Opinión
Los consejeros del rey Midas
Por Amparo Estrada
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Midas, rey de Frigia, una región de Asia Menor que hoy corresponde a la Anatolia turca, es el héroe de muchas leyendas populares en la mitología griega. En la actualidad, se entiende que comparar a alguien con el rey Midas, especialmente en el mundo de los negocios, es cubrirle de elogios por su sagacidad: todo lo que toca se convierte en oro. Y a muchos consejeros de empresas les gustaría ser como el rey Midas.
Pero, como dice un refrán popular, no es oro todo lo que reluce. La historia –contada por Ovidio– nace cuando unos campesinos frigios capturan a Sileno, un sátiro viejo, hijo de los dioses Pan o Hermes y de una ninfa, poseedor de una gran sabiduría, que se había extraviado al haberse quedado dormido lejos del cortejo del dios Dioniso. Le llevan ante su rey, Midas, a quien Sileno ofrece sabio asesoramiento; entre esos consejos está que le deje volver con Dioniso, cosa que Midas hace, después de colmar de honores a Sileno. Dioniso, agradecido, ofrece a Midas realizar su deseo de transformar en oro todo lo que toque. Vaya chollo. Hasta que, a la hora de comer, Midas se encuentra con que su pan se ha transformado en oro y el vino también, de forma que si Dioniso no le libera de su pernicioso don, su destino es la muerte. ¿Querrían ustedes un Midas en su consejo de administración?
De momento no sabemos si Midas, Dioniso o Sileno están en el mercado libre de consejeros independientes. Lo que es seguro es que están políticos, aristócratas y ejecutivos trotaempresas. Todavía no existe una organización llamada Consejeros Sin Fronteras, pero todo se andará.
Para no caer en falta de ecuanimidad, reconoceré que existen empresarios y ejecutivos de toda solvencia en los consejos de administración de las empresas españolas. Pero también habrá que admitir que queda un larguísimo camino hasta llegar al Olimpo del Buen Gobierno. Todos los estudios que se hacen presentan un panorama con muchos claroscuros.
Lo primero: ¿para qué sirve el consejo de administración? ¿Qué hacen cuando se reúnen una media de una vez al mes o cada dos meses en torno a una mesa alargada y tras intercambiar los saludos de rigor empieza el orden del día? Estos hombres y alguna mujer –sólo representan el 6% del total de consejeros– tienen entre sus cometidos analizar la estrategia de la compañía, evaluar y aprobar o denegar las propuestas del máximo ejecutivo y ser un contrapeso a su poder. Eso es lo que dice el decálogo del buen gobierno y es por lo que se fomenta la inclusión de consejeros independientes.
Empecemos con estos independientes. Lo ideal es que sean nombrados por los accionistas, que el sueldo recibido por este concepto no constituya su fuente principal de ingresos que sean evaluados periódicamente desde fuera.
En España, sólo el 35% de los onsejeros son independientes, frente al 81% de Estados Unidos, según el estudio de la consultora Spencer Stuart. Aún siendo un porcentaje inferior, podría pensarse que existe independencia en un tercio de los consejeros. Pero ¿cómo son nombrados estos independientes? Según el mismo estudio, el 54% ha sido elegido a propuesta de un accionista significativo, el 35%, a propuesta del presidente ejecutivo y sólo un 11%, a través de la Comisión de Nombramientos.
Rápidos como balas
La segunda pregunta sería si trabajan de forma eficiente los consejos de administración de nuestras empresas. Según el estudio de Spencer Stuart, el 64% no recibe información previa a la reunión de lo tratado en las Comisiones –para entendernos, siempre hay una comisión o grupo de trabajo que prepara informes y propuestas para ser analizadas por el consejo–. La mayor parte de las veces, los consejeros reciben la información de viva voz en la propia reunión.
Hay que reconocer que nuestros consejeros tienen una capacidad de comprensión rauda, y que son veloces como Fernando Alonso a la hora de tomar decisiones, si en la misma reunión conocen por primera vez el asunto, lo valoran y deciden ¿en un par de horas tal vez?
Secretos inconfesables
Y luego está la falta de transparencia en muchos de los asuntos tratados en los Consejos y en las retribuciones individuales. Pocos quieren contar lo que cobran y a lo más que llegan es a dar una cifra global para todo el consejo. Sea como fuere, es seguro que todo secreto, especialmente los inconfesables, acaban saliendo a la luz.
Midas, en otra de sus leyendas, hizo enfadar a Apolo, quien le castigó haciendo que le creciesen orejas de asno. Midas las ocultó bajo una tiara. Sólo su peluquero sabía el secreto y tenía prohibido, bajo pena de muerte, revelarlo a nadie. Pero el pobre hombre, abrumado por el peso de un secreto tal, no pudo contenerse, hizo un agujero en el suelo y confió a la Tierra que el rey Midas tenía unas orejas monstruosas. Entonces, las cañas que crecían en aquellas cercanías se pusieron a repetir el secreto y a murmurar al viento que las agitaba: “El rey Midas tiene orejas de asno…”.