Opinión
La Constitución y el aborto

Por Anibal Malvar
Periodista
Anuncia Pedro Sánchez que propondrá una votación en el Congreso para incluir el derecho al aborto en nuestra Constitución. Es un brindis al sol, porque el presidente necesitaría el sí de tres quintos de la Cámara, o sea, que la ecuación solo se resuelve con el apoyo del Partido Popular. Nunca Alberto Núñez Feijóo concedería al pérfido Sánchez balón de oxígeno alguno. Y menos en este tema.
Lo triste de todo es que llevemos cuarenta y tantos años dándole vueltas a lo del aborto, como si aun fuéramos señoros en blanco y negro, apestando a solysombra y a incienso, recién salidos del fresquito de una misa vengativa. Cualquier asunto que tenga que ver con la libertad sexual o reproductiva de la mujer seguirá topando con la Iglesia, que tiene más escaños en los parlamentos de los que podemos imaginar.
El conservadurismo rancio, que por lo que se observa es el único que tenemos, va a alzar mucho la voz en la Carrera de San Jerónimo cuando esto se lleve a debate. El griterío habitual del fondo azul durante las sesiones parlamentarias, atronará multiplicado con todo tipo de argumentos (sic) más morales que políticos, más religiosos que científicos, más inquisidores que legislativos. Un día más en la oficina.
Pena que el cardenal Antonio Cañizares no tenga escaño para gritar que las vacunas contra el covid están fabricadas con fetos humanos, como ya hizo en pandemia. Si partimos de este nivel, qué podría inventar el prelado para estigmatizar la constitucionalidad del aborto que propone Sánchez. Un Partido del Espíritu Santo daría mucho juego en un Parlamento como el nuestro. Le votaría todo maría santísima, como decimos los gallegos.
Oligarquías, clerigalla y partidos conservadores de España son una unidad de destino en lo universal desde siempre. Se necesitan, se retroalimentan, se protegen. De vez en cuando hay alguna colisión, como la petición de la Conferencia Episcopal a Feijóo y Santiago Abascal para que votaran sí a la regulación de medio millón de migrantes, que se les están yendo todos a las iglesias evangélicas. Al final, los diputados de PP y Vox van a votar con una biblia en la mano, sean creyentes o no, sean satánicos o luciferinos.
Susurran los intrigantes que Pedro Sánchez regresa con el aborto al Congreso solo por sacar rédito político, para que nuestra derecha se quite la careta y le descubra al electorado lo apolillada que anda en materia de derechos de la mujer. Yo no creo que sea maniobra de tahúr. PS habría esperado a la precampaña electoral para tan rimbombante anuncio. El voto femenino ya le hizo ganar las pasadas generales.
La pena que me queda es la de poder predecir, en plan Casandra, que el debate político para constitucionalizar el aborto va a ser un circo de palabras gruesas en el que lo menos importante será el derecho de la mujer. El ruido apagará cualquier racionalidad dialéctica y no habrá ningún cambio de posición intelectual. Los periodistas nos cansaremos de morbosear sobre cuál va a ser el sentido del voto de PNV y Junts, porque es lo único quizá impredecible. Y al día siguiente todo quedará olvidado bajo el estridor de una nueva bronca por cualquier proposicioncilla de ley. El descerebrado vértigo de la nueva política.
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