Opinión
Una conquista más cercana, pero aún pendiente
Por Amparo Estrada
-Actualizado a
No me gusta el Día Internacional de las Mujeres. Da pie al corporativismo palmero y al chiste fácil: “¿Dónde está el Día de los Hombres?” No me gustan las cuotas, porque cuando una mujer asciende en el trabajo surge el interrogante de si lo ha conseguido por su capacidad o por ser cuota. No me gusta que me pregunten qué opino de algo “como mujer” en lugar de como persona. No me gusta que a las medicos las llamemos médicas y a las jueces, juezas.
Pero tampoco me gusta que sólo la mitad de las mujeres españolas estén activas, mientras en el caso de los hombres son más de dos tercios. Ni que en nuestras empresas que cotizan en Bolsa, que son las que más influyen en la sociedad, la presencia femenina apenas represente el 8% de los consejeros. Ni que tener hijos suponga un freno en la promoción profesional de las mujeres, ni que exista brecha salarial entre hombres y mujeres, ni sobre todo que siga existiendo violencia de género, porque algunos tipos malentienden que la mujer les pertenece.
También hay cosas que sí me gustan. Por ejemplo, los informes que demuestran que, a mayor igualdad entre hombres y mujeres, más productiva es una sociedad, y que explican cómo la plena incorporación de la mujer al trabajo incrementaría en una quinta parte la riqueza nacional.
Y, guste o no, hay que reconocer que la aplicación de leyes de igualdad ha mejorado la situación. España y Noruega son los que más han mejorado precisamente por eso, según un estudio elaborado el año pasado por el IE Business School.
Pero aun con leyes, la igualdad sigue pendiente de conquistar. Porque, como saben la mayoría de las mujeres, hasta llegar aquí nadie nos ha regalado nada.