Opinión
Salvar al soldado español

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Es imposible abstraerse en esta precampaña electoral de la violencia verbal que destilan la extrema derecha y sus satélites, presidente de Argentina incluido, contra quienes no piensan como ellos. Pero más difícil resulta aun -y no solo para esta plumilla, sino para cualquier persona decente- correr un tupido velo, por un lado, sobre la indisimulada escalada de brutalidad policial con la que se están controlando las manifestaciones antifascistas (A Coruña) o reivindicativas de derechos constitucionales (Madrid) y, por otro, sobre las denuncias contra soldados españoles en Ceuta por presuntas torturas, acoso o maltrato a inmigrantes. Las imágenes de unos y otros no nos dan mucha opción para la comprensión, el atenuante o la justificación de tales comportamientos violentos contra personas muy mayoritariamente pacíficas en las concentraciones y muy vulnerables en el caso de los extranjeros/as.
Precisamente porque las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tienen legitimado el uso de la violencia y van armadas, el empleo de esta debería ser exquisito, muy excepcional y como último recurso, pero también investigado rigurosamente cuando se denuncian abusos. La realidad, no obstante, nos muestra que de las investigaciones que se anuncian tras abusos documentados, nada se sabe después, salvo en casos muy excepcionales y salvajes, cuando se dan a conocer para que veamos lo bien que funciona nuestra "democracia plena". Hagan la prueba: busquen casos de abusos policiales contra manifestantes y a ver qué encuentran sobre investigaciones en curso, en caso de que se abran, que ésa es otra.
Con los militares de Ceuta y sus presuntas torturas y vejaciones a inmigrantes está pasando lo mismo: la evidencia tuvo que ser escandalosa y a la vista de todos, presentada públicamente por Amnistía Internacional, para que el Ministerio de Defensa accediera a acudir a la Fiscalía arrastrando los pies y se abriera una investigación a los soldados perpetradores de esa presunta violencia xenófoba. Del acoso de patrullas militares denunciado por voluntarias de las ONGs No Name Kitchen y Brigadas de Apoyo Mutuo, constatado in situ por la periodista Gabriela Sánchez de El Diario.es, no obstante, ya nadie hablaba... hasta este jueves, cuando la Guardia Civil irrumpió con violencia avalada judicialmente para el registro de las instalaciones buscando a varios/as de sus voluntarias por supuesta incitación a la violencia y desórdenes públicos. Qué casualidad, oigan, y qué puntería.
No Name Kitchen lo ha negado todo, incluidas las dos detenciones de activistas a las que ha hecho referencia la Guardia Civil. La ONG habla de "graves irregularidades" y "criminalización" por dar de comer y prestar ayuda humanitaria y legal a los inmigrantes de Ceuta. No sería nada nuevo: desde hace siete años, en Público estamos denunciando el incremento escandaloso de campañas contra activistas y ONGs pro derechos humanos, particularmente, aquellas dedicadas a la atención y/o el rescate a migrantes, en frontera terrestre o en alta mar. Ni siquiera es exclusivo de España y el ascenso de la ultraderecha, su llegada a los gobiernos europeos y americanos, su infiltración constatada en los cuerpos policiales y el Ejército, ha convertido la intimidación contra quienes ejercen la labor que corresponde a los Estados democráticos en algo normalizado y cada vez más feroz. Ser compasivo y solidario cotiza a la baja y puede dar con tus huesos en la cárcel, por eso cuestionar las turbias acusaciones policiales y judiciales contra las ONGs es hoy un ejercicio de decencia. A esto hemos llegado.
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