Opinión
Santo PP, libre de violadores y narcos

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Cuenta una leyenda negra en el runrún del Gobierno de coalición que durante una comida privada, hace años, preguntaron al ministro Marlaska por qué situaba al "conservador" comisario José Antonio González, Jota, en un puesto tan sensible como el de Director Adjunto Operativo (DAO) de la Policía Nacional, el máximo cargo uniformado a las órdenes del director general de este Cuerpo, Francisco Pardo, un cargo político. El titular de Interior respondió con una petición, que venía a decir: "Búsqueme a un comisario de la Policía Nacional con el prestigio de González que no sea conservador", esto es, -y aunque Marlaska se guardara mucho de especificar- de derechas. No hubo réplica.
Fernando Grande-Marlaska entró en el Ministerio del Interior después del mayor escándalo de corrupción de Estado tras los GAL del Dios González: las cloacas de Jorge Fernández Díaz durante el Gobierno de Rajoy que empiezan a juzgarse este mismo año. Era el tiempo del Mariano Rajoy presidente -y padre político de Feijóo, con permiso de José Manuel Romay Beccaría-, Fernández Díaz ministro del Interior, Francisco Martínez secretario de Estado de Seguridad e Ignacio Cosidó director general de la Policía Nacional -entre otros aciertos, tal que el célebre mensaje "Controlaremos la Sala Segunda [del Supremo] desde detrás" gracias al magistrado Manuel Marchena, presidente frustrado del Consejo General del Poder Judicial gracias a la pericia de Cosidó-. Todos ellos fueron los inductores de sistema parapolicial de corte ideológico adiestrado para matar a enemigos políticos del PP con tus impuestos, los de esta plumilla y varios periodistas cómplices. El caso Kitchen, parte -solo parte- de ese entramado corrupto al máximo nivel, se juzga este año, les decía. Atentos a Público.
Este miércoles, porque la realidad es caprichosa y la violencia machista no entiende de partidos, ideologías, clases o instituciones, el Ministerio del Interior reventó en la cúpula y por donde menos lo esperaban: un juez aceptaba la querella de una presunta víctima de violación, entre otros delitos, del DAO de Grande-Marlaska, el "conservador" sin remedio. Abuso de poder, como mínimo, cuando la mujer dice basta, acoso, presiones, intento de chantaje, violencia... El mismo patrón, por ejemplo, del caso Nevenka, hace 26 años, o el del alcalde de Móstoles, de este mismo año. Para el PP, las víctimas fueron y sigue siendo las malas de la película, en ambos casos.
Tras conocerse la acusación y la dimisión -hora y media después de saltar a los medios- del DAO de la Policía Nacional en la noche del martes, Feijóo salió como un miura a las redes sociales, acusando a Marlaska, al Gobierno y -casi- a los militantes del PSOE y sus familias de encubrir y sostener al presunto violador. ¿Pruebas? Ni una, incluso para acusaciones tan graves. ¿Y el regidor de Móstoles, qué? Inocente para el PP, como antaño el alcalde de Ponferrada; porque lo dice Isabel Díaz Ayuso, lo intentan justificar/silenciar sus subordinados en Madrid y lo ratifica un Feijóo incapaz de construirse un liderazgo nacional creíble en el partido mientras compita con una hipérbole acusatoria en la que siempre le ganará la ultraderecha, presidenta madrileña incluida. ¿De dónde, si no, habrá sacado el líder del PP esa genial conclusión de que los violadores ajenos siempre dejan rastro y los narcos de casa, ninguno? ¿De Grok?
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