Opinión
As
Por Espido Freire
Queda material radiactivo en Palomares, y lo que los ecologistas han denunciado durante años queda ahora demostrado. La imagen que, para mi generación, pertenece a las revisiones históricas, pero no a un peligro presente, muestra a un Fraga como siempre lo hemos visto, mayor, grueso, decidido, con un bañador de poco escote. Mal trago el de los políticos que comen carne sospechosa, se bañan en aguas turbias, recomiendan huesos para el cocido.
Era el año 1966. Angier Biddle Duke, otro arriesgado bañista enviado por Estados Unidos, murió en 1995 mientras patinaba, una muerte pintoresca para un hombre peculiar. Francisco Simó, Paco el de la bomba, el pescador que encontró a fuerza de tesón la bomba que el ejército no hallaba, recibió durante años cartas que tan sólo indicaban: Paco el de la bomba, Spain. La duquesa Roja, que encabezó protestas y ganó recriminaciones, murió hace muy poco, frágil y tensa, con una lengua afilada y lúcida. Fraga, mayor, grueso, decidido, continúa ejerciendo una influencia que ya ha durado décadas, y que ha sobrevivido a casi todo. La broma dice que fue el plutonio lo que le brindó indestructibilidad.
Hidrógeno y 25 megatones. Las costas españolas parecen sufrir alguna maldición de un contaminante malo que no fuera invitado al bautizo de la democracia. España, además, siente una terrible fascinación por las fosas. En la zanjas que el ejército americano aseguraba que sólo había tierra, hay ahora material radiactivo. Nos engañaron, como siempre, pero el pie americano posado en la península era fuerte y poderoso. Estados Unidos, un as de la manipulación de medios, responderá sin duda de ello, ahora que los informes clasificados del Departamento de Energía sobre Palomares ya no son secretos. La historia pasada se parece tanto a la ficción que no nos extrañaría encontrarnos con Mulder y Scully bebiendo un fino y analizando qué tuvieron que ver aquí los extraterrestres. Qué pena, qué pena. ¿Se escuchará alguna vez a los ecologistas?