Opinión
Tiburones del PP
Por David Torres
Escritor
En una escena de La dama de Shanghai, enésima obra maestra del gordo Orson, el marinero O'Hara relata la curiosa semejanza que hay entre millonarios y tiburones. Él había visto una vez a una bandada de tiburones enloquecidos por el olor a sangre que se atacaban unos a otros, igual que millonarios disputando por un botín. Mi padre, que fue pescador muchos años, intensificó el horror de esa metáfora al contarme cómo una vez vio en alta mar una escabechina parecida con el agravante de que un tiburón, atacado por un congénere, se mordió sus propias tripas desparramadas en medio de las ensangrentadas aguas.
Pocas cosas más semejantes a una orgía de tiburones caníbales que cualquiera de las tramas corruptas del PP, ese bosque frondoso donde los corruptos se roban unos a otros sin orden ni concierto y la caja B desemboca en una caja C, la C en la D y así hasta completar el abecedario para seguir luego con los números. Gracias al juez Eloy Velasco hemos sabido que Francisco Granados e Ignacio Palacios se quedaban con parte del dinero de las donaciones ilegales que recibían en nombre del PP madrileño. A lo mejor obedecían algún código interno de la organización o simplemente aplicaban una variante de ese viejo refrán que dice que quien roba a un ladrón tiene un treinta por ciento de comisión. En cualquier caso, aparte de la fétida evidencia que emana de todo esto, asusta pensar la cantidad de cosas que desconocía Esperanza Aguirre de sus colaboradores más íntimos. Llega a ignorar una sola podredumbre más y asciende a los cielos en cuerpo y alma, como Remedios la Bella.
Es normal que, contemplando el latrocinio popular, los dirigentes acaben desconfiando unos de otros, expeliendo finiquitos en diferido y relegando a los más avariciosos o pardillos al proceloso limbo de "esa persona de la que usted me habla". Ahora bien, si algo hay que reconocerle a esta gente es su capacidad por llevar las cuentas al milímetro, una obsesión matemática que, de haberse aplicado en los márgenes permitidos por la ley, no sólo nos habría sacado de la crisis sino que probablemente nos habría llevado a la cabeza de la economía mundial. En la libreta de Bárcenas y en el cuaderno confiscado a Granados hay tal profusión de asientos, cifras e iniciales como para fundar una biblioteca de ajedrez y llenar varias casetas de la Feria del Libro.
Entre los extras y regalos con que los constructores aderezaron generosamente sus donaciones, figuran además cabezas de toro, trofeos de caza, cenas en restaurantes de lujo, relojes Cartier, paseos en limusina, boxes para caballos y picaderos equinos y de los otros. Juntas sobre una mesa producen un organigrama exacto no sólo de las dos décadas largas de administración pepera en la Comunidad de Madrid sino también del ecosistema natural de la mafia. Las "putitas" (como cariñosamente se las denomina en el informe judicial) eran "de confianza", un sintagma que expresa a la vez cariño y costumbre. Como diría un tiburón, la campaña electoral va viento en popa.
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