Opinión
El anillo de Otto
Por Ciencias
EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA
* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla
En la historia de la ciencia ha habido numerosas parejas cuya colaboración ha proporcionado contribuciones importantes. Quizá la más famosa sea la de los esposos Curie y la más desconocida y singular la de Lise Meitner y Otto Hahn, a los cuales no se les conoció ninguna relación amorosa (en el sentido común del término) a pesar de los muchos disgustos y reconciliaciones que tuvieron o les achacaron en su larga colaboración. Lise Meitner era austriaca y pertenecía a una familia judía ilustrada. Tras superar recios escollos debido a su condición de mujer, su tesón y brillantez la llevaron a ser una gran física teórica. Otto Hahn era radioquímico, o sea, alguien que se dedica a separar isótopos radiactivos unos de otros. La unión de ambos guardó todo tipo de formalismos y convenciones, pero la complicidad que alcanzaron fue total.
En el Instituto de Química de Berlín, ella tenía que trabajar en una habitación grande del sótano que había sido carpintería y cuya única puerta daba al exterior. El centro tenía prohibida la entrada a las mujeres de manera tan estricta que Lise tenía que ir al cuarto de baño de un restaurante cercano. Y, por supuesto, de salario, nada de nada. Con el tiempo, la ayuda del mismísimo Max Planck y gracias sobre todo al descubrimiento de varios isótopos nuevos, Lise Meitner consiguió ser la primera catedrática de Alemania y con un salario igual al de su colega Otto Hahn. Pero llegó Hitler y Hahn le pidió a Lise que se exiliara. Ella lo interpretó como que la expulsaba por ceder a las presiones de los nazis. A pesar del desencuentro, Otto le hizo llegar un anillo de diamantes que había heredado de su madre por si tenía que sobornar a los guardias de fronteras. Aquella era su pertenencia más apreciada. Lise no tuvo que utilizarla para llegar a Suecia donde terminó instalada.
A pesar de que Hahn y otros habían descubierto la fisión nuclear, fue Lise Meitner quien la interpretó correctamente. Por ello le ofrecieron incorporarse al proyecto Manhattan, a lo cual se negó: jamás participaría en la construcción de una bomba atómica. Tras la guerra, a Otto Hahn le concedieron el premio Nobel y a Lise Meitner no. En su discurso de recepción del premio, Hahn apenas hizo mención de Lise y ante el estupor de los colegas, su amiga lo disculpó. Dijo que estaba tan obsesionado por hablar de la rehabilitación de Alemania, que ella estaba en la parte que había borrado de sus discursos para dedicarlos sólo a aquel objetivo junto con el de evitar la proliferación de bombas atómicas. Alguien apuntó que mientras lo decía se miraba con cariño un bello anillo que lucía en su mano izquierda.