Opinión
Esta Vuelta la ha ganado Palestina

Profesor de Historia Contemporánea en la Universitat de València y especialista en Palestina-Israel
-Actualizado a
Por primera vez en la historia, la Vuelta ha sido suspendida por la protesta social. A pesar de la importancia internacional de esta noticia, parece esconderse en numerosos medios que la mayor protagonista de la coordinación de estas acciones ha sido la Campaña por el Boicot Deportivo a Israel impulsada por la RESCOP (Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina). Por muchos de los municipios por donde ha transcurrido La Vuelta ha habido un clamor popular contra la participación israelí en la competición. Desde banderas y pancartas hasta cortes de carreteras y desobediencia civil. Ha demostrado una coordinación extraordinaria desde la campaña que ha ido sumando a todo tipo de gente, militante o no. La explosión popular vivida en la última etapa de Madrid ha sido un colofón histórico que responde a esta campaña y a veinte años de trabajo abonado de la RESCOP, especialmente intenso desde otoño de 2023.
Estos mismos días estamos viviendo decenas de manifestaciones y ha llegado a haber fines de semana con más de 100 localidades protestando al unísono por el embargo de armas y el fin de las relaciones con Israel. Las famosas nueve medidas que anunció Pedro Sánchez, aunque insuficientes, son fruto de esta movilización popular. Aunque fue la primera medida mencionada por el presidente del gobierno, el embargo, trabajado día a día desde hace casi dos años por la Campaña Fin al Comercio de Armas con Israel, no se aprobó en el consejo de ministras y ministros del día siguiente. Se trata de la petición central de las movilizaciones de la RESCOP, el siguiente paso de mayor prioridad y una necesidad urgente teniendo en cuenta que España es el Estado de la UE que más armas ha importado desde Israel entre febrero y mayo de 2025, como publicó la periodista Olga Rodríguez. España sigue participando en el genocidio y es una obligación no sólo moral, sino legal, que deje de hacerlo de manera inmediata.
Eso está más cerca que nunca, y en gran parte es gracias a que estamos viviendo el mayor episodio de solidaridad internacionalista del siglo. Y no deja de crecer. De hecho, se está consiguiendo una de las claves de la campaña BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones); que grandes mayorías sociales apoyen que, ante cada complicidad con el sionismo –sea académica, cultural, deportiva, económica, militar o política– no se normalice el genocidio y se organice una protesta.
En solo un día, Israel se autoexcluyó del Mobile World Congress, se inadmitió una denuncia sionista en la Audiencia Nacional; Egipto anunció que cesaba toda colaboración militar con Israel; Países Bajos declaró que no participará en Eurovisión 2026 si el estado sionista compite; se retiraron todos los ajedrecistas israelíes del Torneo de Sestao; y se canceló una conferencia de la embajadora israelí en Bilbao. Este tipo de logros se vienen repitiendo en numerosos lugares del mundo cada vez más frecuentemente.
Por otro lado, Israel ha llegado a atacar hasta 11 países en menos de dos años (Palestina, el Líbano, Siria, Irak, Irán, Qatar, Yemen, Egipto, Malta y Túnez en el marco de la Global Sumud Flotilla, incluido un barco de bandera portuguesa). Israel es la principal amenaza para la paz mundial. Y la lucha por una paz justa en Palestina es el primer bastión contra la guerra en Europa. El rearme -que está implicando el desvío de fondos públicos a la industria armamentística y el consecuente empobrecimiento de las clases populares- se disputa hoy en Palestina. Por eso también, Palestina es la causa de la humanidad.
A pesar de seguir viviendo el único genocidio retransmitido en directo a miles de millones de dispositivos electrónicos y el que peor habla del Norte Global por su complicidad; a pesar de la nueva fase de exterminio israelí contra el pueblo palestino; a pesar de todo esto, este genocidio lo está perdiendo Israel. Cada vez se habla más cómo se está convirtiendo en un “Estado paria”. Su fractura interna se ensancha más y más. Además, se fugan capitales y grandes multinacionales como Intel cancelan inversiones (por valor de 25.000 millones de dólares gracias a una campaña global de BDS el pasado año). Por su lado, mientras que en 1967 el ejército israelí ocupó vastos territorios de varios países en seis días, ahora es incapaz de acabar con la resistencia palestina solo en Gaza. Asimismo, muchos judíos israelíes han abandonado el país sin expectativa de regreso. Israel es una colonia de asentamiento protegida por el imperio que requiere de estabilidad y seguridad para sus colonos e inversiones capitalistas. Pero cada mes que prolonga el genocidio, cada nuevo país que bombardea y cada boicot que triunfa, Israel se vuelve más inestable, más inseguro y puede estar acelerando su colapso. No sabemos ni cómo ni cuándo. Pero de manera similar a la caída del apartheid sudafricano, el BDS y, en especial, boicots deportivos como el de la Vuelta, pueden ser claves para la caída del apartheid israelí.
Es normal, es humano, no poder escapar del horror de las imágenes del genocidio. El mundo contemplaba horrorizado las fotografías terribles de la batalla de Argel, de las niñas y niños vietnamitas desnudos escapando de los bombardeos de napalm estadounidenses o de las madres abrazando los cadáveres de sus hijos e hijas en la masacre de Soweto. Como ahora en Gaza. Pero la Historia nos enseña que las luchas por la descolonización, como la palestina, son extremadamente duras y prolongadas. Y el propio pueblo palestino nos enseña que, además de denunciar la destrucción, es necesario poner en valor y difundir la solidaridad, la paciencia, la esperanza y el sumud, como el nombre de la Flotilla que se dirige a Gaza ahora mismo. O como se puede leer en algunos edificios en ruinas de Gaza: “We promise we will rebuild it”. La ciudad de Gaza ha sido destruida siete veces en la historia. Más temprano que tarde, será reconstruida una octava vez. El escudo de su ayuntamiento es un ave fénix.
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