Opinión
El correo electrónico nos va a matar
Por Manolo Saco
No hace mucho recibí una tarjeta, vía correo electrónico, con la siguiente reflexión: en el año 2002, el mundo se gastó cinco veces más en implantes mamarios y en Viagra que en investigar la enfermedad de Alzheimer; de lo que se puede deducir que dentro de 30 años habrá un gran número de personas con espectaculares tetas y poderosas erecciones pero incapaces de recordar para qué sirven.
Me llegó entre los quinientos mensajes basura (SPAM) que diariamente desembarcan por caminos misteriosos a mi cuenta particular, sin contar los cientos de mensajes que pretenden apoderarse de los foros de internet de cada autor de bitácoras personales, como esta que estáis leyendo.
Me vino a la memoria cuando leí que se cumplían 30 años desde el primer spam, y que desde entonces se ha llegado al desagradable récord de dos millones de correos indeseados ¡por segundo! Es tal la avalancha y la variedad de trucos para abrirse camino hasta mi ordenador que a punto están de convertir el correo electrónico en un instrumento inservible. Yo ya no hago otra cosa en todo el día que borrar mensajes estúpidos, escritos por un estúpido que se oculta en esa tierra de nadie que son algunos países del Este.
Así que, parafraseando al autor de la tarjeta de los implantes mamarios y la Viagra, creo que puedo aventurar que, como los informáticos no investiguen más diligentemente sobre cómo curar esta enfermedad infecciosa, más bien cómo prevenir antes que curar, pronto llegará el día en que ya no recordemos para qué servía en realidad el correo electrónico.
Porque ni siquiera sirve para tener poderosas erecciones, puesto que la Viagra que pretenden vendernos es más falsa que mis virtudes, ni recordaremos que las tetas de las porno estrellas que acompañan a cada mensaje servían antaño para la noble tarea de alimentar a los bebés, aunque quizá lleguemos a atesorar en casa una espléndida colección de copias de Rolex para medir un tiempo inexistente, pues lo hemos perdido intentando borrar todos los mensajes.
O algo peor. Resulta que ahora han descubierto una nueva patología, bautizada como apnea del correo electrónico, que, al igual que las nocturnas, provoca un cambio en la frecuencia respiratoria mientras vemos el correo, con grave peligro para la estabilidad de nuestro ritmo cardíaco
¡Quinientas apneas diarias, vaya futuro! El Alzheimer, dispuesto a borrarme las pocas alegrías de mi vida, y el spam, conjurado para provocarme un infarto.