Opinión
Se alquila sofá para señorita
Por Manolo Saco
Juro que cuanto voy a decir es rigurosamente cierto.
Ayer tarde, paseando con mi mujer, vi a una pareja joven, quizá un matrimonio, que iba pegando con papel adhesivo en cada farola una nota escrita a mano. La nota encerraba un mensaje de lo más enigmático: “Se alquila sofá para señorita”. A punto estuve de darme la vuelta para preguntar a los autores de una oferta tan descabellada para qué querría una señorita alquilar su sofá, y por qué una señorita y no un caballero. Sería más cómodo alquilar una chaqueta, o un reloj, o un coche, o un piso, pero ¿un sofá? ¿Y si cuando la señorita se siente cansada se halla a varios kilómetros del sofá? ¿Tendría que llevar el sofá a cuestas todo el día por si se cansaba (de llevar el sofá) en el momento más inoportuno?
“Estás tonto, Manolito, -me cortó mi mujer-. Alquilan el sofá, como otros alquilan una habitación, para dormir”.
Había oído hablar de los minipisos, de los realquileres donde los inmigrantes se hacinan hasta en la cocina, de las camas calientes que los diferentes turnos de usuarios no dejan enfriar. Pero lo del sofá es ya la caricatura de la carestía de la vivienda. Porque pensemos un momento en qué condiciones precarias debe de estar viviendo ese matrimonio que se ve obligado a alquilar su sofá, o la señorita, futura arrendataria, que no puede optar a un lecho más digno que el sofá usado de un desconocido.
Ayer supimos que en octubre se suscribieron más de 1,6 millones de contratos, de los que apenas el 8% eran fijos. Ayer, también, la Fundación de las Cajas de Ahorro hizo público un informe en el que revela que “el ahorro familiar en España no resulta ya ni siquiera suficiente para hacer frente a las amortizaciones de los préstamos y créditos recibidos”.
Y el PP y los nacionalistas de enfrente convencidos de que lo que más nos preocupa a los españoles es el Estatut de Catalunya.