Opinión
Superagencia de Trump contra los rojos

Por Anibal Malvar
Periodista
El chico del pelo raro, o sea Donald Trump, acaba de crear una agencia suprafederal para perseguir el terrorismo de izquierdas en EEUU. Aunque el memorando firmado en el despacho oval aun resulta algo difuso, se sospecha que esta agencia la integrarán los más cualificados agentes de la CIA, el FBI, la DEA, el departamento de Justicia, los cuatro fantásticos, los siete magníficos, la liga de los hombres extraordinarios, los cuatro jinetes del apocalipsis, los intocables de Eliot Ness y los cazafantasmas. Faltan El hombre que fue jueves y 007, pero, en estos tiempos vagamente propalestinos, los espías de Arlington, Virginia, no se pueden fiar de ningún británico.
Según un informe de 2020 del Center for Strategics & International Studies (habitual consultor desde hace más de medio siglo de gobiernos tanto demócratas como republicanos), "los supremacistas blancos y otros extremistas de ideas afines llevan a cabo dos tercios de los complots y ataques terroristas en Estados Unidos".
En estos tiempos de simplismo dualista, habrá que explicitar que este dato no nos señala que un tercio del terrorismo estadounidense sea de izquierdas. Ese tercio restante está más bien copado por atentados yihadistas de mediano perfil y escasa difusión mediática (qué raro), ciberasesinos que colapsan hospitales o aeropuertos provocando muertes solo por vanidad tecnológica, pirados aburridos con fácil acceso a las armas, corazones rotos de instituto (siempre tíos), drones espías atribuidos a los rusos, y otras fauces de difícil catalogación.
Desde mi más que simplista opinión, creo que el terrorismo de izquierdas no existe, porque rojo es sinónimo de pacifista desde hace bastante tiempo. Y rojo también es sinónimo de morado y arcoíris, y, retozando entre toda esta maravillosa policromía, no te queda mucho tiempo para hacer la guerra.
Donald Trump persigue un terrorismo residual en su país. No el mayoritario terrorismo fascista, porque ese le interesa. Son sus soldados. El fascismo va abriéndose camino por puertecillas que le abren enemigos inventados. Los terroristas a los que detendrá su superagencia serán pequeños editores comunistas de un pueblo de Alaska. Camellitos venezolanos de los guetos de las grandes ciudades, a los que nos presentarán como narcoagentes de Nicolás Maduro. Enemigos políticos: el departamento de Justicia de Trump acaba de imputar al exdirector del FBI que investigó la estupefaciente financiación de su primera campaña electoral y las sospechosas relaciones del chico del pelo raro con Vladimir Putin.
La nueva superagencia de Trump nos deja claro que no va a perseguir a esos terroristas de ultraderecha que provocan dos tercios de las matanzas en EEUU. Su prioridad son los izquierdistas, los pacifistas, los ecologistas, las mujeres organizadas: declarados enemigos.
Aquí, en España, ya está pasando algo parecido con la criminalización de la protesta callejera y el asociacionismo. Aunque aún no le hemos puesto agencia específica a lo de perseguir rojos, salvo la policía patriótica, sí le hemos escrito una ley que es como un poema a la barbarie fascista: la ley mordaza.
Nuestros sensibles juristas mandan a la cárcel como peligrosos extremistas a Los seis de Zaragoza, y un potente sindicato policial contrata al desokupa fascista Dani Esteve, con diligencias abiertas por delito de odio contra los migrantes, como asesor intelectual. Se está normalizando el belicismo y criminalizando al pacifismo. Lo de poner una agencia que lo regule, también en España, no me parece disparatado. Para evitar abusos durante la tortura.
La más sólida democracia del mundo, esa que simplificamos y adoramos, nunca fue una democracia. Y, ahora que oficialmente se autoproclama imperio aún más autoritario, inquieta que nuestros líderes no se levanten de sus asientos cuando habla Donald Trump. Como se hizo con Netanyahu estos días en la ONU. Los dos son igual de genocidas. Pero los europeos nacimos y crecimos muy vasallos. Y vivimos con gran miedo de que nos persiga la nueva superagencia anti rojos de Donald Trump.
Decía un viejo chascarrillo que si en una mesa se sientan un nazi y las otras diez personas no se levantan, en la mesa hay once nazis. Lo digo por la ONU, la OTAN y tal. Un país de deriva fascista mantiene su prepotencia imperial y su derecho a veto en los más altos órganos internacionales sin que nadie se replantee nada. Y, en política interior, ya ha desplegado al ejército en las grandes ciudades para intimidar cualquier protesta, y ahora crea esta agencia anti rojos. Europa, como siempre, permanecerá atentamente sesteando. Ya cuenta la mitología que hace mucho fue raptada.
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