Opinión
Pulgares arriba

Por David Torres
Escritor
Hay un gesto fotogénico muy de Javier Milei que consiste en mostrar ambos puños cerrados con los pulgares hacia arriba al tiempo que mira fijo a la cámara y succiona sus mejillas con el fin de parecer todavía más Milei de lo que es. Lo de chuparse las mejillas hasta aplaudirse con ellas la lengua debe de ser por razones estéticas, pues el presidente argentino está convencido de que la superioridad de la ultraderecha no se da únicamente en el plano ideológico sino también en el físico: no hay más que comparar a Sánchez con Milei para ver por dónde se decanta el tirón sexy.
En cuanto a la mirada demencial, posiblemente se trata de una metáfora, ya que, al fondo de los ojos -incluso en las fotos-, puede escucharse el zumbido de una motosierra. Como en los posados suele salir escoltado de diversos ídolos y admiradores, Milei ha decidido prescindir de la motosierra para evitar el peligro de que salgan volando rebanados brazos, manos o dedos. Los expertos no acaban de ponerse de acuerdo en el significado preciso del pulgar hacia arriba; podría ser que todo va fenomenal, pibe; que Milei nos perdona la vida; o que está haciendo autostop para subirse al carro de la prosperidad económica. Con treinta empresas diarias echando el cierre en Argentina y más de trescientos mil parados nuevos desde que subió al poder, no es fácil elucidarlo.
En la antigua Roma, si el emperador mostraba el pulgar hacia arriba venía a indicar la ejecución del gladiador derrotado, justo al contrario que en las películas de romanos, ésas que le encantan a Elon Musk, donde los centuriones hacen el Heil Hitler con dos milenios de adelanto. Es cierto que el saludo fascista fue un invento romano, como que lo puso de moda Mussolini hacia 1920. En ese caso, aunque fuese de modo totalmente inconsciente, el pulgar hacia arriba de Milei vendría a significar que le corten al gladiador el gaznate.
Sin embargo, en las fotos el mandatario argentino no levanta uno, sino dos pulgares, probablemente tres, aunque la cámara no puede captar tantos detalles. El resultado es que parece estar manejando una Nintendo, ganando una partida en algún videojuego imaginario -puesto que la imaginación siempre ha sido su punto fuerte. A menudo aparece en las fotos jugando a dobles, junto a espontáneos de la talla de Vito Quiles, Tim Cook, Santiago Abascal o Javier Negre. Este sábado, el líder de Vox aprovechó para hacerse una foto al lado de Milei sin importarle mucho que su homólogo al otro lado del charco vistiera un mono de trabajo de la petrolera YPF, símbolo de la expropiación que sufrió la española Repsol a manos del Gobierno argentino en 2012. A Abascal sólo le faltaba llevar una camiseta de Messi. Los Javis en versión heavy.
Como buen patriota de exportación, Abascal es tan español que España se le queda pequeña. No sólo abraza sin problemas la bandera albiceleste sino también las barras y estrellas, limpiando las botas de Trump, poniéndose a favor de la brutal subida de precios y alquileres que se avecina con la crisis del petróleo. Su pasión por la guerra queda demostrada por su afición a vestir camisetas del ejército español -intentando hacer la mili con dos décadas de retraso- y por aquella foto en la que se asomó a una ventana con un casco de los Tercios para avizorar un futuro plantado en la Edad Media. El pulgar bien arriba simboliza lo bien que va su plan de pensiones personal, la Fundación Disenso, con casi diez millones transferidos desde las cuentas de Vox. No es casualidad que el Madrid Economicum Forum haya coincidido con el estreno mundial de Torrente presidente.
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