Opinión
Se corrompen por puro erostratismo
Por Manolo Saco
Entre las muchas maneras de hacerse famoso, y más todavía en la era de las telecomunicaciones, hay una enfermedad llamada erostratismo, que el diccionario de la RAE define como manía que lleva a cometer actos delictivos para conseguir renombre. No tiene nada que ver con el dios Eros del amor, sino con un ciudadano de Éfeso llamado Eróstrato que en el año 356 a. C. incendió el templo de Ártemis, con sus tesoros dentro, por puro afán de notoriedad, para hacerse un hueco en los libros de historia.
Dicen que entre los incendiarios subyace un cierto erostratismo, personas generalmente asociales que reclaman una celebridad que jamás obtendrían con su propio esfuerzo. En esa categoría podría entrar gente como el Dioni, que se procuró mejor vida contando en las televisiones sus andanzas de asaltante de bancos que con el producto de su industria. O el otro atracador, El Solitario, que en el momento de su detención solicitaba a gritos salir en los telediarios.
Hoy no es necesario incendiar el museo de El Prado o asaltar bancos para hacerse famoso, ni descubrir la penicilina. Basta, por ejemplo, con estar divorciada del torero Jesulín de Ubrique. Cierto es que la fama está a la altura de quien te la concede. Pero mucho ojo, porque los espectadores de Belén Esteban no son los mismos que los de un concierto del pianista Daniel Barenboim. La calidad de la gloria la conforma la calidad de tu audiencia.
Por eso, gente como Camps, antes de celebrarlo, debería analizar la catadura de quienes le aplauden a la salida de los juzgados. A no ser que lo suyo no sea afán de lucro, sino puro erostratismo, para lucir su palmito moreno en los telediarios. Si así fuera, en vez de a la policía, lo justo sería enviarle un comando de psiquiatras.
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Meditación para hoy:
Hablando de juzgados y de presuntos delincuentes. El pleno del Congreso de los Diputados ha aprobado por amplia mayoría el suplicatorio que solicitaba el Tribunal Supremo para poder investigar las andanzas del diputado del PP Jesús Merino en el caso Gürtel. A la lista de persecutores de los supuestos chorizos del PP (policías, fiscales, jueces y todo el PSOE) hay que añadir ahora a todos los diputados, menos ocho, que votaron en contra o se abstuvieron.
Tal como suelen, estoy esperando unas declaraciones de Merino en las próximas horas expresando su alegría por poder declarar, al fin, ante los jueces y demostrar así su inocencia. Doblemente contento además, porque se lo han pedido 329 diputados en votación secreta. Menos mal que el Partido Presunto recibe de vez en cuando alguna alegría. ¡Qué suerte tienen, condenados (bueno, todavía no): hasta consiguen convertir sus desfiles ante los jueces en motivo de satisfacción y contento! Chupi, o sea. A ver cuándo le damos esa alegría al padrone Fabra, que ya se la está mereciendo.