Opinión
El golpe de mi marido

Por Joan Losa
Periodista
-Actualizado a
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ACTO PRIMERO
(Se levanta el telón)
(Interior noche. A irrumpe en escena caracterizado de teniente coronel de la Guardia Civil. Se dirige al proscenio con paso firme. Una luz cenital perfila su semblante rígido, cuasi extático, confiriendo a la escena un aire siniestro. El mostacho es severo y la pistola de fogueo. La España del rebuzno y el mondadientes comparece de nuevo)
A. —¡Quieto todo el mundo!
(Voz desafiante y metálica. Ligeramente sincopada. Suenan disparos. La luz se atenúa lentamente hasta desaparecer)
***
ACTO SEGUNDO
(Interior noche. B fuma junto al teléfono mientras espera con inquietud noticias de A, su marido. En los cristales de sus gafas, de montura ovada semitransparente, se reflejan las hoscas aristas del tardofranquismo. Suena el teléfono. Es su amiga C)
B. —Aquí estoy hija de mi alma, han engañao a mi marido como un desgraciao
(Voz lastimera)
C. —Qué tonto el pobre mío
(La falta de riego del marido de B, es decir de A, es tan notoria que C no tiene reparo en explicitársela a su mujer)
B. —Qué desgraciao, tanto amor a la Patria, tanto darlo todo, mira cómo le han engañao. Estaría el Ejército detrás... en la cabeza, y ahora nadie ha hecho nada.
(Voz quebradiza. B manifiesta, próxima al llanto, su decepción para con el estamento castrense al no haber secundado las actividades pistoleras de su marido)
C. —Y cómo no se le ocurre pensar antes…
(C desliza aquí, a un nivel puramente intuitivo, el carácter irreflexivo del marido de B)
B. —Porque mi marido...
(B comienza a esbozar la idea-fuerza que vertebra el desarrollo de la trama y motiva el comportamiento escénico de los personajes, a saber; la importante merma que presenta su marido, un menoscabo intelectual de cierta envergadura del que B es sobradamente conocedora fruto de la experiencia conyugal)
C. —... que se iban a volver atrás; o qué pasa, que él se cree, que como él es así de honrao y de recto…, los demás van a seguirle igual.
(Aquí C, ajena por completo a la idea que B intenta consignar, trata de congraciarse con ella ensalzando la valía de su marido, compensando a base de honradez y rectitud, lo que ya es un secreto a voces; su marido es limítrofe)
B. —¡Es tonto! C, te voy a dejar, porque estoy desde las cuatro de la mañana intentando localizarle, intentando hablar con él y no hay forma humana, no puedo hablar con él, no me dejan...
(B articula por fin una verdad que necesitaba ser dicha. Su rostro refleja la pura constatación de un hecho, no hay sorpresa ni condescendencia en sus palabras, tan sólo la confirmación de la notoria merma conyugal. Aireada por fin la consustancial naturaleza de su marido, B interrumpe a su interlocutora ante la urgencia de localizarle, asunto de cierta complejidad al encontrarse este ejerciendo el golpismo).
***
ACTO TERCERO
(Crece la inquietud en B. Suena de nuevo el teléfono. Es su amiga D)
B. —¿Has visto qué asco?
(Voz resignada)
D. —Qué cosa más terrible
(D empatiza. El rencor da paso a la desazón)
B. —Qué lástima
(Voz abatida. Asunción de la derrota)
D. —Estate orgullosa porque hombres así…
(D introduce el tema de la virilidad, figura mollar en el imaginario normativo de la familia católica, apostólica y romana)
B. —Pero hija, si... es un desgraciao, si encima lo tachan de loco y de bandolero y sabe dios... Estoy intentando hablar con mi marido toda la noche y no puedo hablar con él. No puedo, estoy intentando hablar con él y no puedo.
(B se muestra sorprendida ante la ocurrencia de algunos de tildar a su marido de bandolero y loco por el simple hecho de haber irrumpido en la sede de la soberanía popular blandiendo un arma con la firme intención de subvertir el orden constitucional)
D. —Mira que te digo...
(D va a decir algo que excede lo trivial. Es por ello que anuncia con anterioridad lo que se dispone a comunicar. Del mismo modo que el caballo arquea el lomo y relaja la cerviz antes de proceder a la boñiga, D anuncia con este breve preámbulo la acometida de la naturaleza. Pausa dramática)
D. —¡Tenía que cargárselos a todos antes de salir de ahí. Tenía que cargárselos!
(D, en efecto, ha procedido a la deposición anunciada, situando su personaje entre la criminalidad y el puro fascismo; en el supuesto de que exista algún matiz intermedio).
(Telón)
Las declaraciones recogidas en esta obra son reales, aunque han sido dramatizadas con fines escénicos. Cualquier interpretación adicional de gestos, silencios o emociones obedece a licencia artística y humorística, y no pretende dañar a persona alguna.
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