Opinión
Carne de diábolo
Por Varios Autores
¿VENTANA O PASILLO?// ISABEL REPISO
¡Sorpresas te da la vida! Quién te iba a decir que de tanto bailar el diábolo te convertirías en uno andante. Una bajaba a la plaza con su artilugio toda contenta porque entre colegas y litronas siempre se aprendía una virguería nueva: que si el ascensor, que si el látigo… Los punkis pasaban con sus perros y les faltaba poco para echarte la colilla del porro de propina. El diábolo fue para algunos adolescentes motivo de orgullo y razón para fardar. Ya se sabe, unos van a los boyscouts y otros se pierden en el mundo de los malabares.
Siglos y siglos encorsetadas y la contemporaneidad arrea lo suyo. Ahórrate la pataleta porque, comas lo que comas, pertenecerás a una de las tres especies: campana, diábolo o cilindro. Es el menú de moda, una nueva manera de democracia y de alcanzar el estatus de mujer objeto. Sí o sí. Ya no vale definirte ante la dependienta como “una 90 de copa A”, ahora deberás agregar un sustantivo tan frío como geométrico. Esperemos que al menos sirva para aprobar las dichosas matemáticas.
Me pregunto cómo encasillarán a los hombres. Salchicha, fresón o blanquilla sería una opción algo más apetecible que el catálogo femenino. Claro que siempre sería más razonable el anodino orden alfabético. Ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad. Y como te descuides, se encarnará en ti. Ya lo decían las escrituras y no quisiste oírlas: …Y el verbo se hizo carne. Y tú, mientras, bailando el diábolo en la plaza.