Opinión
Queremos a una asesina

Por Marta Nebot
Periodista
No es que nosotros saludemos a una asesina, nosotros la queremos. Cada noche dormimos con ella y cada día la alimentamos, la cuidamos, la acariciamos... En definitiva, somos un trío.
Ella es muy suya. Nos ignora la mayor parte del tiempo. Es hermosa y parece saberlo. Ágil, elástica, certera, astuta, más rápida que el ojo.
De pequeña jugaba a cazarnos. Se malescondía detrás de algún escalón y atacaba por ¿sorpresa? Nosotros le reíamos la gracia, inconscientes de que aquello era puro entrenamiento.
Esta primavera está más matona que nunca. Se trae a sus víctimas a casa, vivas o muertas. En ambos casos hace lo mismo con ellas: juguetea. Es, además de asesina, perversa.
El último bebé muerto que trajo lo lanzaba por los aires para simular que todavía lo estaba cazando.
A veces se los come y solo encontramos pedazos.
Otras, está perezosa y se le escapan. Las más afortunadas salen volando. Las menos, se esconden debajo del sofá y ganan algo de tiempo.
Os la termino de presentar: se llama Tita. Nos decimos que por Tita Merello, una actriz y cantante porteña, una de las primeras intérpretes de tango en los años 20.
Uno de sus éxitos es Arrabalera. Y uno de sus versos dice: "Si me gano el morfe diario qué me importa el diccionario, ni el hablar con distinción. Llevo un sello de nobleza, soy porteña de una pieza, tengo voz de bandoneón".
Tita es una bengalí. Su raza nació en un laboratorio estadounidense en 1963, fruto del cruce entre gato doméstico y leopardo. Desde ese primer híbrido se necesitaron tres cruces más, con gatos domésticos, para conseguir esta especie con aspecto de animal salvaje pero dócil -aunque no del todo-.
Sus paralelismos con quien se ha autodenominado "asesina" esta semana son múltiples y azarosos. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, como dicen en las ficciones basadas en hechos reales. A mí, pensarlo me ha dado entre escalofríos y risas.
Muchos ratos al PP se le va de las manos y supongo que a su vuelta, vuelva o no con una presa entre los dientes, cuesta más darle la bienvenida. Comete atrocidades políticas fruto de su naturaleza asalvajada. Nació de cruce entre laboratorio yanqui y lideresa cañí, con el estribillo de Arrabalera como su fórmula de cabecera para ganarse el jornal mediático y terreno político. A esa receta, ya mundial, sumó el salvajismo propio de la patria. Ella es, además, chulapa.
Supongo que esto resonará más en los oídos de los populares que la sufren en sus carnes sin sentirse de su raza, que la quieren y les espeluzna por igual. No dudo de que hay populares que trabajan por llegar a gobernar y saben que eso requiere de contención de los instintos bajos, de cierta diplomacia mínima, de la educación minúscula que posibilita la convivencia y la democracia.
Sin embargo, a pesar de ellos, es su salvajismo lo que está luciendo más. Es como si en nuestra casa, en lugar de horrorizarnos y censurar sus animaladas bendijéramos sus matanzas e, incluso, alguna vez, saliéramos con ella de caza. Quemar todos los puentes con el nacionalismo no es inteligente ni constructivo, y supone desconocer los números y la historia política de nuestra democracia. Insultar a la España que no te vota, insultar a la inteligencia colectiva con eslóganes asalvajados como "mafia o democracia", viniendo de un PP que sigue en una sede pagada con dinero negro y todavía tiene cerca de 30 causas abiertas por corrupción, es salvajismo más que osadía.
La guerra de cloacas en la que estamos les sale a perder. La palabra mafia en su boca suena cínica y más que exagerada. Es posible que el PSOE se hiciera el tonto ante las maniobras, más o menos informativas, de Leire Díez y los empresarios damnificados por la policía patriótica. Ella no les dio nada a sus confidentes más allá de sus promesas, según informaba hasta La Razón, esta semana. Game over. El Estado de derecho no se pone en jaque solo por las palabras de una señora, diga lo que diga.
Es verdad que lo dicho lo afea y eso tampoco es bueno. Pero que lo señale quien tiene en plantilla, con sueldo de más de 80.000 euros al año, a Juan Vicente Bonilla, un excapitán de la UCO que, siéndolo, pidió recopilar información para derrocar al Gobierno porque no lo aguanta -pura policía "patriótica"- es un chiste de mal gusto solo digno de sectarios que gritan para sus adentros "muerte a la inteligencia".
Quizá ganen las siguientes elecciones, por desgaste, porque el poder nunca es perfecto, porque el péndulo no para, aunque falta mucho para eso y ya veremos, cuando llegue, de qué va esa contienda.
La cuestión ahora es a qué precio quieren ganar y si están dispuestos a devorarlo todo, incluida la convivencia y las instituciones, y si esa estrategia animal les hará perder el timón en manos de los más salvajes entre los suyos, que tienen partido propio desde 2013.
A ver si alguien le regala a Feijóo un gato bengalí. A lo mejor así se da cuenta de lo que se trae entre manos. También le vendría bien uno a Mónica García para entrenarse, aunque ella ya conoce el pelaje con el que se está jugando. Y puestos a regalar, ojalá le regalen a Isabel Díaz Ayuso -por el bien de tod@s y como lectura obligatoria- el manual de la política sin matonismo, aunque a ella le guste más la fruta.
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