares de victimas mortales y que se encuentra entre las principales emisoras del país; la aerolínea LATAM, a pesar que la aviación sea el medio de transporte más contaminante; empresas del sector automovilístico como Toyota, cuyo futuro estaría comprometido si realmente descarbonizamos la movilidad y apostamos por el transporte público y el abandono del paradigma del vehículo privado, etc.
Pero no se trata solo de sponsors. Las Naciones Unidas también permiten que participen representantes del sector corporativo. Gracias al trabajo de la campaña Fossil Free Politics y la coalición Kick Big Polluters Out (KBPO), de las que el ODG formamos parte, se conoce el número de lobistas de la industria fósil que tienen acreditación para entrar en la zona azul y, por ende, para influenciar las negociaciones. Este año, más de 1.600 personas que representan a conocidos negacionistas y retardistas climáticos como Exxon Mobil, Shell o Total, se han desplazado a Belém para asegurar la continuidad de su acumulación de beneficios.
Se trata de empresas que hace décadas que dedican enormes sumas de dinero a bloquear la acción climática y a negar su contribución al calentamiento global. A diferencia de las delegaciones de los países más empobrecidos y de gran parte de la sociedad civil, estas empresas se pueden permitir pagar los astronómicos precios de los hoteles en Belem y mandar a sus representantes para seguir promoviendo sus negocios. Y es que el número de lobistas es dos tercios superior al de las delegaciones de los diez países más vulnerables al cambio climático juntas. No solo esto, si no que en esta COP ha habido la mayor proporción de lobistas en relación al número total de participantes desde que la campaña KBPO empezó a publicar cifras.
Además, los datos de los últimos cuatro años muestran que las empresas representadas por los lobistas que han asistido a las COP son responsables de casi el 60% de la producción de petróleo y de gas en 2024. Y luego nos preguntamos por qué las negociaciones son un fracaso, y por qué el abandono de los fósiles sigue siendo un tabú.
Los datos son accesibles gracias al incansable trabajo de la sociedad civil, que consiguió que en 2023, en la COP28, por primera vez las personas acreditadas tuvieran que declarar a quién representaban. Esto permitió hacer un conteo más precio de los lobistas totales, revelando quiénes antes estaban de incógnito. Además, en 2025 las Naciones Unidas han introducido una casilla que todas las personas acreditadas tienen que marcar asegurando que "su participación a la cumbre está completamente alineada con el objetivo de la CMNUCC y del Acuerdo de París y del Protocolo de Kyoto"[1] en las negociaciones. Lo último sirve para visibilizar la hipocresía, pero no supone un cambio efectivo. Los lobistas mienten y siguen participando. En resumen, la transparencia es útil pero claramente insuficiente.
Así, en esta COP30, las grandes petroleras del mundo, responsables históricas de las emisiones que han causado la emergencia climática, están presentes de nuevo: hablamos de Chevron, ExxonMobil, Shell, TotalEnergies… Del Estado español, destaca la antigua Cepsa, rebautizada como Moeve en un intento de lavar su imagen, e Iberdrola, que tiene una amplia representación, en parte a través de su filial brasilera. Tanto Cepsa como Iberdrola se encuentran en el listado de las 10 empresas más contaminantes del país. Además, hay representantes de los dos principales bancos españoles con más inversiones en el sector fósil: el BBVA y el Santander.
A pesar de que más de 225 organizaciones mandamos una carta a la presidencia pidiendo que tomara acción para excluir a la industria fósil de las negociaciones, no ha habido una respuesta efectiva. ¿Acaso no se ha aceptado ampliamente el protocolo de la Organización Mundial de Salud para excluir la industria tabacalera de sus negociaciones? Parecería lógico hacer lo mismo con la industria fósil en las cumbres del clima. Si esta debe ser "la COP de la verdad" - en palabras de Lula da Silva para defender la evidencia científica sobre la emergencia climática y evitar los discursos que la niegan -, es hora de excluir a la industria fósil. Vamos 30 años tarde.
Ni acreditaciones para lobistas de la industria, ni patrocinios de corporaciones fósiles, ni vínculos de la presidencia con este sector. Se necesita un marco de rendición de cuentas que asegure que actores, cuyo propósito va en contra del objetivo de las negociaciones, no puedan participar en ellas.
Si la COP se ha convertido en un espacio en el que el clima es una oportunidad de negocio, vale la pena pelear para que dejen de serlo. Tenemos que recuperar el único espacio de debate entre países para abordar la crisis planetaria. El primer paso es asegurar que sea "libre de fósiles". De nuevo sirve la frase tan gastada de que, en ello, nos jugamos la vida.


Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.